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Paraguay
Una de cal y otra de arena
NIDIA DIAZ
En lo que constituye la reafirmación de la práctica injerencista del gobierno norteamericano, su nueva embajadora en Asunción, Maura Harty, luego de reunirse con el Titular de Relaciones Exteriores del Paraguay, informó a la prensa sobre la clara advertencia de que Washington "no quiere obstáculos" para los comicios gene-rales que deberán tener lugar en ese país sudamericano el próximo 10 de mayo.
"No queremos ver obstáculos que impidan la realización de las elecciones generales. Queremos que todos respeten el calendario electoral y que haya elecciones", explicó la Harty al expresar la "preocupación" de su país por lo que está sucediendo.
Una vez más, la Casa Blanca actúa con la doble moral que la caracteriza por cuanto, según los analistas políticos locales, una buena parte de lo que está ocurriendo en el panorama político paraguayo es responsabilidad de la intromisión estadounidense.
¿Y qué ocurre en el Paraguay?
Tras el encarcelamiento del aspirante oficialista a esos comicios, el general (r) Lino Oviedo, primero por injurias al presidente Wasmosy y luego por el delito de haber intentado un presunto golpe de Estado en abril de 1996, el Partido Colorado, en el poder desde hace medio siglo, podría quedarse sin ese candidato que demostró en las elecciones internas de su propio partido tener más aceptación que el resto.
Hecho suficientemente trascendente como para que la cúpula colorada sienta que la tierra se mueve bajo sus pies y las masas de esa agrupación, por su parte, consideren que intereses ajenos han desconocido su voluntad electoral, que le dio el triunfo a Oviedo frente a otros aspirantes.
El dilema, obviamente, es por el poder.
Si el Tribunal Militar extraordinario que juzgará a Oviedo lo condena, los colorados tienen muy poco tiempo para designar a otro candidato cercanamente potable para que la militancia de esa organización lo valide con su voto.
Si esto sucediera, la oposición se encaminaría a un eventual triunfo, dando al traste con la hegemonía del coloradismo.
Razón suficiente para que el presidente Juan Carlos Wasmosy insinuara a mediados de semana la postergación de los comicios generales como forma de ganar tiempo.
La Alianza Democrática, integrada por el Partido Liberal Radical Auténtico y el Partido Encuentro Nacional, reaccionaron airadamente ante esa insinuación pues no están dispuestos a contribuir a poner fin a la crisis del coloradismo.
Es, en tales circunstancias, en que la representante de Washington tomó cartas en el asunto con el oculto objetivo de quitarse responsabilidad.
No podemos olvidar que apenas 24 horas después de oficializarse el triunfo de Oviedo en las internas de su Partido, el subsecretario norteamericano de Estado adjunto de Política Exterior, Thomas Pickering, en entrevista sostenida con el mandatario paraguayo, le reiteró que "un hombre como Oviedo no puede ser presidente del Paraguay".
Días después, el entonces embajador norteamericano en Asunción, Robert Service, al pronunciar un discurso en la Cámara de Comercio de esa nación sudamericana, recordó que si Oviedo llegara a salir presidente, "Estados Unidos tomaría las medidas correspondientes al caso".
Analistas locales se preguntan por qué, si Oviedo tenía cuentas pendientes con la justicia militar, se le permitió presentarse como candidato a las elecciones internas del Partido, donde demostró su ascendencia entre la militancia colorada.
Y esos mismos analistas advierten la mano de Washington en todos los esfuerzos por eliminar a Oviedo del escenario electoral.
Los intereses que bajo cuerda llevan agua al molino de esta crisis son, quizás, los que obstaculizan que el Partido Colorado salte por encima de sus diferencias internas y ponga fin a una situación que no sólo lo afecta en términos de credibilidad política sino que, a la larga, desfavorece sus posibilidades de triunfo frente a una oposición que viene de vuelta del camino de la desunión.