Crudo análisis en Villa Clara

Una potencia azucarera en busca de la corona perdida

Juan Varela Pérez

SANTA CLARA.-A esta provincia la caracteriza e identifica el volumen de su producción azucarera, por la extensión del área cañera, sus 28 centrales y la eficiencia industrial que puede lograrse en el territorio.

Una tarea vital para el territorio es poner en proceso la tierra necesaria.

Justamente llamada la "reina azucarera del centro" Villa Clara llegó a estabilizar en el quinquenio 1986-90 zafras del millón o más de toneladas e incluso implantó récord nacional aún vigente.

Después, por la razones conocidas, vino el retroceso y en la campaña anterior, por ejemplo, quedó por debajo de las 400 000 toneladas.

La causa principal radica en la caída de la disponibilidad cañera en cuyo descenso influyen desde la falta de recursos e insumos básicos, hasta un trabajo agroindustrial inferior a las demandas de su potencial, aprovechado en 1997 solo al 42 por ciento.

Precisamente a partir de la cosecha precedente se puso en marcha aquí el conocido Programa-Millón que deja claro para cada unidad y complejo lo que debe avanzarse anualmente entre 1998-2002.

Este tenso calendario persigue el ordenamiento gradual de las cepas mediante una composición que tenga en cuenta edad y variedad. Pero lo fundamental es brindarles a los plantíos la atención que necesitan en tiempo y cumplir estrictamente la reposición de los campos de pobres rendimientos o lo que es igual, cumplir los planes de siembra y garantizar alta población por vía de la calidad.

El territorio consiguió en el estimado de junio un incremento (sobre lo real molido en la última cosecha) del 14 por ciento y ganancias en el rendimiento agrícola de 7 700 arrobas por caballería.

Ese aumento está influido por la caña quedada, o sea, las cepas nuevas que no se llevaron a corte y que ahora se procesarán con mejores condiciones.

Los villaclareños no han padecido la sequía grande de otras zonas del país, pero varios de sus centrales no son ajenos a la carencia de lluvia en el momento en que más los cañaverales lo reclamaban.

El plan de siembra del año es impresionante: 3 400 caballerías. De ellas se plantaron 1 578 entre enero y junio (de esas se perdieron 150) y 328 del actual programa de frío. El atraso mayor se localiza en el norte lo cual obliga a desplegar un colosal esfuerzo en la roturación en el Perucho Figueredo, Antonio Finalet y Emilio Córdova, para mencionar solo los casos más críticos.

El compromiso es poner toda la tierra en proceso antes de finalizar este mes en las unidades que tienen siembra en secano hasta el 30 de septiembre.

Para asegurar el crecimiento que el programa de Villa Clara señala es vital que cada unidad productora de caña cumpla el plan de frío allí donde la humedad le deje vía libre a la germinación. En casi toda la provincia se observa mejor atención a las plantaciones aunque el por ciento de germinación es, en su mayoría, menor que el real del año anterior. Esto presupone una ofensiva de punta a punta para concluir la resiembra, hoy muy deficiente sin lograr siquiera las 1 000 caballerías.

El desyerbe muestra, con sus 12 038 caballerías un favorable comportamiento pero, en cambio, la limpia manual registra atrasos, lo cual pesa mucho en que el 19 por ciento de los campos estén enyerbados. El panorama más delicado se localiza en los retoños con el 27 por ciento del área asediada por las malezas. Esas dificultades se agravan al cumplirse la aplicación de herbicidas por limitaciones con el producto.

Un consejo ampliado de la delegación del MINAZ se trasladó a unidades de base y desarrolló su análisis -muy crudo, por cierto- en pleno corazón del complejo Chiquitico Fabregat, un refinador de azúcar que no gasta petróleo. Se evaluó la situación de cada central y las medidas concretas que hagan a Villa Clara abandonar el décimo puesto que ocupa en el trabajo cañero nacional.

Duro tendrá que trabajar y muy organizadamente la otrora reina azucarera del centro para que pueda encontrar pronto la corona perdida.