| CULTURALES |
Adiós a la mujer sonrisa
Jorge Ignacio Pérez
Como mismo ella confesara públicamente alguna vez, el camino de la actuación significó para Silvia Planas uno de los mayores placeres en la vida, entendiendo el hecho histriónico como un toque al cerebro y al corazón. Así lo expresó en una entrevista -bajo esas condiciones quiso aceptar cada personaje- y así fue el impacto emotivo que dejó tras su muerte este último domingo en la capital, a los 96 años de edad.
Con sus caracterizaciones de la vejez, tanto en el cine como en el teatro, Silvia sirvió de comodín a varios directores que buscaban convencer, y a veces también divertir, con estos personajes. Fue el atípico caso de entrega al escenario a los 56 años, una edad en la que no pocos actores van arreglando sus trámites de retiro. Pero debutaba entonces, bajo las órdenes de su hijo Vicente Revuelta, en 1955, en el montaje de Mundo de cristal, obra de Tennessee Williams.
Ayer, en la despedida del duelo a Silvia Planas Boris, el teatrista Héctor Quintero recordaba cómo ella le sembró aliento cuando él era un veinteañero y comenzaba. Luego Silvia sería la Fefa de Contigo pan y cebolla.
Fue un duro adiós para sus dos hijos, Raquel y Vicente Revuelta, quienes la impulsaron por el camino de la actuación. Quintero, en presencia del ministro de Cultura, Abel Prieto, del presidente del Consejo Nacional de las Artes Escénicas, José Matías Maragoto, y de muchos compañeros del mundo del teatro, combinó la tristeza del momento con sus recuerdos y anécdotas de quien, dijo, fue una mujer sonrisa.