 Asamblea en La Habana
Abrazo humilde de un campeón

Héctor Miranda Pérez
LA HABANA.-Cuando le dieron la oportunidad de hablar, el
nerviosismo afloró a su piel, y el sudor frío que nunca sintió antes de enfrentar a los
rivales más enconados le bañó la frente y las palmas de las manos. Reinaldo Peña, el
fornido luchador, no estaba habituado a tan numeroso auditorio.
Apretó el micrófono y cuando todos esperaban un torrente de voz,
falto de concordancia, su verbo humilde pidió contar una anécdota y abrazar a Melba
Hernández, la Heroína del Moncada, todo lo cual arrancó una estruendosa ovación a los
delegados e invitados a la Asamblea de Balance de la UJC, en La Habana.
Hasta ese momento había pasado inadvertido a pesar de su amplia y
ebánica musculatura. Se sentó como uno más al final de la fila de invitados, sin
imaginar la acogida que tendrían sus palabras.
Luego, el miedo escénico desapareció y subió al podio. No iba a
recibir ninguna medalla de oro, esas a las que tan habituados nos tiene al defender los
colores de la Patria.
Narró sus experiencias como secretario general del comité de base
del Equipo Nacional de Lucha, y las múltiples propuestas que le han hecho para que
abandone el país a cambio de un puñado de dólares, insuficientes aunque sean millones,
para comprar la dignidad de un hombre que ama a su país y su Revolución.
Contó de Ibar, el lanzador estelar y del asedio que sufrió en
México para que desertara. "Pero ellos no sabían -dijo- que "Cheo", como
le dicen sus amigos, entre los que me incluyo, lleva la Revolución en la sangre. Le viene
de familia y al igual que la inmensa mayoría de nuestros atletas, tiene a la Patria sobre
todo".
Después expuso otras ideas, algunas no tan logradas porque los
nervios volvieron a traicionarle. "No es fácil -me dijo Ramón Loyola, el primer
secretario de los jóvenes jaruqueños- cientos de ojos están posados sobre él,
incluyendo a varios miembros del Buró Político y ministros. A cualquiera le pasa".
Entonces bajó contento. El pedido había resultado: los delegados
entendieron su mensaje y Melba lo abrazó. O, para decirlo mejor, la Heroína del Moncada,
se sumergió en los brazos del atleta quien durante un segundo la levantó del suelo.
La intención quedó clara. Ambos se proyectaron. El, en la humildad
de un abrazo. Ella, tal vez en el recuerdo de los que cayeron en el Moncada sin ver la
proyección y el altruismo de una obra que cimentaron con su sangre. |