 Los inventos de Sabala

IRAIDA CALZADILLA RODRIGUEZ
"NO ME acuerdo de muchas de las cosas que hago en el trabajo.
Lo mío es resolver problemas", eso dijo Ricardo Sabala Díaz, mecánico de enseres
menores en Club Varadero, cuando le pregunté sobre tanta cosa buena terminada a favor de
reparar equipos en esa instalación hotelera del Grupo Cubanacán y en administración con
la cadena jamaicana Superclub, en la Playa Azul.
Ricardo Sabala Díaz, Vanguardia Nacional del Sindicato de Trabajadores de la
Hotelería y el Turismo. Esta es la máquina de hielo frapé que volvió a la vida útil.
Me fue difícil entrevistarlo. El hombre se escurría tras la excusa
del trabajo, pero lo cierto es que, además de tanto empeño para hacer eficiente su
jornada laboral, también estaba una raigal modestia para hablar de sí mismo.
Pero luego, Sabala fue tomando confianza hasta ir recordando los
más de 10 aportes e innovaciones realizados en apenas unos años, que han contribuido a
un significativo ahorro y le valieron en 1997 merecer la condición de Vanguardia Nacional
del Sindicato de la Hotelería y el Turismo.
Para él, lo más novedoso fueron los quemadores de los container de
la mesa buffet. Son ocho y llevaban cada uno dos latas de alcohol en pasta que se
adquirían en el exterior a más de un dólar la unidad y téngase en cuenta que a diario
se utilizaban en ocasiones hasta 30.
Esas "laticas" costosas al sumar los egresos anuales, él
las eliminó dejando solo el quemador, al que le abrió el aire y la ranura de salida del
gas, obteniendo de tal forma más calor en la llama y mantener así la temperatura idónea
de los alimentos en el restaurante mayor del hotel.
Los resultados no se hicieron esperar, pues a la par que se mantiene
el mismo consumo de gas, se ahorran más de 8 000 dólares al año.
Otro problema que le dio dolores de cabeza a este obrero calificado
fue la máquina de hielo frapé, fuera de uso porque al motor se le quemó el centrífugo
acoplado al equipo. Después de resolver la situación, todavía Sabala se pasa la mano
por la frente recordando el trabajo que le dio diseñar uno: "De lo contrario, había
que comprarlo en Canadá".
Hace poco más de un año, las guías protectoras de la máquina
sobadora de la masa del pan empezaron a "dar bateo". Primero las hizo de
acrílico, pero el resultado fue pobre al romperse en unos meses. Ojo atento a cualquier
recurso disponible, este hombre "descubrió" las sillas de playa (tumbonas) en
desuso, las cuales iban a entregarse a materias primas. De ahí nació la idea y con ella
una solución que ya tiene más de doce meses de puesta en marcha.
Insisto en otros aportes, pero Sabala dice que ya es bastante con lo
dicho pues, a fin de cuentas, él no es imprescindible en el hotel y también merecen
reconocimiento todos sus compañeros de la Brigada de Mantenimiento, sin cuyo apoyo no
hubiera logrado estos pequeños éxitos.
Pero yo conozco de su empeño en la recuperación de las teteras de
las jugueras, cada una a un precio aproximado de siete dólares, y de la vuelta a la vida
de la cocina del comedor de los trabajadores que, tras la recopilación y adaptación de
diversas piezas, trajo un ahorro de más de 2 000 USD.
Ya al final de la entrevista y cuando solo faltaba la fotografía,
Ricardo Sabala Díaz estaba inquieto: "Es que hoy es mi día de descanso y la guagua
se va a las cinco". Menos mal que Rabassa fue rápido al tomar la instantánea y
justo a tiempo llegó el innovador para retornar un poco más temprano al hogar y los
apremios del cariño de la familia.
Hay quienes dicen que en el sector del turismo los recursos entran
por tuberías, como si la economía del país pudiera permitirse lujos de dilapidación.
Por eso es bueno conocer de ese esfuerzo de trabajadores como Sabala para lograr ahorros
en un hotel que ingresa anualmente alrededor de 12 500 000 dólares.
Es verdad que recursos económicos existen para garantizar una
oferta en los servicios como demanda esta industria altamente competitiva a nivel
internacional. Pero de ahí a la indiferencia... vale la pena reconsiderar apreciaciones
erróneas. |