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Carilda
"A la poesía me abracé"
Marta Recio
No gusta de la palabra escrita en ocasiones donde reinan los sentimientos. Pero tuvo que asistirse de ella al recibir el Premio Nacional de Literatura, 1997: "Cuando se estudia la idea para moldearla estéticamente se extravía la emoción, pero es el temor a su desbordamiento el que sitúa en papel y tinta a mi corazón porque, maravillado, podría saltar hasta ustedes".
Carilda Oliver Labra agradecía así a quienes se reunieron en el Palacio del Segundo Cabo, sede del Instituto Cubano del Libro, para acompañarle durante la ceremonia de premiación. Más que un acto solemne fue una celebración entre amigos, escritores, familiares, cultores de su obra venidos incluso desde su provincia natal. "Trajeron una estalactita de Bellamar colgando de los ojos -afirmó la poetisa, quien define a Matanzas como su `ciudad encantada'-, gotas de cada uno de sus ríos, los reflejos cósmicos de Milanés, Byrne, Acosta, Llés y tantos otros".
Enrique Núñez Rodríguez recordó cuánto había venerado a la poetisa transgresora de su época, desde los años de estudiante en que por su buena culpa estuvo a punto de suspender alguna asignatura. Pablo Armando Fernández envió un elogio por escrito, "ausente en persona pero fiel en la letra" como lo definió Carilda. En un poema Miguel Barnet evocó los años en que echó raíces esa sólida amistad que los une. "Fue rayo salvador en mis oscuras horas de los años setenta -aseguró Carilda-, siempre profético como vate que es... me ha conmovido con su poema apoyado en un ayer mío de soledades que quiso acompañar entonces con su inmensa solidaridad humana".
El jurado, según el acta leída en la ceremonia, decidió otorgarle el premio a la autora de Al sur de mi garganta, entre otras muchas razones por tratarse de una creadora de la más fina y exquisita sensibilidad, plenamente identificada con su pueblo, y dueña de una personalidad sencilla pero muy carismática, que la ubica, sin falsos alardes, dentro de los más genuinos exponentes de la lírica cubana de este siglo. Fiel a ese sentido raigal de lo cubano, Carilda confesó al concluir su palabras de agradecimiento: "A la poesía me abracé y tuve fuerzas para volar sobre múltiples abismos, a la poesía me abracé y pude resucitar y estoy viva bajo las ceibas, a la poesía me abracé contra las trampas cotidianas y pude volverme una raíz imposible de arrancar de esta tierra; por eso, en verso que otras veces he repetido, juré mi promesa de amor eterno a Cuba:
Cuando vino mi abuela trajo un poco de tierra española,
cuando se fue mi madre llevó un poco de tierra cubana,
yo no guardé conmigo ningún poco de patria:
la quiero toda sobre mi tumba."