NACIONALES

Las sublevaciones de los vegueros


PEDRO A. GARCIA

En una soleada mañana de 1717, un pregonero de voz monótona se repetía en cada plaza de la capital. Los habaneros conocían así el Estanco del Tabaco, con el que las autoridades coloniales obligaban a los cosecheros a vender a un precio fijo sin permitir siquiera que las cantidades no adquiridas por la metrópoli pudieran ofrecerse a comerciantes extranjeros.
Cada vez que el pregonero leía el bando, dejaba tras de sí el disgusto y la repulsa. Algunas voces proponían la redacción de una protesta; otros, quemar su cosecha antes de venderla bajo esas condiciones; los más, empuñaban sus machetes en son de amenaza de que defenderían sus derechos, incluso con violencia.
La indefinición es la peor de las soluciones y esa fue la que adoptó el capitán general Vicente Raja. El arribo de los buques destinados a llevar el tabaco acopiado mediante la Ley del Estanco desencadenó los acontecimientos. El 21 de agosto de 1717, más de 500 vegueros, apostados en la calzada de Jesús del Monte, bloquearon la entrada de mercancías a La Habana.
A la noche siguiente, entraron en la ciudad. "Muera el mal gobierno", le gritaban al capitán general y a la vez, le daban vivas al Rey, verdadero autor de la repudiada ley. Vicente Raja no supo otra cosa que embarcar hacia España en el primer buque que partió del puerto. Le sustituyó en el gobierno de la Isla, al año siguiente, Gregorio Guazo Calderón, que trajo un refuerzo de 1 000 soldados.
En 1720, se comenzó a pagar el tabaco a plazos, en vez de al contado. Solo se compraban cosechas completas a un precio inferior al oficial, que ya era bajo. En los libros de cuenta, se consignaba que el tabaco había sido comprado al precio oficial; el resultante se lo apropiaban los funcionarios españoles.
Otra vez los vegueros acudieron a la violencia. Incendiaron los sembradíos en Santiago de las Vegas y Guanabacoa de quienes se habían plegado a esas demandas. Guazo Calderón apeló a la verbosidad y a la demagogia. Prometió a los vegueros que sus cosechas serían tasadas por el precio oficial. Poco duró esa situación.
Los funcionarios volvieron a las andadas. Más de 900 vegueros se sublevaron en Santiago de las Vegas y Bejucal. Entre sus planes estaba atacar a La Habana para destruir todo el tabaco almacenado en la ciudad. A los sumisos que habían aceptado los precios inferiores, les quemaron las casas y las siembras.
El 20 de febrero de 1723, Guazo Calderón envió tropas al mando del capitán Barrutia para interceptarlos en las cercanías de Santiago de las Vegas. Tenían orden de disparar. Hubo un muerto y ocho heridos, que según ciertas fuentes murieron días después sin especificar la fecha. La tradición oral insiste en afirmar, a través de sucesivas generaciones, que hubo más de 50 desaparecidos.
Jacobo de la Pezuela asegura en su Historia de la isla de Cuba que las tropas españolas apresaron a doce vegueros. "Fueron ahorcados en presencia de Barrutia en la misma mañana del 21", añade. La calzada de Jesús del Monte, el camino más transitado de los que se dirigían a La Habana, sirvió de escenario. Años después, Emilio Roig de Leuschsenring solo pudo localizar las inhumaciones de ocho rebeldes en los libros de enterramiento de la iglesia parroquial.
Las sublevaciones de vegueros son certero reflejo de las primeras contradicciones entre los españoles residentes en Cuba, que devienen criollos paulatinamente, y los españoles de la metrópoli, representados por las autoridades coloniales. Los vegueros no eran separatistas pero ya sus intereses diferían de los de la corte madrileña.
El criollo es un producto nuevo, con matices culturales que lo diferencian de los peninsulares o africanos recién llegados; concreta su sentido de ser identificándose con el suelo que cultivan, con su territorio. El amor del criollo a su tierra, a su patria local, es un peldaño de ascenso hacia la formación de una conciencia nacional. Y en esa formación, el heroico gesto de rebeldía y protesta de los vegueros marca un hito importante.


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