"¡Mamá, me mordió!..."

José A. de la Osa
delaosa@ceniai.inf.cu

Yaly Libertad Bordiez Lavín, con 9 años de edad, se levantó precipitadamente de su cama en horas de la madrugada, como quien es víctima de una pesadilla, gritando a viva voz: "¡mamá, me mordió, mamá, me mordió!"

Su madre Rafaela, sobrepasado el susto de los primeros momentos, con mimos y palabras amorosas logró en minutos el sosiego de su hija, la que al cabo le mostró, ciertamente, una mordida en su brazo izquierdo.

Rafaela Lavín, especialista en Medicina General Integral y vecina de Jagüey Grande, con sagacidad profesional comprendió al instante lo que me revela ahora: se trataba de un "chupón" ocasionado por un murciélago que, al parecer, había penetrado y también desaparecido por la ventana del cuarto.

Para hablar de Cuba, en la trasmisión de la rabia, los reservorios son los perros y gatos, la mangosta y los murciélagos, fundamentalmente.

Según criterio del doctor Raúl Cruz de la Paz, jefe del Programa Nacional de Zoonosis del Ministerio de Salud Pública, los cubanos tienen conciencia plena de que cuando los muerden perros o gatos, e incluso la mangosta, acuden al médico de inmediato, lo que, por otra parte, constituye la única vía para impedir la aparición de la rabia.

Sin embargo, no se percibe aún con similar nitidez los peligros que se corren de contraer la enfermedad cuando la persona es mordida por un murciélago.

Porque, y es necesario subrayarlo, una vez que aparecen las primeras manifestaciones de rabia es prácticamente inevitable la muerte, independientemente de la calidad de atención que se brinde a estos pacientes.

Yaly Libertad sigue gozando de muy buena salud, porque su madre, conocedora de los peligros que comportan estas "mordeduras", actuó con la celeridad que se demanda.

El tratamiento local de la herida es de suma importancia, y puede evitar muchos casos de rabia al eliminar o inactivar el virus inoculado. Se recomienda por ello lavar la herida lo antes posible bajo un chorro fuerte de agua y limpiarla con agua y jabón, o con agua y un detergente. Y establecer la terapéutica adecuada acudiendo al médico sin pérdidas de tiempo.

Esa es, sencillamente, la clave para salvaguardar la vida, porque el tratamiento antirrábico oportuno evita la enfermedad. Las vacunas que se administran son, además, muy efectivas y no presentan contraindicación.

En Cuba, después de una década de "silencio epidemiológico" (1977-1987), la rabia humana reemergió en 1988, y de entonces hasta la fecha se han reportado siete fallecidos, como consecuencia principalmente de la mordedura de murciélagos no hematófagos (chupadores de sangre).

No se trata -¿alguien lo podría pensar?- de establecer una campaña para eliminar a estas valiosas especies de nuestro ecosistema, de las cuales 20 (de las 27 existentes en Cuba) son insectívoras, sino de ganar colectivamente en la necesaria percepción de riesgo para, al igual que hacemos cuando la mordida proviene de un perro o un gato, acudir con URGENCIA al médico cuando el causante sea un murciélago.

No correrá entonces peligro la vida humana.

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