 Declaración del Gobierno de Cuba
El problema no es sólo llorar por los que han muerto, sino
ocuparnos de salvar a aquellos que silenciosamente mueren cada año
Texto de la declaración dada a conocer ayer en Tegucigalpa,
Honduras, en nombre del Gobierno cubano por el canciller Roberto Robaina
Los gobiernos de Centroamérica, en reunión de emergencia sostenida
en El Salvador el 9 de noviembre, solicitaron a la comunidad internacional un conjunto de
medidas para la rehabilitación y reconstrucción de los países de su región
trágicamente afectados por los devastadores efectos del huracán Mitch.
Cuba apoyó de inmediato las siete medidas solicitadas a la
comunidad internacional por los gobiernos centroamericanos, canceló la deuda contraída
por Nicaragua con Cuba, único país de Centroamérica que tenía obligaciones pendientes
con el nuestro, ascendentes a 50,1 millones de dólares, y expresó su disposición a
poner gratuitamente al servicio de los países centroamericanos afectados por el huracán,
por el tiempo que se requiriese, todo el personal médico que fuese necesario.
Estamos conscientes de que nuestro aporte es muy modesto, pero no
ignoramos que el hecho de que lo realice un país pobre y con grandes dificultades
económicas como Cuba, se convierte en un estímulo para todos aquellos que, disponiendo
de más recursos, puedan contribuir a la reconstrucción y al desarrollo en la medida en
que lo requieren y lo merecen varios de los países más pobres y sufridos de este
hemisferio.
Como no puede haber reconstrucción y desarrollo económico sin un
programa integral de salud en una región donde -excluyendo a Costa Rica, que goza de un
buen índice de salud- mueren en conjunto cada año más de 50 mil personas, en su inmensa
mayoría menores de 5 años, que pudieran salvarse con un costo económico relativamente
modesto, Cuba reitera que, si uno o varios países que dispongan de más recursos aportan
los medicamentos necesarios, estaría dispuesta a enviar el personal médico que haga
falta para llevar a cabo a corto y mediano plazos un programa integral de salud en los
países afectados por el huracán Mitch. Suponiendo que hayan perecido, entre muertos y
desaparecidos, 30 mil personas sumando los de Honduras, Nicaragua, Guatemala y El
Salvador, con el programa que Cuba propone podrían salvarse cada año tantas vidas como
las que se perdieron en el huracán Mitch, de ellas no menos de 25 mil niños de 0 a 5
años de edad.
Ya se encuentran en Honduras, laborando en los lugares más
complejos o distantes, cuatro brigadas médicas cubanas. Mañana arribará la quinta. Dos
laboran ya igualmente en Guatemala. Un total de más de 100 médicos de distintas
especialidades y personal auxiliar se encuentran en esos dos países, prestando servicios
de emergencia.
Cuba está dispuesta al envío inmediato y gratuito de 2 000
médicos a Honduras, Guatemala y cualquier otro país que lo requiera, de los afectados
por el huracán, para prestar servicios por tiempo indefinido en los lugares más
apartados que carezcan de asistencia médica directa, trabajando en estrecha cooperación
con los organismos internacionales de la salud, médicos del país y la red de
policlínicos y hospitales nacionales.
Cuba ofrece, además, 500 becas cada año para jóvenes
centroamericanos que deseen estudiar Medicina en nuestro país.
Recabaremos el apoyo de otros países latinoamericanos para que
presten su cooperación a este programa.
Si España, país que tan generosamente ha acordado una cuantiosa
cooperación a la reconstrucción y el progreso de Centroamérica y muestra una especial
sensibilidad por los intereses de América Latina, decide participar en este programa,
podríamos calificarlo como "Programa Iberoamericano para el desarrollo integral de
la salud en los países centroamericanos afectados por el huracán".
Apreciamos con satisfacción cómo numerosos gobiernos,
organizaciones y pueblos brindan de diversas maneras su solidaridad y apoyo a las naciones
centroamericanas para que puedan recuperarse y levantar sus golpeadas economías.
El huracán permanente de la pobreza y el subdesarrollo mata cada
año decenas de miles de centroamericanos cuyos cadáveres no aparecen en las imágenes de
televisión, flotando en las aguas o envueltos en el lodo, conmoviendo al mundo. Son
enterrados en silencio por sus familiares sin que nadie se entere. El problema ahora no es
sólo llorar por los que han muerto, sino ocuparnos de salvar a aquellos que
silenciosamente mueren cada año. |