CULTURALES

Cubadisco'98

Ketama, palos de
ida y vuelta


Valió la pena esperar por Ketama. Al final del extensísimo concierto ofrecido en el Karl Marx por el sello Eurotropical y la Sociedad General de Autores y Editores de España, que parecía haber dejado exhausto al auditorio, los Carmona se entregaron espléndidos y hallaron una cálida receptividad en un público que transitó por los vasos comunicantes de una identidad sonora singular.

En el flamenco, cada aire recibe el nombre de "palos". Los de Ketama absorben la tradición, la reciclan, pero pueden adjetivarse como "palos" de ida y vuelta entre la profunda España y tierras como la nuestra: entre el flamenco y el son se borran las diferencias en la voz de Antonio y las guitarras de Juan y Josemi, aderezadas por la percusión cubana y una cuerda de metales en la que aparece Manuel Machado, un destacado trompetista villaclareño que hizo armas con Raíces Nuevas e Irakere.

Y como de fusión se trata, Ketama quiso que esta fuera literal; por eso se unió a Klímax e invitó al trombonista Carlos Alvarez. Indudablemente, No estamos lokos fue el tema de la noche, mas se sumaron otros en los que se aprecian una estética de continuas aperturas y enlaces, con sabor ecuménico, la huella de Camarón de la Isla, de Antonio Flores, de Juan Habichuela, y la del rai magrebino, la salsa, el jazz, el rock. Todo mezclado, y a la vez, coherente.

Oscurecida en varios momentos por un sonido errático y el excesivo kilometraje de la oferta, la yunta Eurotropical-SGAE, sin embargo, dejó estelas fulgurantes, como el regreso de Pável y Gema, un dúo de trovadores cuya dinámica vocal los individualiza en el género -no por gusto los Carmona valoraron su aporte en la canción Espíritu kañi- y que impactaron por la hondura conceptual y poética de sus textos; el cantautor Pedro Guerra, conocido entre nosotros por vía de Víctor Manuel y Ana Belén, en magnífica pareja artística con Liuba María Hevia; la unión del mítico Laíto Sureda, esa voz emblemática de la Sonora Matancera, con una joven bayamesa, Mayelín Naranjo, que debe ser tan valorada acá como ya lo está siendo en Europa; y los Soneros de Camacho, una agrupación camagüeyana que gusta de los sones añejos y encaja en el redescubrimiento musical de los 40.

Pedro de la Hoz

TRIBUTO

Un bello concierto en que un grupo de destacados músicos mostró la sencillez de someter sus individualidades al objetivo mayor de rendir homenaje a Elio Revé Matos, fue nota sobresaliente en el Cubadisco'98.

Impresionó ver y escuchar a Frank Fernández sumarse al colectivo reunido en la Casa de la Cultura de Plaza, no obstante que pocas horas después encararía su concierto con la Orquesta Sinfónica Nacional. Su entrada y sonear fueron brillantes, poniendo de relieve su conocimiento del ritmo, en el que se adentró ya en su infancia en Mayarí y luego con el mítico pianista Lily Martínez. Muestra también del respeto que le profesa a la vertiente popular de la música, en la que también él ha inscrito su nombre como productor y orquestador.

Desde los cantantes Moisés Valle (Yumurí), El padrino y Valentín, con sus improvisaciones soneras, pasando por la eficacia de músicos como Pancho Amat y Orlando Vistel, entre otros, hasta la dinámica presencia de Los Papines, todo fue disfrute.

El Charangón continúa siendo una atinada agrupación y regocija ver a Elio Revé Duvergell, hijo, como sostén de sus compañeros, identificados todos en el objetivo de mantener el prestigio de una agrupación que ha sido escuela.

Omar Vázquez


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