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 ANGOLA
El eco de las armas...

ELSON CONCEPCION PEREZ
Cuando en 1994, en Lusaka, Zambia,
se firmaron los acuerdos de paz entre el gobierno de
Angola y la dirección de la opositora UNITA, parecía
como si el ideal añorado se hiciera realidad para los
casi 11 millones de habitantes de este país.
Sin embargo, hoy la realidad es
otra, y el sueño pacífico ha sido postergado, pues
nuevamente los hombres armados de Jonas Savimbi,
burlándose de lo pactado, libran otra vez la guerra
contra el pueblo y las fuerzas gubernamentales, y solo en
lo que va del mes de julio se han reportado cientos de
muertos, ataques contra unas 60 localidades y más de 150
000 angolanos obligados a desplazarse en ese período de
tiempo hacia otras localidades para escapar con vida a
los enfrentamientos y el terror desatado por la UNITA.
En Lusaka se había acordado la
desmovilización de las fuerzas de la UNITA y su
incorporación a la vida política del país, con los
mismos derechos que cualquier otro partido.
Antes, en 1991, en Portugal,
también la organización opositora angolana había
rubricado acuerdos para un arreglo pacífico de la
situación. Pero esos compromisos fueron echados por
tierra en 1992, cuando Savimbi y sus hombres no
reconocieron los resultados de las elecciones libres
celebradas ese año, y donde resultó vencedor el
Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA),
y elegido presidente el actual mandatario, José Eduardo
Dos Santos.
A partir de su impugnación al
resultado electoral, la UNITA volvió a emprender el
sendero de la guerra -que en la práctica nunca
abandonó-, y durante año y medio estuvo combatiendo
contra el gobierno angolano, hasta que en 1994 los
insurgentes, sin posibilidades en el plano militar,
aceptaron volver a la mesa de negociaciones, esta vez en
Lusaka, capital de Zambia.
Por su parte el gobierno,
cumpliendo todos los compromisos firmados, hizo posible
que la UNITA esté representada en el Ejecutivo angolano
con cuatro ministros y siete viceministros, y también a
nivel de Parlamento.
Ahora, en las últimas semanas, una
nueva ofensiva insurgente ha vuelto a dar al traste con
todo lo pactado, y en una maniobra, al parecer con el
objetivo de ganar tiempo, Savimbi y sus hombres vuelven a
hacer escuchar el eco de las armas, no importa la condena
internacional, incluso del Consejo de Seguridad de la
ONU, ni la paciencia del gobierno angolano que una y otra
vez insiste en un arreglo pacífico del conflicto.
La UNITA, en vez de desmovilizar a
sus hombres, como fue previsto en Lusaka, lo que hizo fue
reorganizar su ejército, estimado en unos 30 000
efectivos, y emprender las acciones desestabilizadoras de
estos meses.
El agravamiento de la situación
provocó que, en la recién concluida Cumbre de la
Comunidad de Países de habla Portuguesa, celebrada en
Cabo Verde, el punto central a debate por los jefes de
Estado de Angola, Cabo Verde, Mozambique, Portugal, Sao
Tomé y Príncipe y Brasil, fuera el de exigir a Savimbi
el cumplimiento irrestricto de los acuerdos de paz y la
vuelta a las negociaciones.
También los estadistas se
comprometieron a hacer cumplir las sanciones impuestas
por el Consejo de Seguridad de la ONU contra la UNITA,
que incluye la congelación de sus fondos en el exterior,
y la prohibición de la comercialización de diamantes
extraídos de los territorios angolanos en manos de ese
grupo opositor.
La paz en Angola, todo parece
indicar, está en una gran encrucijada, mientras el mundo
observa con preocupación, el hecho de que la UNITA haya
vuelto a la guerra y el eco de las armas prevalezca ante
los compromisos de la paz.
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