Durante el reciente evento Biotecnología 98, junto a conferencias
de altos vuelos y a profundos intercambios científicos cargados de cifras y resultados,
vi algo que, en un primer momento, parecía fuera de lugar: libros para niños.
Me acerqué al stand de la
editorial Elfos Scientiae, del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología
(CIGB), para comprobar que tan inusuales obras de los doctores Rolando Pajón Feyt y
Manuel Raíces estaban en el sitio correcto y en el momento justo. Lo corroboré cuando
abrí uno de los cuatro libros expuestos y leí la nota introductoria: "Con este y
otros títulos, la editorial presenta a los niños la serie Mi Aventura dentro de
su nueva colección Elfos Scientiae para niños. Es el propósito de esta serie dar
los primeros pasos para propiciar un acercamiento de los escolares entre el cuarto y sexto
grados al mundo fantástico de las ciencias biológicas".
O sea, la editorial del CIGB tomó la decisión de producir obras destinadas a los
pequeños. Pero...¿para qué? ¿Por qué no dedicarse exclusivamente a materiales
especializados destinados a científicos?
El doctor Guillermo Padrón, editor ejecutivo de Elfos Scientiae, me respondió
de una manera sencilla, directa y hasta ocurrente.
-¿Y por qué no? ¿Acaso pertenece al bando de quienes piensan que la seriedad y
alcance de una editorial científica flaquean por dedicar obras a los más pequeños? Es
una necesidad de nuestra época explicar ciencia para todos los que no son científicos.
Los niños que hoy lean con deleite un libro de biología, escrito con imaginación y
veraz en su información, bien pueden ser mañana el relevo que encontrará vacunas
definitivas contra el SIDA o la cura del cáncer. Entonces... ¿no es válido -y hasta
necesario- dedicar talento, esfuerzo, tiempo y recursos de una editorial científica en
aras de ese futuro? Contribuir aunque sea con un grano de arena vale la pena, como diría
el profesor Calviño...
-De acuerdo. Pero le aclaro que no pertenezco al bando citado por usted, sino al
contrario. No obstante, comprenda que, en algunos momentos, debo "pinchar" a mis
interlocutores con una finalidad informativa. Por ejemplo, ahora mismo vuelvo a ser
abogado del diablo y le pregunto: ¿no es suficiente la enseñanza escolar para, además,
distraer recursos de una editorial científica hacia libros infantiles?
-Con semejante punto de vista podríamos borrar del mapa literario mundial a Julio
Verne; en su época también existían los textos escolares. Alguien hubiera podido
cuestionarse entonces la utilidad de ofrecer obras literarias donde la fantasía y la
ciencia se daban la mano si ya existía la escuela. ¿Hubiera sido justo tal parecer?...
-Algo peor, contraproducente. Coincido con usted y aprovecho para preguntarle cómo
captó a dos especialistas del CIGB en esa aventura juliovernesca de escribir de ciencia
para niños... y nada menos que en el área biotecnológica...
-En ambos casos no hubo necesidad de presiones, metas ni premios. Simplemente la
editorial pidió colaboración y aceptaron...
-Lo que me indica sensibilidad por el lado de esos científicos-escritores. A pesar de
que tan noble empeño literario no será evaluado ni reconocido a nivel científico...
-Son las reglas del juego en nuestro sector...
-Sinceramente las considero duras. No se trata de evaluar el conocimiento científico
de un especialista por obras para niños pero sí estimular y reconocer moralmente a los
científicos capaces de ser buenos en su profesión y, además, ofrecer algo tan
importante como enseñanzas y motivaciones a las generaciones del relevo...
-Quizás podría pensarse en algo como lo sugerido por usted. Por lo pronto, y sin
necesidad de tal palanca o motor impulsor, Elfos Scientiae transita ese camino...
-Camino por el cual no marchan solitarios. Otros especialistas, sin conocerlos a
ustedes directamente, han sentido la necesidad de popularizar la temática científica
desde ángulos diferentes.
-¡Interesante casualidad la de esos especialistas y la nuestra!...
-¿Casualidad... o manifestación de una necesidad en la sociedad cubana actual? Hace
mucho que un hombre tan agudo de pensamiento como Federico Engels señaló claramente que,
cuando hechos casuales semejantes se suceden, dejan de serlo y entonces la casualidad
es la forma en que se completa y manifiesta la necesidad...
-A la luz de esa idea bien pudiera estar ocurriendo algo similar en Cuba dentro del
campo de la divulgación científica...
-Por lo menos yo no lo dudo. ¿Qué otra cosa pensar cuando científicos desconocidos
entre sí, en diferentes partes del país y sin presiones institucionales o concursos, se
lanzan al ruedo de la literatura sin esperar siquiera reconocimientos académicos? Nada de
lo que escriban para los niños contará en sus evaluaciones profesionales pero sienten
una necesidad. Y esa necesidad se basa en causas poderosas aunque todavía invisibles o
simplemente inadvertidas que comienzan a manifestarse en la sociedad cubana a las puertas
de un nuevo milenio y de una colosal revolución científica y tecnológica.
-Nuestro Martí pidió en su momento "hablar de ciencia en lenguaje
sencillo" y se dolió al comprobar que era un gran bien que pocos hacían...
-... y escribió en La Edad de Oro sobre la galvanoplastia, las máquinas o las
edades geológicas de la Tierra... para niños... no olvidarlo...
-Martí es la raíz, la razón última para que una editorial científica como Elfos
Scientiae haya tomado la decisión de publicar obras sobre biotecnología para los
pequeños, aun en las condiciones más difíciles del país...
-Creo que la vida les dará la razón. Una editorial científica puede ser también
para niños.