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Fin de temporada
El béisbol goza
de buena salud
SIGFREDO BARROS
¡Se acabó la temporada beisbolera cubana! Larga como la cola de un caimán -159 días exactamente-, cuyo campeón, Pinar del Río, tuvo que batallar durante 102 juegos para poder refrendar su título, gallardamente ganado frente al que su propio mentor calificó como el equipo más completo.
La última jugada de la XXXVII Serie Nacional.
Parecía que la final no iba a estar acorde con lo visto durante las intensas jornadas de cuartos de final y semifinales. Pero no fue así: los tres choques del San Luis se jugaron a ritmo intenso, decididos en las postrimerías, y tanto vueltabajeros como indómitos lucharon a brazo partido hasta el último inning del quinto juego.
No estoy de acuerdo, por tanto, con los criterios de algunos en cuanto a la falta de expectación por no haber llegado la finalísima al séptimo enfrentamiento. El deslizamiento de Capote en home fue el feliz epílogo de una Serie Nacional histórica, cuyo mayor logro fue el rescate de la afición en los estadios.
Pero no debemos permitirnos el regodearnos con los éxitos. Si escribiéramos que todo fue color de rosa estaríamos faltando a la verdad. Le falta al béisbol cubano mucho camino por andar, desde la necesaria superación de nuestros técnicos hasta la indispensable búsqueda de mejores condiciones de vida para los jugadores, los artistas del mayor espectáculo deportivo-cultural del país.
Esto no es tratar de buscarle manchas al sol, sino simplemente llamar la atención sobre algo que creo de suma importancia: la XXXVII Serie Nacional demostró que el béisbol cubano -a pesar de todos los errores cometidos en los últimos años-, goza de buena salud. Pero esta pudiera llegar a ser superior si entendemos los aciertos de hoy no como una meta sino como un punto de partida hacia logros superiores, susceptibles de alcanzar.
Finalizó, como escribimos al inicio, la Serie. Pero comienza otra fase importante y extensa, la temporada internacional, con el Mundial y los Centroamericanos como puntos focales. La derrota en la Copa de Barcelona no borró de golpe y porrazo un prestigio ganado durante años de continuos y sonados triunfos, pero sí obliga a prepararnos concienzudamente para iniciar nuevamente una cadena de victorias. Calidad sobra.
Por eso cobra vital importancia la selección del nuevo equipo Cuba, de cara al rendimiento, pero teniendo muy en cuenta que la selección nacional no es un Todos Estrellas. De ser así no fuera necesario reunir a tanta gente como se pretende. Con leer los coeficientes JAS bastaría. Aunque, dicho sea de paso, no creo que el JAS resulte ser la condición sine qua non para integrar el equipo. El béisbol, nunca se olvide, es el deporte más rico en estadísticas de todos.
Un solo ejemplo bastaría. Pedro Luis Lazo, una pieza de vital importancia en el reciente triunfo pinareño, no ocupa uno de los diez primeros puestos entre los serpentineros de mayor rendimiento durante la campaña. Pero, en mi opinión muy personal, el futuro equipo Cuba necesita un serpentinero de su clase, efectivo como abridor y quizás mejor aún en el papel de cerrador, apoyado en su bola rápida de más de 95 millas.
No quiero adelantarme a los acontecimientos. Dentro de algunos días este tema siempre tan polémico alcanzará su punto máximo y prácticamente cada aficionado tendrá su selección. Si difícil es poner de acuerdo a dos cubanos cuando de pelota se trata, ¡ni hablar de conseguir un voto unánime por parte de millones!
Pero estoy convencido de que, sea cual sea la selección final, estará en condiciones de revalidar su condición de campeona del mundo. Para demostrar que lo sucedido en Barcelona fue algo así como un resfriado en un cuerpo rebosante de salud.