 Después de la tormenta ¿la calma?
La mayor empresa productora de plátano fruta en el país se sacude
de los efectos de Georges

Ortelio González Martínez
Semidestruidas las plantaciones, pero no vencidos andan los hombres
de la Empresa de Cultivos Varios La Cuba, la mayor productora de plátano fruta en el
país.
Georges, ese demonio con nombre de ser humano, puso en posición
horizontal un millón 243 000 matas de plátano, el equivalente a 51 caballerías de las
76 que tenían en producción, o lo que es lo mismo: se perdieron 562 000 quintales. Si no
hizo más estragos fue porque las restantes caballerías eran de fomento, donde los
perjuicios fueron menores.

Así quedaron 51 caballerías en La Cuba. En total en la provincia fueron
derribadas más de 3 millones de matas de plátano.
Domingo Díaz, delegado de la Agricultura en la provincia, se
muestra optimista, aunque todavía le es difícil resignarse: "Desde que se inició
el período especial, ahora es cuando mejor estaban las plantaciones. Tendremos que
esperar nueve o 10 meses para recuperarnos".
A Carlos Blanco Sánchez, director de la empresa, de nada le valió
mirar al cielo para "alejar los malos presagios y las tormentas", según había
declarado a este reportero (periódico Granma del 12 de junio de 1998). Las premoniciones
de que cada 10 años los azota un fenómeno meteorológico, desafortunadamente, se
volvieron a cumplir.
Este ha sido un golpe demoledor a las pretensiones de los
trabajadores de llegar a los 840 000 quintales en el actual año e implantar récord de
producción en aras de mantenerse entre las mejores empresas de cultivos varios del país.
Y es que La Cuba es uno de los mejores ejemplos de eficiencia entre
todas las entidades de la Agricultura en la nación, ha dicho en reiteradas ocasiones
Alfredo Jordán Morales, ministro del sector.
Hasta los días del ciclón superaba los 100 000 pesos de ganancia
y, según cálculos, al finalizar 1998 sobrepasaría los dos millones, como resultado del
incremento de las producciones para fin de año. Y todo con el 60 por ciento menos de los
recursos empleados en épocas anteriores.
Pero conocedores de que el trabajo es decisivo para resarcir los
daños en el más breve tiempo, a unos pocos días del paso del Georges todo el plátano
apto para el consumo (más de 20 000 quintales) fue destinado a la población y, de
inmediato, comenzaron la rehabilitación y las labores de drenaje para sacar el agua de
las zonas bajas, donde permanecen inundadas unas 20 caballerías, plantaciones que
también están condenadas a morir y, por ende, se sumarán a las 51 devastadas.
También continúan las labores en la electrificación de las
estaciones de bombeo y en los centros de beneficios, afectados en menor cuantía. "En
este caso, después de la tormenta no puede venir la calma", me dijo Santiago
Alarcón Menéndez, uno de los hombres que están vinculados al área quien, según
manifestó, mientras Georges rugía, él tomaba pastillas contra el dolor de cabeza.
El director explicó que acelerar la preparación de tierra para
fomentar nuevas áreas bananeras, y de hortalizas y vegetales, al tiempo que se apura el
alistamiento para la siembra temprana de 20 caballerías de papa, con el objetivo de
adelantar la cosecha para enero.
"Menos mal que teníamos la producción asegurada -afirma con
las manos en la frente- si no, ahora hubiéramos tenido que recurrir a los créditos
bancarios y entonces las deudas fueran... ¡Uff! Este año abonamos unos 400 000 pesos al
Seguro y ya recibimos 886 300 por los daños, y todavía deben pagarnos los gastos por
concepto de rehabilitación de las áreas."
Antes de abandonar Georges el territorio nacional -precisamente, por
la provincia de Ciego de Avila- dejó maltrecha a la agricultura. Directivos del sector
aquí confirmaron que las pérdidas rondan los 15 millones de pesos y lo más importante
es que, según cálculos, más de un millón 256 000 quintales de viandas y hortalizas
destinados a la alimentación no podrán ser aprovechados.
Es un duro golpe, más cuando de las llanuras avileñas sale parte
de los productos agrícolas que consumen provincias como Ciudad de La Habana y Santiago de
Cuba.
De hecho, no hay tiempo para lamentos. La Cuba volverá a ser La
Cuba. Los trabajadores, acostumbrados a bregar al abrigo de las contingencias, lo
aseguran. |