 Pese a los 100 años de
coloniaje
La nación boricua vive

Orlando Oramas León
Vestido con su uniforme de gala,
apoyado sobre su sable, el teniente coronel del ejército
español, Francisco Puig, se pega un tiro en la playa de
Arecibo, Puerto Rico.
Ocurrió el 2 de agosto de 1898, y
100 años después su muerte se me antoja como el símil
que puso fin al imperio español. La forma en que se
privó de la vida subrayó la hidalguía y vergüenza del
combatiente y la historia trazó la pauta que hoy marca
el centenario de la recolonización de Puerto Rico.
Al mando del regimiento Patria,
Puig combatió en Yauco a las tropas invasoras
norteamericanas que el 25 de julio de ese año
desembarcaron al norte de la isla. Por orden del
gobernador debe abandonar la plaza. Unos días después,
relevado del mando, se suicida.
La invasión a Puerto Rico fue un
gesto militar inútil pues España ya no tenía cómo
mantener su condición de potencia colonial. La Flota del
Pacífico había sido destruida en Filipinas y la del
Atlántico, bajo el mando del almirante Cervera, resultó
destrozada en las afueras de la bahía de Santiago de
Cuba.
España había hecho esfuerzos por
detener las hostilidades y detener el baño de sangre,
pero el presidente William McKinley hacía oídos sordos
a los mensajes del representante de Madrid.
La guerra contra España obedece a
"la causa de la libertad, la justicia y la
humanidad", decía en una proclama el general Nelson
Miles, jefe de la flota invasora, pero el texto fue un
parabán para esconder los objetivos geofásicos e
imperialistas de los Estados Unidos.
Apenas cuatro meses después de la
invasión el cónsul norteamericano en Puerto Rico,
Philip C. Hanna, escribía a Washington sobre las
verdaderas intenciones de los ocupantes:
"Lo mejor para esta isla es
que todo lo español sea totalmente cambiado, la forma de
gobierno español, el Derecho español, los tribunales
españoles, las costumbres españolas, el sistema de
educación española, las supersticiones españolas... Y
yo espero que también el idioma español sea cosa del
pasado en la isla",
Según el historiador Carmelo
Delgado, citado por EFE, desde 1902 hasta 1948, toda la
enseñanza pública e incluso alguna privada, como la de
la iglesia católica, se impartió en inglés.
"Fueron importados maestros y religiosos
angloparlantes, se expulsó de las universidades a
quienes se negaron a enseñar en inglés y se sometió a
un asedio despiadado a los intelectuales y
ateneístas", dijo.
Pero la resistencia de los
puertorriqueños merece ser reconocida por sus pueblos
hermanos de Latinoamérica. A pesar de la cruzada
transculturizadora, de la declarada intención de
destruir su cultura, los puertorriqueños cada vez se
reconocen más como nación y han convertido al idioma
castellano en un valladar de contención.
Cien años de coloniaje no han
podido destruir a ese pueblo latinoamericano y caribeño,
cuya historia está muy unida a la nuestra, tan cerca
como están de parecerse las banderas patrias de Cuba y
Puerto Rico.
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