Diálogo y negociación,
preámbulo de la paz

ARSENIO RODRIGUEZ

ESPAÑA amaneció este fin de semana con un hálito de esperanza sobre la posibilidad de la paz en la autonomía vasca, que inevitablemente debe tener como preámbulo el diálogo y la negociación.

El cese indefinido de las acciones armadas, decretado la víspera por la organización nacionalista vasca (ETA), pudiera crear las condiciones para el inicio de un proceso encaminado a lograr el fin de los enfrentamientos que llevan ya más de tres décadas y un saldo de más de 800 muertos.

No resulta simple la solución a un problema tan sensible, donde ambas partes tienen una cantidad considerable de víctimas, y que requiere de una gran voluntad para satisfacer un mínimo de las condiciones que cada cual pueda plantearse en caso de haber negociaciones.

Las posiciones nacionalistas de los vascos datan del siglo XIX, desde las primeras guerras de sucesión carlistas, y la ley que les obligaba a pagar impuestos a Madrid y hacer el servicio militar bajo bandera española, hechos que iniciaron de forma intermitente sus aspiraciones independentistas.

Mucho más complicado, cuando la independencia de ese territorio iría en contra de la Constitución española, además de la implicación internacional provocada por el reclamo que hacen de territorios al sur de Francia. No debe olvidarse, además, de la cooperación antiterrorista entre estas dos naciones, que ha provocado numerosas detenciones en suelo galo.

La posición de ETA, dada a conocer mediante un largo comunicado donde se argumentan las razones para asumir tal actitud, ha provocado tantas reacciones como partidos y tendencias políticas existen en España.

En esta ocasión el cese el fuego es incondicional e ilimitado y precede a un acuerdo firmado días antes entre los partidos políticos nacionalistas, la llamada Declaración de Lizarra, entre ellos Herri Batasuna, y distintas fuerzas sociales.

La reacción del gobierno, de los partidos -nacionales y de las autonomías- tienen como común denominador la cautela y la prudencia, tal como señalaran primeramente altos personeros del gobierno español. Sin embargo, organizaciones nacionalistas vascas se mostraron eufóricas por la declaración de ETA, considerándola como una nueva etapa hacia la paz.

El hecho en sí constituye un gesto alentador para un conflicto interno en el país ibérico, donde un poco más de dos millones de vascos en España se ven involucrados.