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Softbol nacional
Deplorable incidente
en Manzanillo
Oscar Sánchez
MANZANILLO.-Lo que ocurrió el pasado domingo aquí durante la última jornada de la fase semifinal del Campeonato Nacional de Softbol (f), fue lamentable por el hecho en sí y aún más, porque reflejó un distanciamiento sustancial del sano espíritu del deporte.
Falta de seguridad para las jugadoras, provocada por un desorden que pronto devino polvorín incontrolable (no había orden interior, es decir, policía) obligó a los árbitros a decretar el forfeit en el segundo choque entre Granma y Ciudad de La Habana, que favoreció al elenco visitante.
Los sucesos estuvieron a punto de costar vidas humanas, al venirse abajo el techo de una de las naves de la escuela deportiva (en estado deplorable) copado de aficionados.
Cualquier evento requiere esfuerzos, muchas veces -como en este caso- gigantes. Se invierte en alimentación, combustible, alojamiento, no pocas son las horas de desvelo... y todas esas arduas jornadas de preparación tienen un único destino: el sano disfrute del pueblo.
Por Manzanillo podría comenzarse a escribir la historia del softbol cubano. La propia instalación que alberga este torneo ha sido testigo, por más de 50 años, del lenguaje de la bola blanda. Granma, con un singular y considerable peso manzanillero, y Ciudad de La Habana son las dos potencias femeninas del país, con más de la mitad de la alineación titular de la escuadra nacional en sus planteles.
Quiere decir que en el Alfredo Utset, antiguo Club Diez, la calidad y entrega de los softbolistas y técnicos siempre se han garantizado; la Comisión Nacional ha logrado una verdadera fiesta en cada edición, aunque desde hace mucho tiempo está pidiendo a gritos crecer en graderías para el público.
El buen espectáculo es la razón de ser de cada lid nacional. Velar por él es una responsabilidad de atletas, entrenadores, dirigentes deportivos y direcciones municipales y provinciales, con el apoyo del Partido y Gobierno anfitriones.