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JESUS MENENDEZ
"Yo estoy defendiendo
a mi Patria"
PEDRO A. GARCIA
Siempre que se hace su historia, suele evocársele en el andén donde encontró la muerte, cuando en el colmo del coraje, aquel 22 de enero, desoyó la conminación de un capitán de plomo y cuero, que había convenido en derribarlo pretendiendo desaparecer con su vida la causa a la que se había dedicado: la defensa de los trabajadores.
Menéndez (señalado con una flecha) entre un grupo de trabajadores del central Estrada Palma (hoy Bartolomé Masó).
A Jesús Menéndez prefiero evocarlo vivo, transitando de sueño en sueño por esta nuestra Isla; recorriendo las cañas míseras para hablar con el machetero encallecido, para animar a los técnicos, oficinistas y peones del ingenio. Tal como lo recuerdan aquellos que le conocieron: sencillo, de carácter jovial, ancha sonrisa que hacía sonreir a los demás con sus chistes sin descanso. Alto de estatura, orador directo de fácil palabra, según Nicolás Guillén arrastraba la erre "como un francés renuente a olvidar su lengua de niño".
Decía el Poeta que sus ojos brillaban a veces tristes y dulces; en otras, parecía el bramar de un agua embravecida como cuando espetó a un hacendado insolente: Yo estoy defendiendo a mi Patria. "Nosotros continuaremos luchando, pelearemos contra los enemigos de afuera y de adentro -agregaba entonces-, reclamaremos la unidad nacional para la defensa de nuestra Patria (...) Si esta actitud es la que motiva las agresiones que estamos sufriendo y los intentos de nuevas agresiones y nuevas violencias, hemos de seguir luchando con todas nuestras fuerzas contra los anexionistas y capituladores que quieren entregar nuestro país, arruinar su economía y arrebatar las conquistas que la clase obrera y nuestro pueblo han alcanzado".
EL LIDER OBRERO
Nació en el centro de la Isla, dentro de una familia campesina. Sus canciones de cuna fueron tonadas mambisas; sus cuentos infantiles, los relatos del abuelo Doroteo que se llevó para la manigua esposa e hijos; uno de estos, Carlos, el padre de Jesús, se enroló aún adolescente en la tropa de Maceo, se fue a Occidente cuando la Invasión y regresó con los grados de capitán.
Jesús apenas aprendió en la escuela las primeras letras y la tabla de multiplicar. Empezó temprano a buscarse la vida: como machetero, escogedor de tabaco, purgador de azúcar. "Eramos muchos en la casa para que alcanzara el pan para todos -confesó una vez-, el hambre entre tantos suma una cifra: desesperación. Y me fui un buen día a vender mi fuerza de trabajo (...) Creo que si me corto las venas, corre por mi sangre un río de guarapo amargo".
Con solo 18 años, en 1929, se inició como líder sindical en el central Constancia (hoy Abel Santamaría). Ingresó en el primer Partido Comunista en 1931 y adoptó el seudónimo de Junio. Desde dirigente de la base, fue llevado por los trabajadores en 1941 hasta el más alto cargo: secretario general de la Federación Nacional de Obreros Azucareros (FNOA), que por iniciativa del propio Menéndez se convirtió en FNTA (Federación Nacional de Trabajadores del Azúcar) para incluir a los empleados y técnicos de todas las ramas de la industria.
Durante la actuación de Jesús Menéndez como máximo dirigente sindical del sector, los trabajadores azucareros lograron hacer realidad algunas de sus demandas históricas más anheladas: el primer convenio colectivo de trabajo, la creación del retiro azucarero, el Decreto 117 sobre el régimen salarial que estableció aumentos de sueldos de un 32 por ciento, la participación obrera en las negociaciones de zafra, el Decreto sobre la higienización de los bateyes en los centrales azucareros, la creación de una clínica nacional azucarera (frustrada después de la muerte de Menéndez) y la cláusula de garantía que viabilizó el pago del diferencial azucarero.
EL DIFERENCIAL
En 1945, el gobierno cubano retuvo unas 250 000 toneladas de azúcar de la zafra para venderlas en América Latina a un precio de siete centavos la libra. La diferencia de ese precio con el pactado con EE.UU. (3,675 centavos) constituyó el primer diferencial. Con la aprobación de los obreros, este diferencial fue destinado a subsidiar productos alimenticios que Cuba importaba a precios más altos de los que se cobraban al pueblo consumidor dentro del país.
Gracias a la participación obrera en las negociaciones de zafra con EE.UU., se firmó en 1946 una Cláusula de garantía que obligaba a la nación norteña a aumentar el precio del azúcar cubano en la proporción en que aumentara el costo de los productos alimenticios y otros artículos de consumo que Cuba adquiría en ese país.
El monto anual de esa diferencia, calculada cada tres meses, constituyó el segundo diferencial, más conocido como diferencial azucarero (36 millones de pesos en 1946), el cual se distribuyó entre obreros, colonos y hacendados. A los primeros, les representó un ingreso adicional de 29 millones de pesos en 1946, algo más del 13 por ciento sobre sus salarios de ese año.
EL PORQUE DEL CRIMEN
A fines de 1947, apoyados en líderes sindicales vendidos a la patronal, el gobierno de Grau San Martín intentó despojar a los trabajadores de la primera industria nacional del diferencial azucarero. Jesús Menéndez lanzó como consigna: El diferencial en la punta de la mocha, con lo que amenazaba boicotear la zafra si no había un compromiso de pagarles el diferencial a los obreros del sector.
Menéndez inició 1948 con un amplio recorrido por el país. La orden de asesinarlo ya estaba dada, pero en Las Villas, la cobardía de los ejecutantes y la vergüenza de los buenos cubanos lo impidieron. En Camagüey, un terrateniente con escrúpulos abortó el complot. Pero en Manzanillo, el capitán Casillas Lumpuy, con el pensamiento en la propina, preparaba su pistola.
Por una de esas coincidencias de la Historia, el crimen fue en enero, como el de Mella en 1929, diecinueve años antes. Mella tuvo en Magriñat su asesino. A Magriñat el pueblo le ajustó cuentas en 1933. Casillas continuó su carrera de crímenes durante la tiranía batistiana y encontró la justicia con el triunfo de la Revolución en 1959.
Homenaje hoy de los trabajadores
Jorge Luis Batista
MANZANILLO.-Con la celebración de mítines, conversatorios y otras actividades de recordación, más de 3 millones de trabajadores del país rendirán hoy homenaje a Jesús Menéndez al cumplirse 50 años de su asesinato en la terminal ferroviaria de esta ciudad.
Así lo anunció aquí ayer Pedro Ross Leal, secretario general de la CTC, a propósito de una reunión de la comisión organizadora de los preparativos del acto nacional por la efeméride, programado para la tarde del día 27 en el mismo escenario del hecho histórico.
A este lugar asistirán hoy trabajadores y pobladoros de aquí para rendir tributo de recordación al General de Las Cañas y está previsto realizar en ese escenario una masiva donación de sangre.