Historia de un cuartel que es Historia

PEDRO A. GARCIA

La idea de construir un presidio-cuartel en Santiago de Cuba la tuvo Miguel Tacón, capitán general español de 1834 a 1838, quien opinaba que el mejor lugar para un cubano era la cárcel. Pero no fue él, si no Carlos de Vargas, gobernador del Departamento Oriental, quien inició la ejecución de la obra en 1859.

Vista lateral del cuartel Reina Mercedes en 1900, durante la ocupación norteamericana.

Originalmente a la fortaleza se le llamó Nuevo Presidio y contaba con varias habitaciones en el sótano habilitadas como calabozos con capacidad para unos 200 detenidos. Tras el Grito de La Demajagua, cambiaron los planes de la España colonialista y el local devino albergue de tropas.

Se hicieron notables modificaciones para convertirlo en una imponente fortaleza. Como estas coincidieron con la restauración de los Borbones como monarquía en España, se le rebautizó Reina Mercedes, en honor a la esposa de Alfonso XII.

A partir de entonces tuvo el cuartel una triple función: como fortaleza militar, sanatorio de soldados españoles convalescientes y prisión para los independentistas cubanos, quienes eran encerrados en los húmedos calabozos del sótano.

GUILLERMON

Entre los mambises que sufrieron prisión en esos calabozos se encuentra Guillermón Moncada, encarcelado allí en 1893 y según la tradición popular, fue en las húmedas mazmorras donde se contagió del mal que pusiera fin a su vida, dos años después,

Moncada era veterano del 68, de Baraguá y de la Guerra Chiquita. Máximo Gómez había dicho de él en los inicios de la Guerra Grande: "Este Guillermón vale mucho, además de muy valiente, tiene dotes de mando y gran habilidad estratégica (...) Es un hombre que promete y si no lo matan, llegará muy alto".

No se equivocó el Generalísimo, pues de simple soldado fue ascendiendo hasta mayor general, combate a combate. En los planes de Martí, Gómez y Maceo, Moncada desempeñaba un papel fundamental y era el jefe de los complotados en las regiones de Santiago de Cuba y Guantánamo.

Enfermo de muerte, se lanzó a la manigua aquel 24 de Febrero pues sabía que su misión era encender la llama de la guerra y mantenerla viva hasta la llegada del Apóstol, el Generalísimo y el Titán. Cuatro días después del desembarco en Duaba, seis antes de Playitas, el general Moncada falleció, pero ya la guerra era un hecho en los campos de Oriente.

EL CUARTEL MONCADA

Con el fin de la dominación española y el advenimiento de la república neocolonial, se hacía imprescindible cambiar el nombre de la fortaleza. El general Saturnino Lora, héroe de Baire y uno de los más aguerridos subalternos de Guillermón, propuso denominarle Moncada al cuartel, como homenaje al prócer cubano.

Como aquella república, que se decía heredera del ideario martiano y era todo lo contrario, el cuartel desmerecería tan glorioso nombre. Devino centro de detención y torturas de revolucionarios en los diversos desgobiernos de turno. En los calabozos de la fortaleza, fue internado Antonio Guiteras en 1931 por su oposición a la tiranía de Machado.

Es precisamente en el machadato donde el cuartel adquiere la triste celebridad con que lo recuerda la Historia. Los detenidos eran sacados de noche de los calabozos para ser asesinados en lugares distantes de la fortaleza. Casi siempre se aparentaba una batalla ilógica entre los asesinados y las llamadas fuerzas del orden. Ni en eso siquiera Batista fue original.

El sargento devenido coronel se convirtió en el hombre fuerte de Cuba en 1934, cuando derrocó mediante un golpe de Estado al Gobierno de los 100 días. Casualmente, cuando él hablaba de la necesidad del reforzamiento del cuartel, el Moncada fue víctima de un extraño incendio. El Gobierno (es decir, Batista) concedió un crédito para la reconstrucción del Moncada. Tal como quería Batista, se erigieron anchos muros y garitas y la fortaleza se hizo aún más imponente.

Batista volvió a asaltar el poder en 1952, tras haber estado solo ocho años alejado del gobierno. Un grupo de jóvenes intentó encender la llama de la insurrección con la toma de los cuarteles Moncada y Céspedes (Bayamo), convencidos que solo mediante la lucha armada podía derrocarse la tiranía del ex sargento.

Los métodos del machadato volvieron a hacerse cotidianos: en los días posteriores al 26 de julio de 1953 fueron asesinados 55 jóvenes. Los crímenes se sucedieron y se multiplicaron durante un quinquenio más. Hasta el Primero de Enero de 1959.

GUILLERMON REDIMIDO

Con la Revolución, desapareció el siniestro cuartel. El 9 de enero de 1960, Fidel, operando personalmente un tractor, inició las obras de transformar la fortaleza en gigantesca escuela. Donde antes desfilaban los soldados que iban a matar jóvenes, se construyeron campos de béisbol, voleibol y baloncesto. Más de 100 grandes árboles y 4 500 arbustos se sembraron en los jardines del recinto. El 28 de enero de 1960, combatientes del Ejército Rebelde arriaron la enseña nacional de la fortaleza y se la entregaron a Raúl. Este, como titular del MINFAR, se la dio al entonces ministro de Educación, Armando Hart, quien a su vez la depositó en manos de un grupo de niños que la izaron en el asta de la nueva Ciudad Escolar 26 de Julio. De esa forma simbólica el antiguo cuartel quedaba convertido para siempre en escuela.

Desde entonces, sucesivas generaciones de cubanos han gozado del derecho a la educación en sus aulas, que han preparado prestigiosos profesionales; de sus campos deportivos han surgido atletas de fama; el centro, incluso, fue factor fundamental en la ciudad para el seguimiento de la campaña de alfabetización con la educación de adultos, al ofrecer a los obreros en horario nocturno la posibilidad de alcanzar el sexto y noveno grados.

En ese tiempo, la ciudad construyó su gran estadio de béisbol y los santiagueros, por unanimidad, le bautizaron Guillermón Moncada. Al cuartel, por motivos obvios, el pueblo nunca lo identificó con el prócer mambí; en cambio, a su estadio le llaman por su nombre, como a un ser querido.

 
 
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