CULTURALES

El cuerpo inmortal


LEYLA LEYVA

Sexualidad, sensualidad, pasión, placer, goce... parecen haber ocupado en la joven narrativa cubana un sitio de preferencia singular. Para pocos es secreto que una sarta de buenos cuentos eróticos, con sus variantes y prácticas amatorias menos y más "tradicionales", arrastran en mayoría a jurados, editores y lectores. Mucho más que igual cantidad de buenos relatos sobre otros temas de interés universal.

En los últimos tiempos el erotismo en la literatura contemporánea, y en la cubana, ha merecido la atención de ensayistas prestigiosos. Sin embargo, con excepción de lo publicado en revistas literarias y culturales especializadas, poco ha podido conocer el gran lector de lo que se escribe en Cuba sobre el tema.

El cuerpo inmortal, 20 cuentos eróticos cubanos (Editorial Letras Cubanas, 189 páginas), selección de Alberto Garrandés, resulta un intento serio, bastante matizado, de ponernos al día con una parte de esta narrativa, escrita no sólo por la prolífera nueva hornada sino también por cuenteros de larga y reconocida obra.

Así inaugura esta antología Onelio Jorge Cardoso y su Donde empieza el agua, y la continúan Gustavo Eguren, Radiante amor; Ezequiel Vieta, Sandra West; Eduardo Heras León, Balada para un amor posible; José Prats Sariol, Diana querida; Francisco López Sacha, El cuadrado de las delicias; Leonardo Padura, El cazador; Leonardo Abaroa, Lunes, Lunes; Alberto Garrandés, Mar de invierno; Pedro del Jesús López, La carta; Alberto Garrido, Los tejedores de Anna Welsel; Ena Lucía Portela, Sombrío despertar del avestruz; Raúl Aguilar Alvarez, Merchy; Elena María Palacio, El amor oscuro; Jesús David Curbelo, Humo; José Miguel Sánchez, Carne de cercanía; Eduardo del Llano, El beso y el pan; Rogelio Riverón, Jezabel; Juan Ramón de la Portilla, Olvida ese tango y Alberto Ajón León, Beatrice, finalmente encontrada.

Cuentos todos de muy disímil hechura y lenguajes. Distantes unos de otros en las maneras de asumir el erotismo y el placer sexual como experiencias abiertas y mutantes. Tanto como la imaginación de los creadores, en muchos de los casos llevada hasta el delirio, tal vez por aquello de que la literatura acostumbra a reinventar sus realidades, a subvertirlas, también en función de la sobrevivencia de las historias.

Al reunir en un libro estos veinte cuentos, Garrandés ha querido hacer "un panorama selecto -ni pródigo ni escueto-" de una cuentística que desata sus peripecias, contemplaciones y poéticas -cuando las hay- del amor y la pasión en terreno patrio, con excepción de algunas posiciones universalistas; pero que de cualquier modo se ubican en el ámbito de ese universo siempre dual y polémico, en el cual se advierte al cubano, invariablemente a trote, entre el mito y su propia realidad.

Notas al pie de algunos relatos preferidos:

-Donde empieza el agua: Un cuento mayor. -Sandra West: Una prosa que nunca se excede. Inusitada. -Balada para un amor posible: Las delicias de saber contar una historia del pasado. -Diana querida: La aparente naturalidad que se revela, luego, como una bofetada sin aviso. -El cazador: Radiografía homosexual con mucho hastío. -Mar de invierno: Barroquismo literario, lirismo de alto vuelo, fábula de tres y entre tres. -Los tejedores de Anna Welsel: Según el autor: "(cuento de Marcos, la alemana y yo, donde se dicen muchas malas palabras)". De acuerdo con la lectora, una de las sólidas piezas de esta antología. -Sombrío despertar del avestruz: Un camino escasamente recorrido por la mujer cubana y develado desde la experiencia femenina: la sexualidad entre ellas. Una excelente narradora resulta Ena Lucía Portela, a la que bien le valdría que le retirasen ya el epíteto de "promesa". -Humo: Prosa cargada de alusiones intelectuales en búsqueda del conflicto hacia el interior. -Carne de cercanía: El camello, el metrobús, el ciclón... es el coto de "operaciones" del protagonista de este original relato que se disfruta con suspicacia cómplice. -El beso y el pan: El humor a la ofensiva de Eduardo del Llano, en una narración antológica. Odonnell y Chrissy, sin muchas resonancias en el cine, seguirán siendo personajes de esta mejor escritura. -Olvida ese tango: Valdría la pena que el lector no olvidase este cuento de la reconstrucción literaria a partir de los fantasmas del celuloide y la vida moderna.


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