 Cuba y su medio ambiente
El cocodrilo no está solo

PASTOR BATISTA VALDES
NO ES casual que por vez primera entidades de dos países
latinoamericanos (la Empresa Cubana de Flora y Fauna y la Universidad Juárez Autónoma de
Tabasco, México) den pasos para concertar un convenio a favor de la preservación de
especies de cocodrilos presentes en ambos territorios y con amenaza de extinguirse en la
región.
Los beneficios de las
investigaciones pueden trascender los territorios de los países del convenio
Cuba-México.
Preocupante es el descenso numérico de ese recurso natural vivo,
cuyo destino generalmente ha estado determinado por las posibilidades de naciones
desarrolladas, aun cuando esos reptiles predominan en el llamado tercer (y más
perjudicado) mundo.
La abundante presencia, sin embargo, del cocodrilo ACUTUS
(americano) en refugios naturales como el de Monte Cabaniguán y delta del río Cauto (en
las provincias de Las Tunas y Granma, en el oriente del archipiélago cubano), confirman
la factibilidad de emprender un proyecto, cuyos beneficios pueden ir más allá de Cuba,
México e incluso de América.
ALGO REAL Y MARAVILLOSO
Quizás en México algunos piensen que Beatriz Figueroa Ocaña
-profesora de la referida universidad y presidenta de la Sociedad para el Estudio y
Conservación del cocodrilo en ese país exagera al hablar constantemente de sus vivencias
en Cuba.
Las blancas arenas y los manglares son testigos de una abundante población
de huevos de esos reptiles endémicos.
Pero es que mientras Estados Unidos consideró a 1997 como un buen
año, al ubicar unos 60 nidos de cocodrilos ACUTUS (y otros como República Dominicana
cerraban con menos de 50) en las blancas arenas y manglares del oriente cubano la joven
bióloga azteca fue testigo de una plobación que en esta etapa se elevó a 250 nidos:
alrededor de 50 más que en los últimos años.
Pero 1998 es único no solo por ese nivel de nidificación, reitera
Roberto Rodríguez Soberón, jeje del Programa del cocodrilo en Cuba.
El índice de infertilidad -argumenta- que otras veces rondaba el 10
por ciento, se comporta ahora muy por debajo, las muertes embrionarias son mínimas
también, en tanto la supervicencia sigue en ascenso, favorecida por algo que, en opinión
de Beatriz, ha sido decisivo: el apasionado manejo por un pequeño grupo de hombres que
estudian, patrullan y protegen unas 9 000 hectáreas de terreno.
Tomando precisamente como patrón de referencia esas experiencias es
que avanza ya la parte activa del convenio, que además de la conservación de áreas
silvestres incluirá la capacitación y adiestramiento, mediante cursos especializados,
cursos abiertos y otras variantes.
ACUTUS: SOLO UN ESLABON
Es comprensible que cada vez más personas se interesen por esta
zona. Además de Beatriz y del también joven mexicano Alfredo Olvera (del Centro de
Investigaciones para la Conservación de Especies Amenazadas) estuvieron recientemente,
aquí periodistas de la CNN y profesores de la Universidad de Barcelona.
Y es que el ACUTUS es apenas un eslabón en la rica cadena de
valores que atesoran los más de 800 kilómetros cuadrados que abarca este refugio
natural.
Según estudiosos como el propio Soberón "las poblaciones
mayores de garzas en el país están aquí, es fácil hallar juntos a cientos de
pelícanos, abundan las iguanas, manatíes, flamencos rosados, sevillas..."
Incluso especies endémicas o exclusivas de Cuba (y bajo amenaza de
extinción no menos latente) viven aquí o llegan desde parajes cercanos para nidificar en
palmas y en otros autóctonos exponentes de la flora cubana.
Cateyes, tocororos, sijúes plataneros... no son un reto a la
memoria o referencia inerte en el vientre de un libro: revolotean y saltan pintorescamente
ante la mirada.
Un panorama, en fin, tan real y conmovedor que dudo permanezcan
impasibles ante su existencia ecologistas, científicos, amantes de la naturaleza e
instituciones de investigación. |