 ABRECARTAS

A cargo de GUILLERMO CABRERA
ALVAREZ
Esta columna generalmente habla de
la cotidianidad del ser humano. Como periódico de
carácter nacional y órgano oficial del Comité Central
del Partido, se abordan en Granma -en la brevedad
obligada de un periódico reducido por el período
especial- los asuntos mayúsculos que interesan al
conjunto del país en el terreno económico, político,
ideológico y social. Y aunque las necesidades
informativas son muchas y el espacio poco se defienden
éste y otros espacios.
Si buscara un símil,
convendríamos en que el jefe de un gran ejército debe
ocuparse de la estrategia a seguir por los batallones que
lo integran, de la interrelación entre las diversas
fuerzas de mar, tierra y aire y, simultáneamente, no
debe olvidar el "detalle" de preocuparse por
sus soldados.
Y esta política del detalle -que
no es otra que la atención al ser humano-, es decisiva.
El pueblo no es una masa amorfa, sino una suma de
individualidades, cuyos problemas e inquietudes deben ser
atendidos, canalizados y resueltos en la medida de las
posibilidades. Raúl decía que "puede no haber
soluciones, pero siempre hay explicaciones".
Contaré la cotidianidad del fin de
semana de este redactor. El viernes en la tarde me llamó
un lector, Francisco Pujols, jubilado pero no retirado.
Trabajó con Celia Sánchez y es miembro de la
Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana. Se
quejaba ante el periodista por un cable del tendido
telefónico caído en la calle San Rafael entre Ronda y
Mazón. Llamó a la empresa... y nada; llamó a la PNR y
enviaron al carro patrullero para confirmar su
denuncia... y nada.
Este hombre forma parte del pueblo
sensible, preocupado de lo que acontece en su entorno.
Nadie se ha inquietado ante su inquietud.
El sábado en la tarde, acompañé
a una amiga con un fuerte dolor de muelas al consultorio
de 15 y 18, en el Vedado. La atención fue exquisita. La
estomatóloga le recetó una medicina y caminamos hasta
la cercana farmacia de 12 y 19.
La receta estaba incompleta. Se
necesitaba el nombre de la doctora y su número de
profesional. Estaban la firma y el cuño. En la
discusión (a la que asistí silencioso) entre la
paciente adolorida y la farmacéutica, quedaba claro que
no obtendría el medicamento. Cuando la enferma,
ofuscada, se marchó, pretendí argumentar: "¿Qué
culpa tiene la paciente del error del médico?". Una
de las tres empleadas presentes respondió:
"El inspector pone cien pesos
de multa si aceptamos una receta mal hecha. El nos ha
dicho que si el paciente se molesta, que se moleste, pero
no debemos despachar".
Le recalqué sus palabras:
"¿Usted tiene orientación de que si el paciente se
molesta, que se moleste?" Obtuve como respuesta un
rotundo sí.
Apoyo la lucha del MINSAP y del
país contra el desvío de medicinas, y la empleada no
tiene culpa de la deficiencia del facultativo, mas ¿es
necesario "molestar" al paciente? Tal vez fue
una interpretación libre de la orientación, pero irrita
innecesariamente.
El domingo, la noche me atrapó en
la parada de 13 y 70, en Playa. Ni rastro de la 264, pero
un solidario ómnibus de Cultura, que transitaba vacío,
se detuvo para recoger a todo el mundo. Ocupé por unos
minutos un asiento libre. Una señora con una niña
pequeña también subió y le cedí mi puesto. No recibí
las gracias aunque me sentía feliz de que la niña
viajara sentada. Poco después el asiento junto a la
señora se desocupó y cuando otra madre intentaba
ocuparlo con su cría, la señora colocó a su niña en
el asiento y se apoderó de los dos espacios.
Como ven la cotidianidad suele ser
contradictoria. De un lado. El hermoso gesto del lector
preocupado por el cable telefónico caído junto a su
casa, la estomatóloga atenta, la solidaria guagua de
Cultura detenida ante una parada congestionada, y del
otro la indolencia de una empresa, el molesto trato de
una empleada y el egoísmo de una pasajera.
Así, contradictoriamente hermosa,
es la ciudad en que vivo. Y sigo siendo partidario
empedernido de la sonrisa.
Escríbanos:
Sección Abrecartas
Periódico Granma
CP 10699 Habana 6
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