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Pequeña Pantalla

Aguas pasadas mueven corazones

Pedro de la Hoz

No caben dudas: este verano en televisión se recordará en lo adelante por la telenovela colombiana Las aguas mansas y el estreno del espacio dominical Su noche con Alfredo. El culebrón paraliza literalmente a la isla entre las tres y las cuatro y media de la tarde y la gente suspira complacida ante cada emisión del telespectáculo que conduce Alfredo Rodríguez.

Una crítica medianamente exigente encontraría fallos de realización en el material sudamericano, desde unos diálogos imposibles hasta una puesta en pantalla mediocre, sin olvidar ciertas actuaciones encartonadas que restan convicción a los protagónicos. Pero sería una crítica inmanente, ajena a una verdad incuestionable: Las aguas mansas gustan, atrapan, empapan al televidente. De manera que más vale comentar cómo, por encima de consideraciones artísticas, la estética de la telenovela comunica con un vasto público.

A grandes rasgos me atrevería a situar esa sintonía en el orden de la continuidad de una tradición narrativa que desde la era del folletín hasta hoy ha mostrado eficacia: la incógnita de un ayer nebuloso, las rivalidades familiares, las triangulaciones amorosas, en un contexto de intrigas, suspenso, chismes, maldiciones y sospechas, ejercen una apasionante seducción.

Al telespectador no le interesa cómo se cuentan las cosas, sino qué sucederá y por qué sucedieron. En otras palabras, todos, protagonistas y público, necesitan reconstruir el pasado y conquistar el futuro (si es feliz, mucho mejor), escamoteando el presente de la historia, a costa de sacrificar las imágenes y los conflictos que se representan en pantalla, únicamente aceptables como simples pretextos para saber cuáles fueron los caminos que nos llevarán al desenlace. La sombra -evidentemente un caso como para Sherlock Holmes- que se proyecta en los orígenes de los hermanos Reyes, la malevolencia casi genética de Doña Gabrielita, las veleidades sentimentales de Sofía y Ximena, la ambigüedad ética de Damián, la evolución heroica de Fernando hacia la comprensión de la vida, son piezas de un rompecabeza que no por previsible deja de atraer, sin contar con lo que, a mi juicio, es el elemento dramático de mayor originalidad, el tránsito de una parte de los conflictos por una casa de modas de los 50, con un modisto deliciosamente inefable.

Esa fórmula, cuidadosamente dosificada, se halla implícita en una estrategia de comunicación válida tanto para Los misterios de París, de Eugenio Sue, como para El derecho de nacer, de Félix B. Caignet, y forma parte -de ahí su vigencia, a pesar de que la tradición folletinesca en los medios de difusión sufriendo una ruptura salvada en los últimos años más por la radio que por la TV- de la psicología social del cubano, de su interés por el prójimo, de conocer de dónde vino y en qué acabará.

Otro factor que pesa en el extraordinario fenómeno de recepción de Las aguas mansas radica en su inserción en el diseño de programación de nuestra TV. Es, en propiedad, la única telenovela en el aire, puesto que El eco de las piedras, es una teleserie dramática que desborda los códigos del género y Amigas para siempre responde a una variante ligera, con matices didácticos, del género, más cerca de un compendio novelado de educación sentimental que del torbellino de intrigas y pasiones de toda telenovela que se respeta. Dicho de otro modo, Las aguas mansas compite contra sí misma, con el viento a favor de un enfoque dramático que legitima ciertas convenciones discursivas -ficticias o reales, noveladas o simplemente extraídas de la crónica diaria, de lo que puede ocurrirle a nuestros vecinos de enfrente o al lado, o a nosotros mismos- fuertemente arraigadas en el imaginario popular.

Nuestro público se ha quejado del horario de esta telenovela y no le falta razón: Amigas para siempre, en el esquema tradicional de otras televisoras latinas y con algunas escenas de menos, ocuparía el turno vespertino, mientras que Las aguas mansas, por la carga de morbo que posee, rebasaría la llamada de la Calabacita. Pero a falta de caldo tendrá muy pronto tres tazas de Café colombiano, pues así se titula la telenovela de ese país sudamericano que ocupará el espacio de la serie brasileña en el horario estelar de lunes, miércoles y viernes. Un dato a saber: cuando comenzó a transmitirse ese culebrón, bajaron las acciones de Las aguas mansas a tal punto que su guionista, Julio Jiménez, se vio obligado a simplificar soluciones.

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