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La Sinfónica quiere que la escuchen

Pedro de la Hoz

El director titular de la Orquesta Sinfónica Nacional, Iván del Prado Arriaza, la define como una agrupación ciento por ciento cubana, rara excepción entre los colectivos latinoamericanos en cuyos atriles es frecuente la presencia extranjera; con notables avances, quizá en su mejor momento en los últimos años, e inmersa en una estrategia de consolidación y ampliación de repertorio y de perfeccionamiento profesional. "Pero de nada valdrían estos esfuerzos -alerta el joven e impetuoso músico holguinero- si la respuesta promocional se diluye y todos los que pudieran escucharnos y enriquecerse con nuestro trabajo no se enteran de lo que pasa".

Del Prado no se queja de la sensible acogida del público y los medios de difusión en ocasiones especiales, cuando una figura connotada o una conmemoración señalada colman sus presentaciones en el Teatro Nacional, sino del día a día de las dos últimas temporadas, del silencio que ha rodeado a los conciertos regulares, "en los que hemos recuperado y estrenado obras importantes".

Sin embargo, al comparecer ante la prensa para dar a conocer el reinicio de la programación después de una prolongada estancia en Perú a cargo de la temporada lírica limeña, el director anunció, a excepción de un concierto regular el 20 de diciembre, una serie de eventos especiales en lo que resta de 1998, siempre bajo la conducción de su titular y en el Teatro Nacional, a la espera de que en enero -¡al fin, ni un plazo más!- el Amadeo Roldán reabra sus puertas, la OSN disponga allí de una sede propia y se esté entonces en condiciones de sistematizar la promoción de la orquesta.

Así el miércoles 4 de noviembre, en vísperas de la inauguración del VI Congreso de la UNEAC, Jorge Luis Prats ejecutará como solista el difícil y hermoso Concierto número dos para piano y orquesta, de Johannes Brahms, en un programa que se completará con el estreno de la Sinfonía, del compositor cubano Alfredo Diez Nieto, que debía haber tenido su primera audición en 1942, a cargo de la Filarmónica de La Habana, suceso frustrado por la renuncia del eminente director Erich Kleiber ante la incomprensión del Patronato de aquel organismo.

A continuación, los días 5 y 6 asumirá el acompañamiento musical del estreno de la nueva versión de Alicia Alonso, a partir del original de Lev Ivanov, de Cascanueces (Chaikovski), en una coproducción del Ballet Nacional de Cuba y el Teatro La Fenice, de Venecia, en uno de los instantes culminantes del XVI Festival Internacional de Ballet de La Habana.

La OSN tendrá luego una participación destacada en el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano: en su inauguración, el primero de diciembre -será la única vez que saldrá de su cuartel provisional del Teatro Nacional, para instalarse en el Karl Marx- interpretará las partituras que Leo Brouwer compuso para las bandas sonoras de los filmes de Humberto Solás, Cecilia, Un día de noviembre, Lam y Lucía y para la película de Manolo Herrera, No hay sábado sin sol. Ese programa podrá ser escuchado en la Sala Avellaneda el 5 de ese mes, con el añadido de la música de Lo que el viento se llevó y Muerte en Venecia (el famoso adagio de Gustav Mahler).

Tras la única cita regular en la mañana del 20 de diciembre Del Prado dirigirá las Variaciones sinfónicas, del cubano Julián Orbón, y la suite Scherezada, del ruso Rimski Korzakov, la OSN hará su habitual Gala de Fin de Año el 30 de diciembre, en la cual Jorge Luis Prats ejecutará un concierto para piano por definir y se ofrecerán piezas populares del repertorio sinfónico, como la suite de West Side Story, de Bernstein, y el Vocalisse, de Strauss.

Cuestionado sobre la incidencia de la música cubana en el trabajo de la orquesta, Del Prado respondió de manera categórica: "Roldán, Caturla, Orbón, Gramatges, Fariñas, Brouwer han estado y estarán entre nosotros con regularidad. Montamos y ejecutamos las obras de nuestros autores sobre la base de dos principios: calidad y disponibilidad de partituras. El primero es inviolable. Ahora bien, si me preguntan cómo incrementar esa presencia, diré que pensamos en convocar un concurso que se convierta en un evento periódico, pero todavía la idea está en ciernes". ¿Y también no sería bueno -agregamos nosotros- introducir la práctica, tan común en el mundo, de la creación por encargo?

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