La derrota de la Ofensiva de Verano del ejército de la tiranía
batistiana en agosto de 1958 fue considerada por Fidel una victoria estratégica al crear
condiciones políticas y militares para que la Comandancia General desarrollara los planes
de las futuras y decisivas acciones del Ejército Rebelde en marcha hacia el triunfo
definitivo.
Con este análisis se inició ayer la Conferencia científica sobre la ofensiva final
del Ejército Rebelde, organizada por el Instituto de Historia de Cuba y coauspiciada por
la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana y la Oficina de Asuntos
Históricos del Consejo de Estado.
Durante el encuentro -que finalizará hoy- han sido abordadas interesantes aristas
históricas, como los detalles sobre las maniobras diplomáticas francamente injerencistas
realizadas por el gobierno norteamericano en los últimos meses de la tiranía, con el
conocimiento del propio dictador Batista.
Sólo la clara visión del Comandante en Jefe fue capaz de desbaratar los planes
urdidos entre la embajada yanki en La Habana y el generalato batistiano, interesados en
una salida política que escamoteara el triunfo revolucionario. Fidel no aceptó las
componendas y declaró el paso a una arrolladora contraofensiva que en cinco meses -luego
de derrotar la ofensiva militar del régimen en agosto de 1958- alcanzó la victoria
final.
Durante los análisis del primer día de sesiones se destacó la erosión que sufrieron
las fuerzas políticas y militares que apoyaban la tiranía, al comprobar éstas la
impotencia del régimen frente al avance del Ejército Rebelde.
Acerca de los aspectos políticos de la última etapa de la guerra revolucionaria
trató la conferencia ofrecida por el doctor Pedro Alvarez Tabío, de la Oficina de
Asuntos Históricos del Consejo de Estado, mientras el investigador Luis Rosado Eiro, del
Instituto de Historia de Cuba, se refirió a la preparación y realización de la ofensiva
final de los rebeldes.
En la conferencia participaron Pedro Miret Prieto y José Ramón Fernández,
vicepresidentes del Consejo de Ministros; Jorge Risquet, Antonio Enrique Lussón y otros
destacados combatientes revolucionarios e investigadores.