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Las 27 000 caballerías de caña
Siembra que marca un rumbo
Hacía 17 años que no se lograba un resultado
así. Aumenta la población agrícola y
disminuyen las pérdidas. Aun las campañas siguientes deben ser superiores en la calidad
Juan Varela Pérez
El éxito de una siembra de caña no está dado solo por el cumplimiento del plan o la extensión del área que se plante.
Resultados supuestamente favorables, según los números, se han visto empañados por altos niveles de pérdidas -a veces cercanos al 30 por ciento- que reducen las posibilidades productivas, comprometen el futuro y se convierten en un inútil escape de recursos e insumos.
Haber rebasado este año las 27 000 caballerías es quizás la noticia más importante y alentadora en el sector. Sirven para poner en marcha un programa encaminado a renovar, en corto plazo, las cepas de pobres rendimientos que en algunas provincias -Cienfuegos, por ejemplo- no llegaron en la zafra pasada ni a 26 000 arrobas por caballería.
Por tratarse de una plantación permanente cualquier deficiencia en el proceso, que va desde la preparación de la tierra hasta el tape de la semilla, influirá negativamente sobre el rendimiento agrícola durante las cinco zafras siguientes.
Al reponerse un área lo vital es tener en ella una población superior al 90 por ciento. Si en un campo se logra esto podrá entonces conseguirse, además de un potente arrobaje-promedio, superior efectividad en el control de las malezas y una cosecha donde macheteros y operarios de equipos disfruten, en su productividad, de esa ventaja.
¿Qué calificación puede dársele a la siembra de este año? ¿En qué categoría incluirla?
Cualquier análisis de este tipo debe empezar por el fundamento base de la campaña: sembrar. Y lo sembrado hasta ayer supera ampliamente lo que se alcanzó en los últimos 17 años y duplica lo que se hizo, digamos, en 1993. En ese período fueron plantadas 13 510,4 caballerías, perdiéndose el 33 por ciento.
Pero ¿y la calidad de ahora? La mejoría es innegable, las cifras obtenidas bastarían para respaldar este criterio: las pérdidas de hoy son muy inferiores en proporción y en área física, aunque lejos de lo óptimo.
Técnicos del Ministerio del Azúcar consideran, por los antecedentes que tienen de las unidades y complejos, que la población agrícola mantiene rango del 85 por ciento (promedio) y pudiera incrementarse mediante una oportuna y saludable resiembra.
El esfuerzo se concentra, precisamente, en aumentar la disciplina, la exigencia, disponer de las semillas adecuadas y crear condiciones para disminuir al mínimo las pérdidas. En la anterior primavera de 15 678,7 caballerías se perdieron 2 659,8 (el 17 por ciento), una baja sensible, por lo que ningún cañero puede sentirse conforme.
La mayor parte de esas pérdidas se localiza en Camagüey, Holguín y Ciego de Avila. Una severa sequía en la etapa mayo-junio privó a esos territorios de haber mostrado un balance mejor. Ante los primeros aguaceros abrieron los frentes de siembra y después la lluvia se retiró.
La siembra de caña representa la mayor inversión anual en la rama azucarera y para el agricultor de base no hay tarea de más importancia económica y productiva.
Por eso la gestión económica de una entidad no podrá ser satisfactoria, por muchas medidas que se tomen, si las fuertes inversiones que se realizan en la siembra no dan los frutos esperados.
La situación que muestran hoy las plantaciones cañeras demanda repetir varias campañas así incluso con mejoría en la calidad. Cada vez que se ha obtenido un aumento importante en la producción anual de caña se relaciona con elevados niveles de siembras y atenciones culturales en su justo tiempo. Y, por lo general, ha coincidido, como ahora, con apreciables niveles en la campaña de frío esas que al decir del sabio cubano Alvaro Reynoso, son las que levantan ingenios.
Hasta ayer se habían plantado de frío 11 645,8 caballerías y el promedio mayor de los últimos años data del quinquenio 1986-90 cuando se lograron 9 812,4 caballerías. Los pronósticos de pérdidas son pequeños.
Muchos héroes anónimos pudieran mencionarse, pero creo que el personal de la maquinaria merece una distinción especial. No solo por lo que hicieron, sino por el espíritu de consagración que demostraron cuando muchos pensaron que sería imposible roturar, preparar y alistar tanto suelo e, incluso, cerrar el año con buena parte de las tierras de la primavera del 98 en movimiento.
La política, la línea a seguir, es establecer en cada caso el compromiso básico de la siembra con la producción de caña que se espera de ella que no es -entiéndase bien-, tener tal área, sino la caña que se necesite sacar de ella. Eso es lo fundamental. La cuenta primera es con los millones de arrobas de caña a moler. De ahí se desprende todo lo demás.
Una siembra de 27 000 caballerías pudiera dar entre 1 200 ó 1 500 millones de arrobas, de los cuales una parte se destina para semilla.
En un recuento final hay elogios para Las Tunas por haber implantado récord en frío con màs de 1 700 caballerías; la alta población de los espirituanos y las bajas pérdidas de La Habana, Villa Clara y Santiago de Cuba.
La casi totalidad de las provincias cumplen el plan técnico-económico del año y las que no lo consiguen se aproximan y merecen igual reconocimiento por el volumen de lo sembrado. Tal es el caso de Camagüey, que sobrepasa las 3 500 caballerías.
Lo realizado este año evidencia, ante todo, que programas así son posibles e, incluso, superiores. Y en la medida en que seamos capaces de aprovechar el momento óptimo de la siembra el resultado dará un paso de avance cuantitativo y cualitativo.
La jornada que concluyó este 31 de diciembre ha servido como "entrenamiento" para los nuevos compromisos que conducirán hacia el objetivo supremo: tener más caña y alcanzar la composición de cepas que garanticen, con estabilidad, el futuro azucarero y las producciones que el país y su economía necesitan.