En el cincuentenario de su asesinato

Sabino Pupo, hombre
de palabra y de acción

Relato de uno de los cuatro obreros que trasladaron en barco hasta Camalote el ataúd y luego el cadáver del líder campesino hacia Nuevitas

ENRIQUE ATIENZAR RIVERO

lu8-1.jpg (6439 bytes)La noticia del asesinato de Sabino Pupo, ocurrido el 20 de octubre de 1948, llegó a Nuevitas esa misma noche, por boca de un campesino. Pronto se movilizaron los sectores obreros simpatizantes con la lucha del líder agrario con la iniciativa de trasladar su cadáver hacia esa ciudad para allí, con el homenaje del pueblo, darle sepultura.

"El asesinato de Sabino -explica José A. Cumplido Sartorio- fue premeditado. Nosotros sabíamos que corría peligro por lo que hicimos, una gestión con la alcaldía de Nuevitas, donde le conseguimos un carné de policía honorario y un revólver para que anduviera armado y se pudiera defender".

Días antes de su muerte, en la tienda del batey de Santa Lucía, un sargento del ejército lo detuvo y en el cuartel lo desarman a pesar de su carné.

Avisado Sabino de que la Manatí Sugar Company cortaba las cercas y soltaba el ganado sobre los sembrados, no vaciló en enfrentar la provocación. Junto a Alfonso Rivero, Galiano, Tomás Monsol, Mundo Reyes y otros, trata de enfrentar la situación y es allí donde se produce el asesinato. "El que le disparó -afirma Cumplido- fue Manuel Leyva Rangel, un empleado de la Manatí Sugar Company.

SOLIDARIDAD DE LOS OBREROS

Esa noche, Cumplido y un grupo (en su mayoría de obreros ferroviarios y portuarios), estaban reunidos en el sindicato de las Mieles de Nuevitas, cuando conociendo la noticia, "mandamos a un compañero a que gestionara en la alcaldía el ataúd y a otro a localizar un amigo de nosotros, dueño de una lancha, para embarcarnos hacia allí y cumplir la misión de trasladarlo.

"Fui designado al frente del grupo con José Alejandro Gutiérrez, Angel Gutiérrez, compañero que cayó combatiendo junto al también mártir Luis Fernández Quiroga, en agosto de 1958, y Aurelio Rodríguez Sifontes".

En esa época no había carretera para Santa Lucía, había que ir en barco hasta el embarcadero y de allí seguir a pie o a caballo. Antes de salir hacia Camalote llegó un teniente de la Guardia Rural quien dijo, que ellos tenían que ir también...

De Camalote para el embarcadero, regresaron en un camión escoltado por campesinos a caballo. En un área cercana al batey de Santa Lucía fueron interceptados por un oficial de la Guardia Rural: José María Salas Cañizares, a quien Cumplido había conocido en La Habana durante la Segunda Guerra Mundial, mientras pasaba el Servicio Militar Obligatorio. Salas se convertiría después en un connotado asesino.

El oficial mandó a detener el vehículo. "No pueden seguir, tienen que virar" Pero cuando yo bajo del camión -explica Cumplido- me dice: ¿qué tú haces aquí? Yo vengo al frente del grupo, tenemos la tarea de llevar el cadáver hacia Nuevitas para que los trabajadores y el pueblo le den sepultura.

"¡Ah, no!, exclamó Salas Cañizares. Pero los guajiros estaban enardecidos, con los machetes en alto. Viendo lo que podía pasar. Dijo: Está bien, sigan, no quiero problemas.

EN NUEVITAS

Más de 24 horas transcurrieron desde el asesinato hasta la llegada del cadáver al muelle de Nuevitas, donde aguardaban numerosas personas. Posteriormente, lo trasladaron para el local del Sindicato de los Marinos, junto al céntrico parque Salvador Cisneros.

"El pueblo respondió al llamamiento de acompañar el cadáver, que estuvo sepultado en el cementerio de Nuevitas hasta después del triunfo de la Revolución, en que lo trasladan para El Mije, cercano al lugar donde lo asesinaron".

Cumplido cuenta cómo por la insistencia de los hermanos Gutiérrez, fogonero mayor uno, y fogonero de patio, el otro, de los talleres ferroviarios de Nuevitas, se gestó el movimiento de apoyo a la lucha campesina de Sabino: una vanguardia homogénea, pero con personas de diferentes tendencias ideológicas y partidos.

De Sabino le queda a Cumplido el recuerdo de "un compañero muy humilde, honesto y honrado. La lucha de él era para mejorar a sus compañeros; al extremo que mejores tierras y mejores viviendas que las que él tenía, se las proporcionaba a otros campesinos. Era una gente como pocas. Un hombre prácticamente sin instrucción, pero con una inteligencia natural y unas condiciones de dirigente magníficas".

En aquella etapa, rememora Cumplido (quien reside hoy en la ciudad de Camagüey y ostenta la condición de Combatiente de la Lucha Clandestina y militante del Partido), los tribunales y los jueces estaban amañados. El proceso de Sabino se declaró como riña tumultuaria y los asesinos salieron absueltos.

pixelb.gif (34 bytes)