Irlanda del Norte

La paz en peligro

ARSENIO RODRIGUEZ

Los que pusimos en duda la solidez de los acuerdos de paz alcanzados en abril de este año en la convulsa Irlanda del Norte vemos confirmarse con pesar, ante los últimos acontecimientos, que no obstante las buenas intenciones una verdadera pacificación nunca fue alcanzada en ese territorio.

Los acuerdos de paz todavía requieren vigilancia armada.

La muerte de los niños Richard (10), Mark (9), y Jason Quinn (8), hijos de una madre católica y un padre protestante, fue la trágica culminación de la insistencia de los protestantes por realizar un desfile prohibido por las autoridades.

Horas después de los acontecimientos, los orangistas finalmente atravesaron el barrio católico, ante el silencio de sus residentes, que portaban globos negros en recuerdo de los infantes asesinados, y la constante búsqueda de bombas que habían sido anunciadas mediante anónimos.

Imágenes que deberían pasar al olvido luego de los tan cacareados e "históricos" acuerdos de paz, llenaron de temor y luto las calles de Irlanda del Norte. Soldados y policías fuertemente armados, barricadas, bombas incendiarias, balas de gomas, en fin, todo un escenario de la tan conocida violencia cotidiana.

Días antes, las agencias internacionales de prensa detallaban el incendio de varias iglesias y centros religiosos en diferentes puntos de la geografía norirlandesa.

Los causantes de los disturbios, en este caso, son miembros de la Orden de Orange, hermandad conservadora que dice contar con cerca de 80 000 seguidores y que, portando la bandera británica y cantando himnos unionistas, insistían en desfilar por barrios católicos.

La Comisión encargada de este tipo de actividades prohibió que los orangistas atravesaran el barrio de Portadown, a 50 kilómetros de Belfast, lo que provocó su ira, y que la región entrara en estado de alerta.

Cientos de unionistas intensifican el bloqueo a otro barrio católico, el de Dumcree, donde cerca de mil pasaron la noche frente al castillo de Hillsborough, residencia oficial de Mo Mowlan, ministra británica encargada de Irlanda del Norte, en abierto desafío al Reino Unido.

Como respuesta, el ejército británico se vio incrementado con el Regimiento de Paracaidistas y el Regimiento del Rey, dos agrupaciones armadas elites, que elevan a 30 000 los efectivos, entre soldados y policías, para tratar de mantener el orden en esta región.

El primer ministro británico, An-thony Blair, primero se reunió con dirigentes de la Orden, precisando que no era con el fin de revisar la prohibición decretada que impide las marchas, sino para lograr que sus miembros abandonen los métodos violentos para imponerse.

Poco después tuvo que condenar el crimen cometido por, hasta ahora, desconocidos, aunque diversas fuentes aseguran que la bomba incendiaria fue lanzada por unionistas de la Orden de Orange.

Los acuerdos de paz en Irlanda del Norte están en peligro y no precisamente por el chivo expiatorio de casi siempre, el Ejército Republicano Irlandés, que hasta el momento no se ha manifestado, sino por los propios unionistas.

La situación es tal, que una de las nuevas autoridades elegidas recientemente, al valorar la situación, había alertado a la prensa que, de continuar la violencia, nuevamente aparecerían los ataúdes.

Los tres primeros féretros, lamentablemente, llevarían a inocentes que murieron sin conocer siquiera las causas de la violencia en la tierra que los vio nacer.

 
 
| Home | Internacionales | Nacionales | Deportes | Cultura |E-mail |