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Festival de Cádiz

Una de cal y una de arena

Jorge Ignacio Pérez
Enviado especial de Granma

CADIZ, España.-Es cierto que, en líneas generales, existen similitudes entre La Habana y esta ciudad, sobre todo echando un vistazo nocturno a lo largo del malecón gaditano. Aunque los nativos se empeñen en repetir que la diferencia estriba en que Cádiz tiene más "salero", aquí corren días absolutamente mestizos y cada país participante en el Festival Iberoamericano aporta sus esencias mediante el teatro.

Mucho hay para ver -desde el patetismo de La Zaranda con la obra Cuando la vida eterna se acabe, muy bien artísticamente, pero asfixiante su manera de narrar algunas circunstancias existenciales del ser humano, hasta el interesante experimentalismo del equipo puertorriqueño nombrado Aguas, Sol y Sereno: una parodia inspirada en la desmesura del desarrollo urbanístico de esa isla antillana en los últimos cuarenta años. Una de cal y una de arena, su título, denuncia cómo se está destruyendo la naturaleza en las modernas urbes.

Con un sistema de códigos cerrados que imbrica muy bien la galería de personajes creados por Shakespeare para La Tempestad con figuras de la mitología africana en el Caribe, el grupo habanero Buendía fue gratamente recibido en dos funciones. Aunque la propuesta escénica requiere, para su entendimiento cabal, de un mínimo de referencias históricas y conceptuales, no es menos cierto que el espectáculo se defiende por sí solo desde el lado visual, y además del excelente trabajo de máscaras realizado por el joven artista plástico Alberto Velázquez, la música en vivo, percusión fundamentalmente, resulta un atractivo de primer orden en la vieja Europa.

En un diálogo sostenido con Granma, Pepe Bablé, director del Festival de Cádiz, se refirió a la naturalidad de los procesos creativos cubanos como uno de los rasgos fundamentales que hay que tener en cuenta. Cuba hoy tiene mucho que decir al mundo, según las palabras de este hombre de teatro que, además de seleccionar las obras más sólidas en la escena de Iberoamérica, dirige la compañía de la Tía Norica, una de las agrupaciones de títeres más antiguas de Europa.

Avidos por conocer cada vez más sobre Cuba, los andaluces, en sentido general, y los gaditanos en particular, este año tienen a su alcance una síntesis de nuestra cultura mediante el proyecto multidisciplinario Cuba, un lugar del mundo, compendio de plástica, artesanía, materiales audiovisuales, narración oral, música y fotografía que el director del Festival concibe como muestra transversal dentro de todo el ámbito teatral que aquí se vive.

Como mismo se celebraron aquí los veinte años de La Zaranda, agrupación local con amplio prestigio en toda la península y que visitara a Cuba recientemente con el espectáculo exhibido en este Festival, otro homenaje fue el de ayer en la noche, ofrecido a la delegación de la Isla por el Día de la Cultura Cubana. El protagonista, precisamente el Teatro de la Tía Norica, nos acercó un interesante montaje con muñecos, una puesta representativa de los actos sacramentales del siglo XVII.

Todavía queda mucho por ver y no son pocos los que han sacado entradas para Alto riesgo, el conocido montaje del cubano Eugenio Hernández Espinosa reservado para el próximo sábado, día que cierra el Festival.

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