CULTURALES

Raíz y altura de Sergio Vitier


Pedro de la Hoz

En medio del camino de la vida, cincuenta años, Sergio Vitier sabe muy bien cuál es su destino: ocupar un espacio singular en la creación musical cubana contemporánea, habitado por un manejo de la síntesis cultural hispano-africana, guitarra y percusión, referencias barrocas y sones quintaesenciados, la herencia romántica y la modernidad tímbrica.

A Casa de las Américas días atrás, Sergio fue a celebrar y así prolongó el ciclo Canciones de la rosa y de la espina, pues no hay que olvidar su protagonismo en las jornadas del Centro de la Canción Protesta, que dirigió Estela Bravo, hace tres décadas, ni su decisiva participación en la fundación de la Nueva Trova, desde el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC.

Ya por entonces comenzó a expresarse en un formato parecido al que hoy alienta: la guitarra en el centro de un universo acústico realzado por la dinastía de los tambores batá -honró a Jesús Pérez, el mítico tamborero del que tanto aprendió, con la suite Obbá Ilú que inserta la dimensión popular en un magnífico ámbito concertante- y matizado por una equilibrada intervención de las tecnologías electrónicas. En esta oportunidad, para mayor relieve, invitó al saxofonista y flautista Javier Zalba, de probada maestría. No se trata de un aporte aislado: Vitier es de los compositores que ha dado altura y complejidad a la raíz popular; ahí está también sus Rondó al desconocido y Son lírico.

Ese gusto suyo por recrear el área folclórica de origen africano -experiencia que alguna vez compartió con el etnólogo Rogelio Martínez Furé, cantor que nadie imagina- lo ha llevado a emprender con Inés María Carbonell la aventura de versionar los rezos a Osaín y Elegguá de una manera distinta a las experiencias de rock étnico en las que ha participado Lázaro Ros con Síntesis y Mezcla: hay siempre un toque de jazz latino -de seguro por la influencia de su tío Felipe Dulzaides, con quien también hizo parte de sus primeras armas-, pero también de su relación con la escuela cubana de guitarra.

Sergio es bien conocido por sus contribuciones a la música incidental vinculada al cine y la escena. Su más reciente trabajo fue con el realizador Jorge Fuentes en el filme Tatu, el sueño africano del Che, banda sonora memorable, que de difundirse alcanzaría el relieve del trabajo que acometió junto a su hermano José María en la serie En silencio ha tenido que ser.

 


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