 Batir incesantemente al enemigo

LUIS ROSADO EIRO
Instituto de Historia de Cuba
LA DERROTA de la Ofensiva de Verano le proporcionó al
Ejército Rebelde una victoria estratégica, a la vez que creó las condiciones para que
de inmediato la Comandancia General del Ejército Rebelde iniciara los preparativos de la
Ofensiva Final revolucionaria que diera al traste con la tiranía batistiana.
Dentro de los preparativos, ocupó un lugar importante la
ampliación del Teatro de Operaciones Militares (TOM), y en éste, la invasión al centro
y occidente del país desempeñaría un papel singular, dado por los objetivos políticos
y militares que perseguía.
PREPARATIVOS Y PARTIDA
La idea de enviar fuerzas rebeldes a las provincias de Pinar del
Río y Las Villas estuvo presente en los planes del Comandante en Jefe y el Che. Desde los
momentos en que Camilo se encontraba operando en los llanos del Cauto, el Che expresaba su
intención de proponerle a Fidel la formación de dos columnas invasoras y días después
le confesaba "... te aviso que tenemos, con el mandamás, un proyecto bonito mediante
el cual plantarás la maceíca bandera en Pinar del Río y yo laburaré (sic) a Máximo
como corresponde..."
De igual forma el Comandante en Jefe en carta enviada al comandante
Raúl Castro el 1 de julio le expresaba: "...Estamos en gestiones, de lo que espero
los mayores frutos para fortalecer todos los frentes y extender la guerra a
Occidente..." Y el 18 de agosto en su informe por Radio Rebelde anunciaba
"...Las columnas rebeldes avanzarán en todas direcciones hacia el resto del
territorio nacional sin que nada ni nadie las pueda detener...".
Una vez derrotada la ofensiva se crean las condiciones que permiten
concretar estos planes: algunas armas y municiones les han sido arrebatadas al enemigo.
Existen combatientes, jefes y oficiales con experiencia combativa y una moral muy alta. En
el país reina un ambiente insurreccional y las grandes masas apoyan al Ejército Rebelde.
Inmediatamente después de la victoria estratégica, el Comandante
en Jefe designa a los comandantes Camilo Cienfuegos Gorriarán y Ernesto Guevara de la
Serna para que organicen y dirijan las Columnas Invasoras No. 2 Antonio Maceo y No. 8 Ciro
Redondo, respectivamente, en cumplimiento de los planes estratégicos del Ejército
Rebelde. La primera columna debía trasladarse hasta la provincia de Pinar del Río y la
No. 8 avanzaría hasta Las Villas. Ambas, al llegar a sus zonas de operaciones deberían
establecer un frente guerrillero permanente y de inmediato combatir incesantemente al
enemigo.
Para reeditar la campaña invasora de Gómez y Maceo el Comandante
en Jefe escogió a dos de sus más destacados oficiales, poseedores de cualidades
políticas, morales y humanas idóneas para una empresa de tal envergadura.
Si el Generalísimo designó al Titán de Bronce para conducir la
invasión por la absoluta confianza que le profesaba, sus dotes de conductor de
combatientes y su probada lealtad a la causa que defendía, Fidel escoge a Camilo y Che
por ser ambos revolucionarios íntegros, combatientes capaces y arrojados, fogueados en
las más complejas y difíciles circunstancias. Honestos en sus pensamientos y
representantes de los intereses de su pueblo.
Los comandantes Camilo Cienfuegos y Ernesto Guevara realizaron
numerosas reuniones con los combatientes e insistieron en el carácter absolutamente
voluntario de la nueva misión, en la necesidad de observar una rigurosa disciplina y
estar conscientes que en lo adelante estarían sometidos a pruebas muy duras: bombardeos y
ametrallamientos de la aviación, sin poder contar con medios de protección, constantes
acciones combativas enemigas con fuerzas superiores, permanecerían en lugares donde las
condiciones del terreno no les serían favorables, así como la posibilidad de poca y
escasa alimentación.
Ambos se ocuparon de que los escogidos gozaran de buenas condiciones
físicas y una alta moral combativa, pues los sacrificios, dificultades y necesidades que
podían encontrar, solo serían vencidas por hombres imbuidos de una alta moral.
La columna No. 2 quedó integrada por 92 combatientes, estructurados
en tres pelotones: vanguardia, centro y retaguardia bajo el mando de los capitanes Orestes
Guerra González, William Gálvez Rodríguez y Antonio Sánchez Díaz (Pinares),
respectivamente, y el doctor Sergio del Valle Jiménez como médico.
La columna invasora No. 8 estuvo formada por 142 combatientes,
agrupados en cinco pelotones. Vanguardia y avanzada, subordinados a los capitanes Herman
Mark y Joel Iglesias Leyva, respectivamente. Le seguían las escuadras de comandancia y la
médica, con los tenientes Miguel A. Alvarez y Oscar Fernández Mell, y los pelotones
cuatro y cinco (retaguardia) dirigidos por los capitanes Angel Frías Roblejo y José
Ramón Silva Berroa, Ramiro Valdés Menéndez fue designado segundo jefe de la columna.
A su paso por los llanos del Cauto, Camilo decidió dejar en estos
lugares a varios combatientes, algunos de los cuales se habían enfermado, y parte de este
lugar con 74 compañeros.
Resulta interesante significar que los integrantes de la columna No.
2 en su mayoría eran experimentados guerrilleros, veteranos de las campañas militares de
1957 y participantes, muchos de ellos, de la campaña en los llanos del Cauto, y en la
reciénte Ofensiva de Verano. Por su parte, los combatientes de la No. 8 en su mayoría
procedían de la escuela de reclutas de Minas del Frío, aunque sus oficiales tenían una
mayor experiencia.
El 21 de agosto y el 31 del propio mes desde El Salto y El Jíbaro,
respectivamente, parten las columnas invasoras hacia el centro y occidente del país, en
cumplimiento de los planes estratégicos de la Comandancia General del Ejército Rebelde.
Aún cuando el Comandante en Jefe se preocupó y ocupó porque ambas
columnas fueran dotadas de los aseguramientos necesarios, las limitaciones de armas,
municiones, alimentos y vestuarios, y la no llegada de expediciones que se esperaban del
exterior impidieron que se lograra.
Por esta razón, Camilo y Che manifestaban que, pese a ello,
aquellas columnas cumplirían sus misiones, ya que la cantidad de armamento y hombres no
era lo que determinaba la victoria, sino, la calidad de los combatientes, la moral, las
convicciones, la fé absoluta en el pueblo y lo justo de la causa que se defendía y el
ejemplo de los mártires de la Revolución.
RECORRIDO
Apenas las columnas invasoras abandonaron las estribaciones de la
Sierra Maestra un ciclón azotó las provincias orientales y los efectos de la lluvia de
inmediato se hicieron sentir. Caminos y terraplenes se tornaron intransitables, tanto para
los vehículos, que en principio utilizaron los combatientes de la columna No. 8, como
para otros que, empleando animales o por sus propios medios, apenas podían avanzar.
Simultáneamente, los pequeños arroyos y cañadas se convirtieron
en anchos y caudalosos ríos originando un serio obstáculo para la marcha, situación que
se agravaba por la escasez de alimentos aún cuando la población campesina, especialmente
en la provincia de Oriente, los ayudó.
Estas condiciones climáticas repercutieron negativamente en los
invasores, pues provocó el agotamiento físico por el esfuerzo y la aparición de
lesiones y enfermedades.
No obstante, los jefes rebeldes mantuvieron en sus filas una
estricta disciplina, observaron todas las medidas de seguridad tanto durante el
desplazamiento como en las paradas y campamentos y ello contribuyó al éxito de la
operación. Al abandonar las zonas montañosas, el recorrido se realizó en horarios
nocturnos, y de día se descansaba con lo que se lograba evadir la observación aérea
enemiga y las posibles delaciones. Asimismo, la exploración fue constante, como el
establecimiento de emboscadas y la labor de inteligencia, desconfiando de todo
desconocido. No utilizando las carreteras ni caminos que controlaba el ejército, pues aun
cuando los rebeldes debían rechazar al enemigo las veces que se interpusiera, su misión
fundamental era llegar a su destino, por lo que, en lo posible, debían evitar los
combates.
Al llegar a la provincia de Camagüey y durante todo el recorrido
por esta provincia, las condiciones del terreno, la acción del enemigo y las
características de la zona cambiaron negativamente. En primer lugar, al enemigo tener
conocimiento de la salida de las columnas, tomó un conjunto de medidas para impedir su
paso, así fueron patrullados los caminos y carreteras, se establecieron emboscadas de
contención y aniquilamiento en lugares claves, se intensificaron los patrullajes aéreos
y más tarde los bombardeos y ametrallamientos.
Un día después de llegar la columna No. 8 a esta provincia, cae en
una emboscada en La Federal, lo que obliga a los combatientes a internarse más al sur y
con ello adentrarse en una zona baja, anegada, infectada de mosquitos y plantas espinosas,
todo lo cual se vio seriamente agravado por grandes aguaceros.
Por este territorio era escasa la población campesina y por tanto
la ayuda fue mínima o deficiente y sus efectos se acentuaban por las medidas de terror
que imponía el ejército. Estas son algunas de las razones por las cuales los
combatientes en más de un mes de permanencia en Camagüey, se alimentaron muy poco y la
sed, el agotamiento, la falta de guías y el continuo accionar del enemigo originó
peligrosas consecuencias. Solo la audacia, inteligencia, firmeza, valentía y alta moral
de los jefes, oficiales y combatientes permitió la hazaña de llegar a la provincia de
Las Villas.
Las columnas invasoras 2 y 8 se vieron obligadas a combatir en, La
Malograda y en la planta Rispol, la primera; y la 8 en La Federal y La Forestal.
Sobre la columna del Che se concentraron los más violentos
bombardeos y ametrallamientos de la aviación. Las dos columnas fueron cercadas en las
proximidades de Baraguá -hoy provincia de Ciego de Avila-, pero también la inteligencia
rebelde se impuso.
El 7 y 12 de octubre las columnas rebeldes llegaron a Las Villas,
cumpliendo así la primera etapa de la misión asignada, pero para ello hubo que lamentar
bajas rebeldes, la población campesina sufrió las represalias de un enemigo impotente;
la salud y estado físico de los combatientes resultaron seriamente dañados; pero la alta
moral y sentido de la responsabilidad, posibilitaron el éxito de la marcha.
También la certera dirección, la correcta apreciación de las
situaciones más difíciles, la voluntad, estoicismo de los combatientes y la ayuda y
cooperación entre ambas columnas también contribuyeron al cumplimiento de la misión.
MISION CUMPLIDA
La alegría y satisfacción de jefes y combatientes de ambas
columnas al llegar a la provincia central evidenció, sin lugar a duda, una enorme
satisfacción por haberse cumplido la misión asignada por Fidel. Sin embargo, la orden no
estaba totalmente cumplida.
Lograr la unidad revolucionaria entre las fuerzas que allí se
enfrentaban a la tiranía, establecer un frente guerrillero permanente, imponer las leyes
y disposiciones del Ejército Rebelde, aplicar el código penal y las leyes agrarias,
organizar unidades de combate, lograr el mando único, batir incesantemente al enemigo en
el territorio central e impedir el traslado de fuerzas y medios del enemigo hacia la
provincia oriental eran, entre otras, las tareas que tenían que cumplir en lo adelante.
Quiso el desarrollo de la guerra y la compleja situación política
entre las fuerzas revolucionarias en Las Villas, que el comandante Camilo Cienfuegos no
prosiguiera la marcha prevista hacia Pinar del Río y su columna permaneciera en esta
provincia y que pudiera así colaborar, apoyar y ayudar a su querido y entrañable jefe y
amigo Che Guevara en tamaña empresa.
Y, efectivamente, con el concurso de las fuerzas del Partido
Socialista Popular y del Directorio Revolucionario y el apoyo incondicional de la
población villareña bajo la dirección del Che, se cumplieron también las tareas
políticas que condujeron a la unidad revolucionaria.
Cuando el primero de enero de 1959 el Comandante en Jefe entra en
Santiago de Cuba, el Che ha tomado Santa Clara, acción esta que contribuyó
significativamente al triunfo.
A 40 años de la brillante invasión de Camilo y Che a la provincia
de Las Villas resulta más trascendental y necesario el estudio y la exaltación de
aquella epopeya militar, devenida símbolo de firmeza, voluntad, arrojo y valentía,
expresión de nuestras tradiciones combativas y revolucionarias y ejemplo de lealtad, amor
e infinita fe en el pueblo. |