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Un tesoro pictórico cubano en La Plata, Argentina

Once piezas de maestros cubanos de la vanguardia forman parte de la colección del Museo de Bellas Artes Bonaerense desde 1946. ¿Cómo llegaron allí las obras?

Toni Piñera

No es un rico botín encontrado en las profundidades del mar ni un hallazgo arqueológico, pero se le asemeja. La pintura cubana es también noticia... por el mundo. En Argentina, hay un pequeño "tesoro" de la plástica cubana, escoltado tras las paredes del Museo de Bellas Artes Bonaerense (La Plata).

Mujer rubia, tempera de Julio Girona (60,5 cm x 45 cm).

Nombres cumbres de la vanguardia como Amelia Peláez, René Portocarrero, Julio Girona, Mario Carreño, Cundo Bermúdez, Roberto Diago, Carlos Enríquez, Luis Martínez Pedro, Felipe Orlando, Fidelio Ponce y Mariano Rodríguez, plasmados en disímiles técnicas (acuarelas, temperas, carboncillo, tinta) sobre cartulinas, prestigian ese conjunto que guarda una historia peculiar.

Hacia 1946 llegó al entonces Museo Provincial de Bellas Artes de La Plata una exposición bajo el rubro de Salón de Pintores de Cuba, que se colgó en las paredes de la institución entre el 8 y el 31 de julio, según reza en el periódico El Día (9 de julio de 1946). Un total de 71 obras de los once pintores conformaron la importante muestra, cuyo curador fue el maestro José Gómez Sicre. Una gran fiesta constituyó la inauguración del Salón.

DATOS SOBRE EL HALLAZGO

El pintor cubano, residente en La Plata, Jorge Fernández Trevejo (La Habana, 1949), contó que un día "leyendo el catálogo de Carlos Enríquez, en ocasión de una retrospectiva en el Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana, conocí que había expuesto en la década de los 40 en esa ciudad, junto a otros 10 artistas".

Después de algunas investigaciones, quiso el azar que durante un simposio de computación viera reflejadas en la pantalla de uno de los ordenadores, algunas piezas de la colección del Museo de Bellas Artes Bonaerense. Entre ellas reconoció una de Carreño. Hablé con los especialistas y me dijeron que había otras pinturas de las cuales no se tenían datos, vi las obras y "¡eran los maestros de la vanguardia cubana!". Con la ayuda de la Embajada cubana en Buenos Aires comenzó la historia.

Mirando las bien conservadas obras, entre la nostalgia, las formas y los colores de antaño, se observa en cada artista la capacidad de tornar símbolo y metáfora poética al sentimiento de nación, el propósito de tejer una fábula visual con elementos, rincones y personajes característicos del ámbito provinciano circundante, universalizándolos por conducto de sus dimensiones imaginativas.

HABLA UN SOBREVIVIENTE

Julio Girona (Manzanillo, 1914), uno de los cuatro artistas aún vivos, junto con Mario Carreño -residente en Chile-, Felipe Orlando (México) y Cundo Bermúdez (Puerto Rico), comentó al conocer de la existencia de esas piezas en el Museo de Bellas Artes Bonaerense y al ver su tempera Mujer rubia en una fotografía, que "fue una de mis primeras mujeres... pintadas (risas); la hice en Brooklyn (Estados Unidos) en 1942, antes de partir hacia la Segunda Guerra Mundial. Es inventada, surgida de mi imaginación, con rasgos muy cercanos a Matisse".

Como nota de interés que aporta al hecho de saber cómo se quedaron allí esas piezas -hoy de incalculable valor artístico-, Girona comentó que demoraron mucho tiempo en pagarlas. "Cuando reclamamos el dinero por las pinturas, el peso argentino había bajado tanto que me dieron solo... ¡cinco dólares!"

CUBANIAS (52 AÑOS DESPUES)

Ahora, 52 años después de aquel Salón de Pintores de Cuba, regresarán al Museo de La Plata nuevas Cubanías, de la mano de 35 artistas de promociones que aparecen exponiendo públicamente sus obras en los años 60, 70, 80 y 90. Una muestra -auspiciada por el Museo de La Plata, la Embajada de Cuba en Argentina y el Consejo Nacional de las Artes Plásticas-, a la que se unirán los trabajos de los once maestros de la vanguardia de la pintura cubana, quienes conformaron, hace ya más de medio siglo, una avanzada "pictórica" que mostró en esa época lo que creaban en la Isla caribeña.

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