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Marcha de la zafra
De los habaneros
se espera másCierto que la lluvia interfiere la molienda, pero no todos los centrales reaccionan igual tras su paso. Parecía imposible, mas el corte verde se consolida
Juan Varela Pérez
Cierto que la lluvia y la humedad residual que esta deja han interferido el buen andar de la zafra en La Habana, pero hay centrales que demoran más que otros en normalizar la molienda.
Esto lo comprobó Pedro Sáez, primer secretario del Partido en esa provincia y miembro del Buró Político, durante un recorrido que incluyó varios complejos del territorio.
Si la frecuencia de las lluvias disminuye y mejora la molienda, el Gregorio Arlée Mañalich, muy bien reparado, podrá incrementar su eficiencia.
No pedimos lo imposible, acotó, pero sí mayor organización, disciplina, inteligencia y habilidad para actuar en situaciones, así como hacen en el Habana Libre, Manuel Fajardo, Pablo Noriega, Héctor Molina y el Gregorio Arlée Mañalich.
En cambio, advirtió, no puede decirse igual del Augusto César Sandino, Amistad con los Pueblos y el Abraham Lincoln que, al parecer, aguardan condiciones óptimas para retornar a la normalidad.
Y de lo que se trata es de mantener fluido el abasto cañero en los valores que establece la norma potencial de cada ingenio y ante cualquier debilidad en las fuerzas de corte (incumplimiento diario de la tarea), aplicar las variantes que sean necesarias y no demorar la solución de algo capital para la zafra.
Esta orientación que dejó el secretario del Partido en La Habana a dirigentes y trabajadores del Amistad con los Pueblos, en Güines, un ingenio con rendimiento y recobrado en azúcar en ascenso, es válida para los colectivos habaneros que afrontan igual dificultad.
Allí se impartieron orientaciones muy precisas para que en unas pocas horas lleguen al Amistad las 131 000 arrobas que deben tributar, en vinculación, los cosecheros del Osvaldo Sánchez. El promedio actual es de unas 60-70 000 arrobas por jornada. Esta es una solución que no puede dilatarse.
Durante la visita al Héctor Molina, el complejo de San Nicolás, que influye y decide en el plan de la provincia, quedó clara y especialmente definida la importancia de analizar todos los días el comportamiento de la tarea por centro de recepción y unidad de base y "sentirnos satisfechos -precisó el Primer Secretario del Partido en La Habana- solo cuando en forma sistemática tributen el arrobaje que les corresponde".
En el Gregorio Arlée Mañalich se dialogó acerca de la calidad de la materia prima que se muele en la actualidad y la consolidación del corte en caña verde. "Aquí, explicó Rolando Regalado, el director, se quemó en la campaña anterior más del 40 por ciento de lo que se procesó y ahora, en cambio, la candela ha estado ausente".
Sobre esto, Sáez reconoció que "es una batalla ganada lo cual, para no pocos, era algo casi imposible. Hay que destacar, en honor al personal que abastece, la comprensión por erradicar la dañina y perjudicial quema". Y se preguntó: "¿Cuántos millones de arrobas hubiésemos perdido de haber sorprendido la lluvia, reiteradamente, los cientos de frentes de corte con la caña en pie y quemada?"
Los habaneros están enfrascados en una pelea que puede contribuir a mejorar el contenido de azúcar en la caña y el rendimiento industrial: ser muy celosos, pese a la lluvia, en la programación de corte y la calidad de la materia prima.
Eugenia García, jefa de cosecha del Amistad, admitió que la recogida de caña tras las combinadas (para disminuir las pérdidas) si no se hace puntualmente y con precisión, se convierte en un foco de contaminación, pues esas arrobas entran al proceso con mucho atraso.
La disciplina y el rigor en el corte (manual y mecanizado) y el control y la exigencia por parte de los jefes son la mejor vía para dejar un mínimo de caña en el campo y proteger los estimados.