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Aniversario 25

El legado de Pablo Neruda

Luis Suardíaz

Pablo Neruda (nacido en el Parral, Chile, el 12 de julio de 1904 y fallecido en momentos aciagos, el 23 de septiembre de 1973) conoció muy pronto la fama. Solo tenia 13 años cuando publicó su primer artículo, aún con su nombre auténtico, Neftalí Reyes. Al siguiente año aparecen versos suyos en Temuco y Santiago; gana premios de poesía en concursos estudiantiles y poco antes de cumplir los veinte años Nascimento publica su cuaderno Veinte poemas de amor y una canción desesperada -ya con el nombre de Pablo Neruda que usaría para siempre en su faena lírica- que en 1961, año de su segunda visita a Cuba, alcanzaría el millón de ejemplares.

De sus lentos y melancólicos poemas de amor y temprano desasosiego existencial que no parecen haber sido concebidos por un adolescente -véase Farewell, El nuevo soneto a Helena, Galope muerto, escritos entre los diecisiete y los veintiún años- llega al torrente subterráneo y a la fuerza sombría de Residencia en la tierra cuando él mismo se ve como un joven orgullosamente oscuro...funeral y ceremonioso.

Cónsul a veces honorario y otras efectivo en distantes países asiáticos llega con esa misma misión en 1935 a Madrid donde sobresale como un bardo de las nuevas corrientes; pronto la Guerra Civil lo estremece y así lo confirma su poesía al testimoniar cómo la sangre de los niños asesinados corría simplemente como sangre de niños y no como una romántica metáfora. Rechazará todo lo que lo separe del ser humano y su lucha y ya no se verá a si mismo como un pequeño dios sino como un hermano del que cuece y reparte el pan y se incorpora a la colosal artesanía de transformar, con sus palabras, la sociedad.

Aquella contienda que fue el preludio de un drama mayor, la Segunda Guerra Mundial, dejará en él heridas incurables, y en sus últimos días después de un largo camino, sufrirá un dolor semejante cuando se produzca el golpe militar contra Salvador Allende y contra el pueblo chileno, lo que precipitará el fin del propio Neruda.

Cada lector tiene su Neruda, o bien un mismo lector una obra suya para cada momento. En los años de la Segunda Guerra Mundial su épica llamea en cantos como los dedicados a Stalingrado, y en los días de la siniestra guerra fría terminara de escribir su Canto General, en cuyas combativas y caudalosas páginas la poesía a veces se resiente, pero donde otras muchas se levanta con fuerza pocas veces vista, y la historia de nuestra América es nuevamente revelada por la magia terrestre del verso.

Seguirán sus crónicas y artículos, sus batallas cívicas, sus navegaciones y regresos, sus odas elementales, mas no simplonas, las rosas eróticas de Los versos del capitán, y hacia 1958 se pondrá a prueba su habilidad de gran artesano con un título difícil de superar: Estravagario.

Poco después el triunfo de la Revolución Cubana será la levadura principal de su Canción de Gesta, cuya primera edición de veinticinco mil ejemplares apareció en La Habana en 1961.

Allí vuelve a cantar a José Martí que construye con sangre y pensamiento/la arquitectura de la luz naciente, la que anuncia la gesta encabezada por Fidel Castro, cuyo significado desborda la geografía antillana (Fidel, Fidel, los pueblos te agradecen/palabras en acción y hechos que cantan).

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