Lajas imaginada

Benny Moré lo provocó en un estribillo

Jorge Ignacio Pérez

Como el camino de Santiago Apóstol, esa ruta a veces imaginaria y símbolo de la culminación de un deseo, hubo un viaje pendiente que a través de los años fue tomando formas, una suerte de sospecha terrenal fruto de tantas imágenes provocadas por la recurrencia de un estribillo: Santa Isabel de las Lajas...

La tumba de Benny Moré concuerda en austeridad con su propio estilo de vida.

El Benny se encargó, musicalmente, de perpetuar el nombre del pueblo que le vio nacer, quizá como añoranza deudora por el recuerdo de los primeros tiempos, pues, como se conoce, a los 15 años marchó a Vertientes, Camagüey, hasta que su figura resultó presente en las cuatro esquinas del mundo.

Los lajeros viven orgullosos de identificar su tierra chica con la de El Bárbaro del Ritmo, aun cuando puedan desconocer que una de las principales tareas de la política cultural del país está en el rescate de las figuras y culturas locales. O sea, se trata de un sitio donde el sentido territorial de pertenencia casi viene en el paquete genético de la gente, algo hecho por obra y gracia de esa aventura humana que se llamó Bartolomé Maximiliano Moré.

El municipio de Lajas, perteneciente a la provincia de Cienfuegos, cuenta con 23 mil 500 habitantes y está enclavado en una zona llana y azucarera, abierta al "castigo" del sol de estos días extremadamente calurosos. En estos momentos se construye allí la segunda plaza al aire libre más grande de la provincia, que llevará el nombre del insigne sonero y quedará terminada para el Festival Internacional de Música Benny Moré, a celebrarse entre el 24 y el 29 de agosto del año próximo. (En esa fecha se cumplen 80 años del natalicio del Benny).

Según comentó a Granma Eduardo Román Pérez, presidente del gobierno municipal, Lajas podría convertirse en un punto de tránsito por excelencia para el turismo, toda vez que allí descansan los restos del sonero mayor y de hecho no pocos apasionados a la historia de la música cubana han señalado en su itinerario ese destino.

Contrariamente a como podría suponerse, la tumba del Benny es una modesta bóveda situada, hacia la izquierda, en un rincón del cementerio local; a la intemperie como muchas allí, pero afincada en un entorno limpio, angosto y a la vez protegido por un inmenso árbol centenario que recibe a uno en la entrada del camposanto. De manera que la relevancia de este sonero se suscribe -como siempre fue- a los signos de una cultura popular humilde, al sentido social de la música que es en definitiva uno de los mejores saldos de este arte criollo.

Así resulta a la vista, además, el casino congo ubicado en el barrio La Guinea, donde el Benny dio sus primeros pasos en la música y en cuya antesala se conserva una piedra sagrada que, según dicen, ha crecido en tamaño y hasta lloró -se humedeció- el día de la muerte del gran vocalista, un 19 de febrero de 1963.

El casino es un viejo inmueble de madera que atesora no sólo la famosa piedra (se cuenta que la trajo un esclavo colgada del cuello, como amuleto), sino además dos tambores macuta y un altar con la imagen de San Antonio, o lo que es lo mismo, Oggún en el sincretismo afrocubano. Esta última pieza se la ganó el esclavo Zacarías en una rifa que ofreció el acaudalado Tomás Terry, y luego la donó al casino.

Una tarja, puesta en la fachada frontal del inmueble, expresa: "Religión, arte y folclor cubanos se mezclan en este casino congo donde inició su quehacer musical el inigualable Benny Moré".

Lo cierto es que, siguiendo las huellas del Benny en Lajas, la grandísima dimensión del lado humano y hasta mitológico de esta historia contrasta con la sencillez del aspecto visual de la escena, un cálido pueblo cubano situado a la misma distancia de La Perla del Sur que de Santa Clara -a 45 kilómetros-, antes del viaje motivo de muchos pensamientos abstractos provocados por aquel estribillo: Santa Isabel de las Lajas...

 
 
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