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Neoliberalismo Globalización de la injusticia
NIDIA DIAZ
En un singular comentario, el diario norteamericano The New York Times, señaló hace unos días que los argentinos, desacostumbrados a vivir como parias económicos descubren ahora lo que significa la exclusión permanente del mercado de trabajo por el impulso radical del modelo neoliberal "o capitalismo salvaje".
La conclusión que, en este caso, no es fruto del análisis de una publicación marxista, revela, sin embargo, una dramática realidad de la que son víctimas no solo los argentinos sino la inmensa mayoría de los pueblos latinoamericanos y del Tercer Mundo en general.
Y lo peor es que, a pesar de tal degradación social, los organismos financieros internacionales como el FMI y el Banco Mundial, exigen para otorgar sus leoninos créditos, nuevos planes de ajuste, incremento de las privatizaciones y desrregulación de las legislaciones laborales para dejar libres las manos a los patronos en detrimento de los trabajadores.
Lo que resulta contradictorio es que el New York Times sabe que no puede ser de otra manera y que los representantes gubernamentales, de vuelta de la reunión de Davos, también. O te sometes a las condiciones del nuevo modelo o te aislan.
Ellos llegaron a Suiza en busca de una mayor comprensión para hacer sostenible el desarrollo de sus naciones. Dicho en términos de moda: compatibilizar el crecimiento económico con el desarrollo social.
Esa ecuación, tristemente, no es directamente proporcional, aún cuando los apologistas de la postguerra fría hayan difundido la idea de que el neoliberalismo "derrama" el desarrollo y la riqueza, equiparando a su paso, la brecha entre ricos y pobres.
Las cifras dicen lo contrario.
En nuestro planeta existen 5 000 millones de seres humanos, pero de ellos solo 500 millones viven cómodamente, el resto son víctimas de la pobreza o luchan por sobrevivir.
Para citar un ejemplo elocuente basta recordar que la fortuna de los 358 multimillonarios más ricos del mundo supera en miles de millones de dólares, el ingreso anual del 45% de los habitantes más pobres, es decir de 2 600 millones de personas.
Y es que el capitalismo, en su fase neoliberal se plantea a nivel mundial disminuir la presencia de la fuerza de trabajo en la apropiación del producto social, las reducciones del salario directo, de la masa salarial, de las conquistas de los trabajadores en más de cien años de luchas sindicales, lo que trae consigo la cristalización de una estructura de regresividad distributiva muy alta.
Tal situación, en la Argentina, por ejemplo, se expresa en el hecho de que el 10% de los más ricos se apropien del 37% de los ingresos y el 10% más pobre, solo del 1,7%; proporción que en Chile es similar puesto que el 10% más rico recibe el 45,8% de las entradas del país y el 40% pobre, el 10,2%. En Brasil, por su parte, el 51,3% de las riquezas está concentrado en el 10% más rico y solo el 7% en el 40% de los carenciados.
Esto, sin embargo, no sucede solo en las economías subdesarrolladas aunque es en ellas donde más estragos causa.
Un estudio realizado a mediados del año pasado por el diario Le Monde Diplomatique revela que en los Estados Unidos, el 1% de los norteamericanos más ricos ha obtenido el 61,6% del conjunto de la riqueza nacional del país entre 1983 y 1989. Para el 80% de los estadounidenses más pobres ha quedado solo el 12%.
En Gran Bretaña, el número de niños que vive solo de la ayuda social ha pasado del 7% en 1979 al 26% en 1994 y el número de británicos que vive en la pobreza, es decir con menos de la mitad del salario mínimo, pasó de 5 millones a más de 13 millones, mientras el 10% de los más pobres perdieron el 13% de su magro poder adquisitivo, frente al 10% de los más ricos que ganaron el 65%, duplicándose el número de millonarios.
Igualmente, el Banco Mundial ha informado que la población considerada pobre en la década de los años 60 y 70 era de unos 200 millones de personas, cifra que en los inicios del actual decenio sumaba 2 000 millones de seres humanos.
Seres humanos que no solo malviven sino que se ven impedidos de acceder a un empleo, toda vez que las 200 mayores empresas del planeta solo emplean a 18,8 millones de asalariados, lo que significa en números reales menos del 0,75% de la mano de obra del planeta.
Solo que, al ser un modelo eminentemente excluyente, el neoliberalismo amenaza al propio sistema capitalista que lo engendró y cuyas bases comienza a erosionar.
No es casual que casi a finales del siglo, las sociedades capitalistas se hagan más ingobernables porque es demasiada la carga de la injusticia social y de la pérdida de la soberanía de los Estados.
Tiene razón el New York Times cuando, al comentar sobre la situación en Argentina subrayó que éste, como otros países de América Latina, al aplicar el modelo neoliberal, se "ha asomado a la otra cara de la globalización".
No hay que ser pitoniso para saber a cuál se refiere.