 A 40 años de la invasión del Ejército
Rebelde
La apreciable ayuda
de Idelgrades a Camilo

Pastor Batista Valdés
LAS TUNAS.-Cuando aquella madrugada de septiembre, hace
40 años, Idelgrades Sánchez León abrió la puerta de su casa y supo que quienes
solicitaban ayuda eran Camilo Cienfuegos y su tropa, por poco se da en el rostro con la
palma de la mano para ver si aún dormía o si estaba despierto.
Tantas veces le había dicho a los campesinos de la zona "si
Camilo viene por aquí tráiganmelo para mi casa", que aquel momento le parecía obra
de un sueño.
El café que entusiasmada coló rápidamente Ana Rosa, su
inseparable compañera, y el modo en que todos los combatientes alcanzaron un buchito,
mientras las dos o tres tacitas pasaban de mano en mano, marcarían el inicio de una
historia inolvidable para su familia.
"Entonces Camilo me dice que necesita caballos para continuar
la marcha -relata Idelgrades- que haga lo posible por conseguir algunos, pero entre la
gente de dinero, sin perjudicar a ninguna familia pobre".
Siguiendo esas indicaciones, y con Darío Pérez (uno de los hombres
de Camilo) todo el tiempo a su lado como protección ante cualquier incidente, el
enérgico campesino recorre varios puntos, desde los cuales empiezan a llegar uno por uno
los caballos; más de 40 en total.
"Pero mire usted qué coincidencia -prosigue Idelgrades- al
final solamente quedaba un hombre sin su bestia..."
Entonces, sin detenerse a pensarlo dos veces, mira a Careta, la
noble yegüita de su hijo mayor, y le dice al guerrillero: "Coja esa bestia, compay,
que a partir de ahora es de ustedes".
Guajiro al fin, y con el corazón rebombeándole a todo tren,
Idelgrades no logra mantenerse tranquilo y mientras la columna aprovecha las horas del
día para descansar (y no llamar la atención) les mata un toro de aproximadamente 1 200
libras, cuya distribución -por orden de Camilo- se realiza, como siempre, equitativamente
entre los pelotones.
"Yo me hubiera ido con ellos -comenta hoy con cierta nostalgia-
pero solo podía incorporarse un compañero a la columna...
"Han pasado 40 años y me parece verlos ahí, debe ser por la
tremenda impresión que dejaron en toda mi familia. Para ir al baño le pedían permiso a
mi esposa. Los que durmieron en la casa de mis hermanos Beto y Carlín hasta limpiaron y
lo organizaron todo allí antes de irse."
No serían esas las únicas muestras de respeto, agradecimiento y
disciplina que Camilo y sus hombres dejarían a lo largo de la invasión. Quizás por ello
tampoco fue Idelgrades el único campesino que colaboró. Cientos de familias les
tendieron a los rebeldes de ambas columnas su mano, la misma que golpeó contundentemente
después a las bandas contrarrevolucionarias en distintas partes del reverdecido caimán. |