Cuba-Nicaragua

Fuertes raíces para la
colaboración en la salud

ORLANDO ORAMAS LEON
Enviado especial de Granma

ju4-2.jpg (10876 bytes)Que la medicina cubana goza de gran prestigio en Nicaragua no es noticia, aunque se corrobora por estos días con la aceptación y demanda de nuestras brigadas distribuidas en seis puntos del país centroamericano, a raíz del huracán Mitch.

Pero si bien el símbolo del hospital de campaña con la bandera cubana al frente y el trabajo de nuestro personal médico ha tenido un certero impacto en el freno de epidemias, hay otras razones no menos válidas que constituyen antecedentes en la colaboración cubano-nicaragüense en el terreno de la salud pública.

No es extraño encontrar en cualquiera de los centros de salud y hospitales de esta nación a médicos y especialistas graduados en universidades de la mayor de las Antillas, especialmente en la década pasada, cuando mayor nivel alcanzó la cooperación bilateral. Otros tuvieron en facultades nicas a profesores antillanos, como ha ocurrido en universidades de León y Managua.

En aquella época, además, miles de nicas trataron sus dolencias en hospitales cubanos, cuando en los de aquí no podían encontrar solución. Muchos de ellos venían remitidos por galenos cubanos que daban servicios en sitios remotos, adonde nunca había llegado un médico.

Son estas razones que explican cómo el pueblo de Sandino y Rubén Darío está familiarizado con la medicina cubana y tal relación no se cortó tras la derrota del sandinismo y el ascenso al poder de fuerzas que en el plano político se declaraban adversarios ideológicos de la Revolución Cubana.

Así, desde el año 1992 se firmó entre los gobiernos de Cuba y Nicaragua el Convenio de Cooperación Médico-Técnico y Ayuda Humanitaria, el cual cuenta con el apoyo y aporte de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

En virtud de este acuerdo, expertos cubanos suplen la ausencia o carencia de personal especializado en Granada, Managua, Masaya, San Carlos, Puerto Cabezas y Bluefields, y en algunas de estas ciudades han sido pioneros de especialidades como patología, radioterapia, ortopedia, anestesia y otras. El convenio además establece vínculos de trabajo de instituciones nicas y cubanas, como el Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí y el Instituto de Inmunología y Hematología.

Tales contactos se vieron reforzados a raíz de la aparición del llamado Mal de Achuapa, extraña epidemia que cobró en noviembre de 1995 la vida de 48 personas, aunque cálculos extraoficiales sitúan en cerca de un centenar los fallecidos.

El trabajo mancomunado de expertos de Nicaragua, Cuba y Estados Unidos diagnosticó finalmente una forma de leptospira y aquella experiencia sirvió ahora cuando las aguas de Mitch contribuyeron a otro brote epidémico de esa enfermedad.

Premisas y antecedentes existen entonces entre los dos países y pueden viabilizar la participación de Nicaragua en el Programa Iberoamericano Integral de Salud para Centroamérica. En esta materia, a pesar de los esfuerzos nacionales, quedan muchas necesidades por cubrir.