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Cooperación y responsabilidad

Cuidado del patrimonio
bibliográfico de la nación

Pedro de la Hoz

Sí, como bien se ha dicho, la cultura es el alma de la nación, el libro es una de sus huellas visibles, memoria de sí misma y de sus vínculos con el mundo. Conservar ese patrimonio cuesta, implica esfuerzos, recursos, la aplicación estricta de medidas técnicas y legales, y, sobre todo, conciencia para luchar contra la destrucción, el deterioro y el vandalismo. Justo en estos momentos, los más difíciles de la economía del país, la Biblioteca Nacional José Martí, institución que atesora los más valioso fondos patrimoniales de este tipo y, a la vez, encargada de definir la política de conservación, encuentra fórmulas para asegurar la sobrevivencia de sus libros y documentos y contribuir a la salvación de los que poseen otras entidades.

Un problema básico a punto de quedar definitivamente resuelto lo es la climatización de la propia Biblioteca Nacional, inversión costosa si se tiene en cuenta la tecnología que ha debido adquirirse para mantener de manera continua determinados parámetros de humedad y temperatura en los depósitos bibliográficos, los cuales preservan más de tres millones de libros, publicaciones seriadas, manuscritos, mapas, fotografías y estampas. En el primer trimestre del próximo año debe quedar concluida la inversión. Entretanto, los valiosos fondos del departamento de Música se resguardan en condiciones climáticas óptimas gracias a la generosa contribución financiera personal del trovador Silvio Rodríguez.

Sin la cooperación responsable y solidaria, estas acciones no se pudieran concretar. El concurso del Centro Nacional de Conservación, Restauración y Museocología (CENCREM) ha sido decisivo para el diagnóstico de las necesidades y la planificación de los trabajos de salvación de colecciones y fondos.

La Oficina del Historiador de la Ciudad asumió la restauración y climatización de la biblioteca provincial Rubén Martínez Villena, institución de relevante importancia para la vida cultural del centro histórico de la capital, dotó a la Biblioteca Nacional de los equipos para el procesamiento digital de los fondos patrimoniales y se sumó a los aportes del Fondo para el Desarrollo de la Cultura y la educación (FODCE), el Consejo Nacional de Patrimonio y la UNESCO para la habilitación del necesario taller de conservación, restauración y encuadernación que no solo prestará servicios a las colecciones de la BNJM sino a todas las bibliotecas del país. El FODCE ha asignado recursos para la distribución de materiales de conservación entre las bibliotecas provinciales.

Para garantizar el útil y verdadero uso científico de los documentos, la BNJM puso en vigor un nuevo reglamento para el acceso a los valores patrimoniales y abrió un gabinete para la conservación de materiales especiales.

En el orden legal y práctico será decisiva la labor que desempeñe la Oficina de Patrimonio Bibliográfico de la BNJM encargada, entre otras misiones, de hacer cumplir lo estipulado en la Ley de Depósito, de registrar los libros y colecciones de valor, y de regular, junto al Registro de Bienes Culturales del Consejo Nacional de Patrimonio, la exportación de documentos.

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