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 La crisis asiática: ¿Qué está
sucediendo?

JESUS AISE SOTOLONGO
del Centro de Estudios de Asia y Oceanía
¿Se encuentra la economía
capitalista mundial al borde de uno de sus periódicos
colapsos? Esto es aún imprevisible. Pero de colapsar,
esta vez, como siempre, arrastrará las fuerzas
productivas hacia una destrucción sin precedentes.
Hasta el crack del 1929 al 1933,
las superproducciones de mercancías eran la gran causa.
En los años que siguieron a la "gran
depresión" y sobre todo ahora, en los finales del
siglo, se gesta, poco a poco y periódicamente, por las
superespeculaciones financieras; por el accionar de un
capital ficticio -actualmente llamado "virtual"
por las bondades de los sofisticadísimos canales de la
informática- que supera las necesidades del
desenvolvimiento del propio capitalismo que lo engendró.
Las monedas de "tigres y
dragones" fueron ahora las principales víctimas del
abultamiento desmesurado del capital especulativo y,
mientras se mantenga el estado de cosas actual, los
descalabros serán cruentos y devastadores. Y las bolsas,
emporio natural de apostadores, seguirán sufriendo
descapitalizaciones descomunales; es decir, ajustes para
restablecer, con la misma violencia ciega de las leyes
naturales, los profundísimos desequilibrios entre las
riquezas reales y las ficticias.
Carlos Marx, que en su monumental
obra crítica del capitalismo, "El Capital",
pudo poner claro que todo lo que facilita los negocios,
facilita también la especulación y que ambos, en muchos
casos, están tan íntimamente unidos, que resulta
difícil decir dónde acaban los negocios y dónde
empieza la especulación, hoy día hubiera encontrado
más que sobrados elementos de la realidad para
demostrar, con más fuerza aún, sus afirmaciones
científicas acerca de la relación indisoluble entre
estos dos engendros gemelares de la economía burguesa.
Aunque desde la crisis de 1825
-primera crisis económica general del capitalismo- ya
era observable con nitidez la fuerza destructora que
genera la separación entre el capital real y ficticio,
las grandes situaciones de crack de los últimos años y
sus efectos globales, como fue la explosión de la
burbuja financiera nipona, la crisis del peso mexicano y
la caída libre de las monedas y de los activos
financieros del Sudeste y Este de Asia, entre otros
eventos significativos aunque de menos resonante
informativa, les hubieran sido de mucha utilidad en sus
propósitos de seguir enriqueciendo sus conclusiones
acerca de la socialización del trabajo, la producción y
del capital; las contradicciones que este proceso
objetivo genera y el papel enmascarador de las grandes
verdades del capitalismo que juegan las formas
metamorfoseadas. Esta grandiosa y necesaria tarea les
corresponde a los marxistas de nuestros tiempos.
Técnicamente, con la crisis
asiática quedó demostrado, una vez más, que las
fuerzas que rigen el valor y el precio de las monedas
dependen de la situación de la economía nacional,
expresada en los cambios de los indicadores
macroeconómicos.
Demostró, además, que el descuido
irresponsable de las cifras, sobre todo de la balanza de
pagos y la extensión desmedida de los créditos privados
a corto plazo -variables que cuando más trastornadas,
hacen más vulnerables a los signos monetarios locales-
exaspera la codicia de los especuladores internacionales
de la estirpe de George Soros, convierten en cenizas al
trabajo creador de pueblos enteros y lanza al abismo la
capacidad productiva de la fuerza laboral.
Los acontecimientos de capitalismo
contemporáneo globalizado se están rigiendo, no por la
confianza sino por el pánico generalizado de empresarios
y tecnócratas de inversionistas y usureros, de
comerciantes y consumidores y virtualmente de gobiernos y
pueblos. Tailandia, Indonesia, Corea del Sur y hasta el
poderoso Japón, son casos típicos. No estamos lejos en
el tiempo de otros posibles escenarios en economías
potentes, entre ellas la estadounidense que podría ser
víctima de su propia "exuberancia irracional".
Los apostadores no distinguen tamaños ni poderes ante su
sed de ganar y ganar.
La crisis se ha extendido y
profundizado; su impacto se ha globalizado como el propio
proceso de reproducción del capital y surge a partir de
ello una interrogante que, sin pretender contestarla de
manera terminante, necesita respuestas urgentes.
¿Qué está sucediendo? La crisis
asiática representa la crisis de un modelo de desarrollo
-llamado "asiático"- o es del modelo
capitalista en general que, a pesar de las maniobras de
los oficiales de las finanzas y monedas, no puede
evadirse de estas soluciones violentas que restablecen
violentamente los desequilibrios rotos.
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