CULTURALES

La casa de Los Zafiros


Pedro de la Hoz

Los Zafiros, los nuevos, los que en 1987 se propusieron reeditar los éxitos de la mítica agrupación gestada por Néstor Milí en los 60, cuentan desde hace una semana con un cuartel general: el club La Red, en pleno corazón del Vedado. No se trata, esta vez, de un espacio diseñado para el turismo -aunque, por supuesto, se halla disponible para que el turista se inserte de modo natural, como debía ser siempre, en la vida artística nacional- sino de un intento por reanimar la noche como posibilidad de expansión recreativa y de rescatar una práctica de nuestra tradición cultural.

No es posible olvidar cómo el desarrollo de la cancionística cubana en la mitad del siglo a punto de concluir tuvo en los pequeños centros nocturnos un ámbito ideal para la confrontación con el público. La ruta de inflexión de la canción trovadoresca hacia el filin pasó justamente por locales como Imágenes, El Gato Tuerto, La Red, La Zorra y el Cuervo, El Coctel, Karachi, por citar algunos de los principales centros del Vedado, aunque también se contaban otros clubes famosos incluso en la periferia capitalina: Benny Moré, por ejemplo, privilegiaba los más famosos boleros en el Alí Bar, hoy día, lamentablemente, apenas una referencia nostálgica.

La empresa Carishow ha realizado un notable esfuerzo para recuperar algunos de estos sitios: en un año La Zorra y el Cuervo se ha convertido en el centro más importante para la promoción del jazz en el país, y pronto estará listo Imágenes (Calzada y C), caracterizado para la canción y la música popular de concierto. Pero, debido a razones de financiamiento, estos proyectos, aun cuando repercuten favorablemente de una manera u otra en las opciones artístico-recreativas de la población, responden con mayor propiedad al circuito turístico. Lo importante, en este caso, es que la recuperación de los espacios por Carishow se fundamenta en la autenticidad y el rigor, espejo en el que otros proyectos deben mirarse.

El de La Red comenzó con buen paso: Los Zafiros, beneficiados por la resaca de la fiebre del filme Locura azul y por la indudable calidad de los arreglos vocales del cuarteto, se comunican fluida y cálidamente con un público que no solo revive glorias pasadas, sino calibra las novedades que aventuran esos jóvenes cantantes.


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