| INTERNACIONALES |
El fenómeno de la
ESPECULACION
JOAQUIN RIVERY
EN LA crisis financiera mexicana de 1994 y en la asiática de 1997 el fenómeno de la especulación desempeñó un papel preponderante, acelerador, destructivo.
En las informaciones y ar-tículos de carácter económico que se han publicado en todo el mundo se ha mencionado (y por desgracia se mencionará) la carga de vicisitudes que arrostran los países subdesarrollados con este problema que parece casi ineludible.
La especulación financiera es algo moderno, algo que nace con el capitalismo y se acrecienta actualmente en una sociedad donde, además de productos y servicios, existen mercancías en venta que se denominan valores, y que consisten en papeles que representan partes de la propiedad de una empresa o fracciones de una deuda.
Los valores pueden ser acciones de empresas que se ponen en venta para aumentar el capital, por tanto, quien las compra se convierte automáticamente en condueño y tiene derecho a recibir las utilidades correspondientes al finalizar un período determinado.
Otro tipo de obligaciones son los bonos, papeles de valor que forman parte de una deuda y que también se venden y compran como cualquier producto, pues al cabo de cierto tiempo rinden dividendos.
Con el desarrollo del capitalismo y la globalización, la especulación financiera ha adquirido un carácter internacional muy pronunciado y ha permitido el surgimiento de empresas que trasiegan con su capital de un lado a otro en busca de lucro única y exclusivamente, aprovechando las aperturas impuestas por la generalización del neoliberalismo.
Si una empresa financiera internacional ve en un mercado subdesarrollado ventajas para su capital y posibilidad de obtener ganancias fáciles y rápidas, lo lleva allí y opera. Compra valores (acciones, bonos e, incluso, la moneda nacional) cuando su información le asegura que van a subir en la cotización, y los vende cuando estima que ya llegaron a su tope y se embolsa la diferencia. Si ve que la economía en cuestión va a tener dificultades, vende inmediatamente y se lleva su capital, con lo que deja en malas condiciones a aquel país donde realiza sus actividades.
Lo mismo ocurre con la moneda. Al ver la tendencia de una divisa a subir, la empresa financiera la compra en grandes cantidades y revende cuando el signo monetario en cuestión logra su mayor altura, antes de que baje.
Los especuladores están muy ligados a los llamados capitales golondrinas. Hay empresas financieras que llevan capital a los países del Tercer Mundo e invierten en valores que generalmente tienen un alto beneficio.
¿Por qué tienen tales resultados? Porque hay más riesgo. Hay un principio general en finanzas que dice que los beneficios son proporcionales al riesgo. Mientras mayor sea el riesgo, hay que pagar más. Se les llama golondrinas porque emigran a la menor dificultad.
En general en todos los países del Tercer Mundo el riesgo es mucho mayor que en los países desarrollados y los intereses son mayores. Digamos que si en el país de origen (desarrollado) el capital invertido obtiene un 12 por ciento de interés, en el Estado subdesarrollado gana un veinte. Los especuladores procuran una buena información sobre las naciones donde invierten y si se enteran o si intuyen que pueden tener una caída en su economía o problemas con su moneda, como el caso de México en 1994, inmediatamente se desprenden de los valores y sacan el dinero del país, con lo que aceleran la crisis.
Podría uno preguntarse cómo es posible vender tan rápido si todo el mundo sabe que hay crisis. Aquí funciona un mecanismo sicológico. El que compra piensa que la crisis no va a ser tan profunda, que va a haber un cambio, que va a haber una pronta recuperación. Piensa tal vez que no va a seguir profundizándose. El que vende piensa que va a continuar y se arriesga menos en esos casos.
Muchas veces los gobiernos intervienen, sobre todo para reforzar la moneda. Por ejemplo, cuando la crisis asiática, el gobierno mexicano compró moneda y valores en poder de especuladores y en pocas horas casi 4 000 millones de dólares abandonaron el país, causándole un serio perjuicio e incrementando la crisis que se iniciaba, ante la cual el gobierno de Estados Unidos ofreció una cuantiosa suma posteriormente resarcida con sus correspondientes intereses.
Al desatarse la crisis asiática, Brasil fue uno de los estados más golpeados por la ola en América Latina y también el gobierno tuvo que intervenir ante las ventas de los especuladores para proteger su moneda y su economía, lo que le costó casi 10 000 millones de las reservas nacionales.
En general las inversiones en valores o en cartera, como también se les llama, no son beneficiosas para un país porque crean una gran incertidumbre. La crisis del sudeste asiático, por ejemplo, se produjo o se profundizó porque los especuladores decidieron irse antes de que la baja económica los perjudicara demasiado e incluso el financista norteamericano George Soros, que mueve miles de millones de dólares, ha sido acusado abiertamente de desatar la hecatombe al llevarse del sudeste asiático sus dólares rápidamente.
La especulación de las empresas financieras internacionales no suele dejar beneficio a las naciones subdesarrolladas, pues no se trata de inversiones en la esfera productiva que luego de alguna manera se revierten en la economía con generación de empleos. Simplemente aprovechan la apertura indiscriminada al ingreso de capitales, clásica del neoliberalismo, para chupar dividendos sin dar nada a cambio.