Batir incesantemente al enemigo

LUIS ROSADO EIRO
Instituto de Historia de Cuba

ma3-1.jpg (8487 bytes)LA DERROTA de la Ofensiva de Verano le proporcionó al Ejército Rebelde una victoria estratégica, a la vez que creó las condiciones para que de inmediato la Comandancia General del Ejército Rebelde iniciara los preparativos de la Ofensiva Final revolucionaria que diera al traste con la tiranía batistiana.

Dentro de los preparativos, ocupó un lugar importante la ampliación del Teatro de Operaciones Militares (TOM), y en éste, la invasión al centro y occidente del país desempeñaría un papel singular, dado por los objetivos políticos y militares que perseguía.

PREPARATIVOS Y PARTIDA

La idea de enviar fuerzas rebeldes a las provincias de Pinar del Río y Las Villas estuvo presente en los planes del Comandante en Jefe y el Che. Desde los momentos en que Camilo se encontraba operando en los llanos del Cauto, el Che expresaba su intención de proponerle a Fidel la formación de dos columnas invasoras y días después le confesaba "... te aviso que tenemos, con el mandamás, un proyecto bonito mediante el cual plantarás la maceíca bandera en Pinar del Río y yo laburaré (sic) a Máximo como corresponde..."

De igual forma el Comandante en Jefe en carta enviada al comandante Raúl Castro el 1 de julio le expresaba: "...Estamos en gestiones, de lo que espero los mayores frutos para fortalecer todos los frentes y extender la guerra a Occidente..." Y el 18 de agosto en su informe por Radio Rebelde anunciaba "...Las columnas rebeldes avanzarán en todas direcciones hacia el resto del territorio nacional sin que nada ni nadie las pueda detener...".

Una vez derrotada la ofensiva se crean las condiciones que permiten concretar estos planes: algunas armas y municiones les han sido arrebatadas al enemigo. Existen combatientes, jefes y oficiales con experiencia combativa y una moral muy alta. En el país reina un ambiente insurreccional y las grandes masas apoyan al Ejército Rebelde.

Inmediatamente después de la victoria estratégica, el Comandante en Jefe designa a los comandantes Camilo Cienfuegos Gorriarán y Ernesto Guevara de la Serna para que organicen y dirijan las Columnas Invasoras No. 2 Antonio Maceo y No. 8 Ciro Redondo, respectivamente, en cumplimiento de los planes estratégicos del Ejército Rebelde. La primera columna debía trasladarse hasta la provincia de Pinar del Río y la No. 8 avanzaría hasta Las Villas. Ambas, al llegar a sus zonas de operaciones deberían establecer un frente guerrillero permanente y de inmediato combatir incesantemente al enemigo.

Para reeditar la campaña invasora de Gómez y Maceo el Comandante en Jefe escogió a dos de sus más destacados oficiales, poseedores de cualidades políticas, morales y humanas idóneas para una empresa de tal envergadura.

Si el Generalísimo designó al Titán de Bronce para conducir la invasión por la absoluta confianza que le profesaba, sus dotes de conductor de combatientes y su probada lealtad a la causa que defendía, Fidel escoge a Camilo y Che por ser ambos revolucionarios íntegros, combatientes capaces y arrojados, fogueados en las más complejas y difíciles circunstancias. Honestos en sus pensamientos y representantes de los intereses de su pueblo.

Los comandantes Camilo Cienfuegos y Ernesto Guevara realizaron numerosas reuniones con los combatientes e insistieron en el carácter absolutamente voluntario de la nueva misión, en la necesidad de observar una rigurosa disciplina y estar conscientes que en lo adelante estarían sometidos a pruebas muy duras: bombardeos y ametrallamientos de la aviación, sin poder contar con medios de protección, constantes acciones combativas enemigas con fuerzas superiores, permanecerían en lugares donde las condiciones del terreno no les serían favorables, así como la posibilidad de poca y escasa alimentación.

Ambos se ocuparon de que los escogidos gozaran de buenas condiciones físicas y una alta moral combativa, pues los sacrificios, dificultades y necesidades que podían encontrar, solo serían vencidas por hombres imbuidos de una alta moral.

La columna No. 2 quedó integrada por 92 combatientes, estructurados en tres pelotones: vanguardia, centro y retaguardia bajo el mando de los capitanes Orestes Guerra González, William Gálvez Rodríguez y Antonio Sánchez Díaz (Pinares), respectivamente, y el doctor Sergio del Valle Jiménez como médico.

La columna invasora No. 8 estuvo formada por 142 combatientes, agrupados en cinco pelotones. Vanguardia y avanzada, subordinados a los capitanes Herman Mark y Joel Iglesias Leyva, respectivamente. Le seguían las escuadras de comandancia y la médica, con los tenientes Miguel A. Alvarez y Oscar Fernández Mell, y los pelotones cuatro y cinco (retaguardia) dirigidos por los capitanes Angel Frías Roblejo y José Ramón Silva Berroa, Ramiro Valdés Menéndez fue designado segundo jefe de la columna.

A su paso por los llanos del Cauto, Camilo decidió dejar en estos lugares a varios combatientes, algunos de los cuales se habían enfermado, y parte de este lugar con 74 compañeros.

Resulta interesante significar que los integrantes de la columna No. 2 en su mayoría eran experimentados guerrilleros, veteranos de las campañas militares de 1957 y participantes, muchos de ellos, de la campaña en los llanos del Cauto, y en la reciénte Ofensiva de Verano. Por su parte, los combatientes de la No. 8 en su mayoría procedían de la escuela de reclutas de Minas del Frío, aunque sus oficiales tenían una mayor experiencia.

El 21 de agosto y el 31 del propio mes desde El Salto y El Jíbaro, respectivamente, parten las columnas invasoras hacia el centro y occidente del país, en cumplimiento de los planes estratégicos de la Comandancia General del Ejército Rebelde.

Aún cuando el Comandante en Jefe se preocupó y ocupó porque ambas columnas fueran dotadas de los aseguramientos necesarios, las limitaciones de armas, municiones, alimentos y vestuarios, y la no llegada de expediciones que se esperaban del exterior impidieron que se lograra.

Por esta razón, Camilo y Che manifestaban que, pese a ello, aquellas columnas cumplirían sus misiones, ya que la cantidad de armamento y hombres no era lo que determinaba la victoria, sino, la calidad de los combatientes, la moral, las convicciones, la fé absoluta en el pueblo y lo justo de la causa que se defendía y el ejemplo de los mártires de la Revolución.

RECORRIDO

Apenas las columnas invasoras abandonaron las estribaciones de la Sierra Maestra un ciclón azotó las provincias orientales y los efectos de la lluvia de inmediato se hicieron sentir. Caminos y terraplenes se tornaron intransitables, tanto para los vehículos, que en principio utilizaron los combatientes de la columna No. 8, como para otros que, empleando animales o por sus propios medios, apenas podían avanzar.

Simultáneamente, los pequeños arroyos y cañadas se convirtieron en anchos y caudalosos ríos originando un serio obstáculo para la marcha, situación que se agravaba por la escasez de alimentos aún cuando la población campesina, especialmente en la provincia de Oriente, los ayudó.

Estas condiciones climáticas repercutieron negativamente en los invasores, pues provocó el agotamiento físico por el esfuerzo y la aparición de lesiones y enfermedades.

No obstante, los jefes rebeldes mantuvieron en sus filas una estricta disciplina, observaron todas las medidas de seguridad tanto durante el desplazamiento como en las paradas y campamentos y ello contribuyó al éxito de la operación. Al abandonar las zonas montañosas, el recorrido se realizó en horarios nocturnos, y de día se descansaba con lo que se lograba evadir la observación aérea enemiga y las posibles delaciones. Asimismo, la exploración fue constante, como el establecimiento de emboscadas y la labor de inteligencia, desconfiando de todo desconocido. No utilizando las carreteras ni caminos que controlaba el ejército, pues aun cuando los rebeldes debían rechazar al enemigo las veces que se interpusiera, su misión fundamental era llegar a su destino, por lo que, en lo posible, debían evitar los combates.

Al llegar a la provincia de Camagüey y durante todo el recorrido por esta provincia, las condiciones del terreno, la acción del enemigo y las características de la zona cambiaron negativamente. En primer lugar, al enemigo tener conocimiento de la salida de las columnas, tomó un conjunto de medidas para impedir su paso, así fueron patrullados los caminos y carreteras, se establecieron emboscadas de contención y aniquilamiento en lugares claves, se intensificaron los patrullajes aéreos y más tarde los bombardeos y ametrallamientos.

Un día después de llegar la columna No. 8 a esta provincia, cae en una emboscada en La Federal, lo que obliga a los combatientes a internarse más al sur y con ello adentrarse en una zona baja, anegada, infectada de mosquitos y plantas espinosas, todo lo cual se vio seriamente agravado por grandes aguaceros.

Por este territorio era escasa la población campesina y por tanto la ayuda fue mínima o deficiente y sus efectos se acentuaban por las medidas de terror que imponía el ejército. Estas son algunas de las razones por las cuales los combatientes en más de un mes de permanencia en Camagüey, se alimentaron muy poco y la sed, el agotamiento, la falta de guías y el continuo accionar del enemigo originó peligrosas consecuencias. Solo la audacia, inteligencia, firmeza, valentía y alta moral de los jefes, oficiales y combatientes permitió la hazaña de llegar a la provincia de Las Villas.

Las columnas invasoras 2 y 8 se vieron obligadas a combatir en, La Malograda y en la planta Rispol, la primera; y la 8 en La Federal y La Forestal.

Sobre la columna del Che se concentraron los más violentos bombardeos y ametrallamientos de la aviación. Las dos columnas fueron cercadas en las proximidades de Baraguá -hoy provincia de Ciego de Avila-, pero también la inteligencia rebelde se impuso.

El 7 y 12 de octubre las columnas rebeldes llegaron a Las Villas, cumpliendo así la primera etapa de la misión asignada, pero para ello hubo que lamentar bajas rebeldes, la población campesina sufrió las represalias de un enemigo impotente; la salud y estado físico de los combatientes resultaron seriamente dañados; pero la alta moral y sentido de la responsabilidad, posibilitaron el éxito de la marcha.

También la certera dirección, la correcta apreciación de las situaciones más difíciles, la voluntad, estoicismo de los combatientes y la ayuda y cooperación entre ambas columnas también contribuyeron al cumplimiento de la misión.

MISION CUMPLIDA

La alegría y satisfacción de jefes y combatientes de ambas columnas al llegar a la provincia central evidenció, sin lugar a duda, una enorme satisfacción por haberse cumplido la misión asignada por Fidel. Sin embargo, la orden no estaba totalmente cumplida.

Lograr la unidad revolucionaria entre las fuerzas que allí se enfrentaban a la tiranía, establecer un frente guerrillero permanente, imponer las leyes y disposiciones del Ejército Rebelde, aplicar el código penal y las leyes agrarias, organizar unidades de combate, lograr el mando único, batir incesantemente al enemigo en el territorio central e impedir el traslado de fuerzas y medios del enemigo hacia la provincia oriental eran, entre otras, las tareas que tenían que cumplir en lo adelante.

Quiso el desarrollo de la guerra y la compleja situación política entre las fuerzas revolucionarias en Las Villas, que el comandante Camilo Cienfuegos no prosiguiera la marcha prevista hacia Pinar del Río y su columna permaneciera en esta provincia y que pudiera así colaborar, apoyar y ayudar a su querido y entrañable jefe y amigo Che Guevara en tamaña empresa.

Y, efectivamente, con el concurso de las fuerzas del Partido Socialista Popular y del Directorio Revolucionario y el apoyo incondicional de la población villareña bajo la dirección del Che, se cumplieron también las tareas políticas que condujeron a la unidad revolucionaria.

Cuando el primero de enero de 1959 el Comandante en Jefe entra en Santiago de Cuba, el Che ha tomado Santa Clara, acción esta que contribuyó significativamente al triunfo.

A 40 años de la brillante invasión de Camilo y Che a la provincia de Las Villas resulta más trascendental y necesario el estudio y la exaltación de aquella epopeya militar, devenida símbolo de firmeza, voluntad, arrojo y valentía, expresión de nuestras tradiciones combativas y revolucionarias y ejemplo de lealtad, amor e infinita fe en el pueblo.

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