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Controversias de los "ultras" en Miami
Una reflexión necesaria
NICANOR LEON COTAYO
En Miami está ocurriendo un hecho muy objetivo, y es que la extrema derecha de origen cubano no está atravesando un buen momento a la vez que su futuro se proyecta nebuloso.
Ejemplo de ello es la controversia que han suscitado allí los proyectos de leyes que circulan en el Congreso norteamericano enfilados a levantar la prohibición de vender alimentos y medicinas a Cuba, que en medio de fuerte lucha han ganado fuerza.
Con el propósito de frustrar esas iniciativas se confabularon el senador ultraderechista Jesse Helms y la titulada Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA), y el recurso escogido fue montar otra legislación que aparentemente incursionara en el mismo terreno.
Ese último proyecto no reconoce la autoridad del gobierno de la Isla y acude a fuerzas "independientes" para hacer llegar aquí alimentos y medicinas, todo concebido por sus autores, uno Helms, conocido por su pensamiento neofascista, y otro la FNCA, públicamente involucrada en acciones subversivas y en escándalos de corrupción financiera en Miami.
El primero está acusado también de conspirar contra William Clinton para sacarlo de la Casa Blanca, y a los segundos una revelación del periódico The Miami Herald, que reforzó anteriores acusaciones de Cuba, los vinculó implícitamente con actos terroristas en hoteles de La Habana, y el Buró Federal de Investigaciones (FBI) los señala mezclados en un intento de atentado contra el presidente Fidel Castro.
No obstante, ahora salió a escena por allá una constelación de pequeños grupos que enuncia hacia nuestro país una posición aún más fuerte que la anterior. Entre esos furibundos anexionistas figura lo que todavía llaman Brigada de Asalto 2506, enviada hace casi 37 años por Washington a Playa Girón y derrotada allí en menos de 72 horas.
Al respecto, despachos cablegráficos informaron el lunes pasado desde Miami que "cuarenta organizaciones" radicadas en ese lugar emitieron un comunicado conjunto donde se oponen al proyecto de Helms y la llamada Fundación, como también a las iniciativas que encabezan los representantes Esteban Torres y Charles Rangel, y el senador Christopher Dodd.
Voceros de esas facciones dijeron en conferencia de prensa que se oponen a toda propuesta que utilice fondos públicos del contribuyente norteamericano para cualquier tipo de ayuda a Cuba, y añadieron, en referencia a las dos últimas iniciativas, que "lejos de propiciar el mejoramiento de las condiciones de vida" del pueblo cubano, esos esfuerzos "buscan darle acceso a ciertos intereses económicos norteamericanos al mercado cubano".
De acuerdo a esa lógica, por ejemplo, las seis resoluciones aprobadas por la Asamblea General de la ONU contra el bloqueo, y las manifestaciones de rechazo que ha formulado el Papa Juan Pablo Segundo a tal política, no habrían tenido una motivación ética y legal, sino comercial.
Nadie duda que estamos ante un pensamiento tan cavernario como anacrónico. No toma en cuenta la imagen que Estados Unidos proyecte de cara a la opinión pública internacional ni los intereses de muchos empresarios de ese país. Pero, a mi juicio, lo más importante es saber a quiénes estos elementos consideran sus verdaderos líderes.
Lo dicen en el documento que firmaron el lunes en Miami: sus más idolatradas figuras son los legisladores de borroso origen cubano Ileana Ros-Lehtinen, Lincoln Díaz Balart y Bob Menéndez.
"Consideramos que el momento es oportuno para dejar pública constancia de ese respaldo y apoyarlos como legítimos representantes de la causa cubana ante el Congreso", afirma el comunicado.
Estos seguidores de los tres mencionados congresistas van tan lejos que hasta se oponen a la propuesta supuestamente humanitaria que impulsan Helms y la llamada Fundación Nacional Cubano Americana, porque, como se dijo antes, rechazan la idea de emplear fondos de los contribuyentes norteamericanos para ayudar a Cuba.
Sin embargo, el miércoles último la persona que funge como jefe de la FNCA, José Francisco Hernández, en respuesta a lo anterior catalogó de "hipocresía" el señalamiento porque sus autores ya han solicitado recibir dinero gubernamental y no lo admiten. El señor Hernández, como informó The Miami Herald, está acusado por el FBI de ser propietario de un fusil de alto calibre que sería utilizado en un atentado contra el presidente de Cuba.
Fuentes periodísticas recordaron que el año pasado varios de los firmantes que criticaron a la Fundación utilizaron un millón y medio de dólares autorizados por la ley Helms-Burton con el pretexto de ayudar al fomento de la democracia en Cuba.
¿Qué decir? Simplemente que estamos en presencia de una feroz pelea entre lobos, tan carentes del más mínimo sentido de la ética que unos son capaces de acusar públicamente a otros de haber realizado algo que ellos también habían hecho.
Estos sucesos contribuyen a entender mejor la situación que existe ahora en Miami alrededor de la FNCA y de otros grupos de la extrema derecha de origen cubano.
Muy involucrada en actos delictivos que han salido a flote en aquella urbe floridana, cada vez más clara su participación en planes y hechos de terrorismo, y afrontando controversias internas entre quienes desean su liderazgo, la Fundación ha perdido terreno.
Expresión de ello es la declinación que sufre la radio de Miami controlada por los anexionistas, hoy con menos audiencia y sacudida por competidores latinoamericanos que ofrecen un discurso distinto a un público harto de retórica y falsedades.
Otro ejemplo es el descenso de su poder de movilización entre la comunidad de origen cubano, en tanto que la ascendente presencia allí de centroamericanos va haciendo variar la correlación de fuerzas en un lugar valorado a lo largo de años como una suerte de feudo de los elementos más visceralmente opuestos a la Revolución.
En estas circunstancias, por allá, entre otros, amplían su espacio sectores que por lo general no simpatizan con el socialismo cubano y favorecen el instaurar aquí el capitalismo, pero que están contra el bloqueo y no han rechazado el diálogo con La Habana.
También se pone en evidencia, quizás como nunca antes, que en el seno de la ultraderecha de origen cubano en Miami se han movido durante casi 40 años numerosos delincuentes, así como que sus métodos de actuación no han diferido de los empleados por el mundo del hampa en Estados Unidos.
El gran cinismo de estas personas ha consistido durante casi 40 años en disfrazarse de apasionados defensores de la libertad de Cuba, del bienestar y la felicidad de nuestro pueblo, mientras que jamás los términos democracia y derechos humanos se habían visto tan cubiertos de barro como cuando ellos los han utilizado para enmascarar sus fechorías.
Sin embargo, es oportuno recordar los homenajes que estos grupos han ofrecido a políticos estadounidenses y de otras nacionalidades, e incluso que algunos de sus cabecillas hayan sido recibidos en altas instancias de círculos oficiales de ciertas capitales con esmerada atención.
No sería correcto pensar que desapareció la influencia anexionista de origen cubano en Miami. Ni que sus agrupaciones han renunciado a desplegar una actividad subversiva contra Cuba. Pero todo eso, para ser exactos, en medio de una situación que por ahora más bien resta impulsos a tal opción.