Aracelio Iglesias

El alma obrera del puerto

PEDRO A. GARCIA

Lo mataron por la espalda. Antes habían tratado de sobornarlo de diversas maneras, pero nada lograron. Despojaron al sindicato de los portuarios de sus locales legítimos y él lo siguió dirigiendo desde cualquier local, pues tenía lo necesario: el apoyo de la masa obrera. Recurrieron entonces a los matones a sueldo, quienes entraron silenciosos en la sede sindical de los estibadores y braceros, unos minutos antes del mediodía.


En una reunión obrera, durante los años más duros de lucha contra el sindicalismo amarillo.

Al ser conducido hacia la Casa de Socorros del Muelle de Luz, con cuatro balazos en el cuerpo, declaró: "Por si acaso muero, escriban ahí que pude ver a los que me tiraron", y los señaló por sus nombres. "No me dieron tiempo a nada", se quejó antes de perder el conocimiento.

Ese mismo día, en su hora dominical de radio, Eduardo Chibás calificó la agresión de "odiosa y miserable, asesinato en frío" y refutó "la campaña de propaganda que a través de públicas declaraciones vienen haciendo figuras destacadas del gobierno para restarle importancia al crimen".

Aracelio Iglesias murió en la madrugada del lunes 18 de octubre de 1948. Según me contara un viejo portuario, "Lázaro Peña vino a darnos la noticia de su muerte y los patronos abrieron los micrófonos llamando a los obreros al trabajo, para evitar que lo escucháramos, pero nadie hizo caso del llamado".

VISION DE FUTURO

Había nacido en Consolación del Sur, Pinar del Río, en 1901 y como muchos de sus coetáneos, se trasladó a La Habana en busca de mejores opciones de trabajo. Solo encontró empleo en el puerto; allí se hizo comunista. En 1934, durante la tiranía de Batista-Caffery-Mendieta, fue condenado a tres años de prisión.

Sus propios compañeros lo eligieron para el más alto cargo del sindicato en 1940. "Era el alma obrera del puerto", solían decir los viejos portuarios: "Lo asombroso de Aracelio era su facilidad para discutir. Razonaba con argumentos sólidos y con la verdad por delante desenmascaraba a los patronos. No apelaba a la violencia, sino al análisis riguroso de cada situación. Verlo actuar era como asistir a una lección cotidiana".

Según aseguran estos obreros, muchas medidas de seguridad social arrancó de los patronos para beneficio de los portuarios de La Habana: el pago de mil pesos a la viuda y el hijo del trabajador que falleciera, las gestiones del sindicato para agilizar la pensión. Cuando murió, ya tenía la idea de incorporar mujeres a toda una serie de labores en el puerto, existían igualas con algunos médicos y una escuela. "Aracelio era un hombre con visión de futuro", afirman.

"Un negro alto y delgado", me lo describen. "Muy mal hablado", ríen; y en seguida, agregan: "pero con los patronos. Con nosotros era alegre y fraternal". Dicen que él y Carlos Prío se conocían desde los años 30, cuando este último era un estudiante rebelde contra la injusticia; pero en 1946, Ministro del Gobierno, ya había perdido sus impulsos juveniles.

En medio de una discusión sobre mejoras salariales en la que los portuarios y su líder no transigían, Prío le dijo: "Ven acá, ¿tú te crees que eres el dueño de los muelles o qué?", a lo que Aracelio le replicó: "¿Y tú te crees que eres el dueño de Cuba o qué carajo?".

En una ocasión, cuenta la tradición oral, Aracelio denunció al mismísimo jefe de la policía marítima. El Jefe de la Marina de Guerra citó al líder obrero para que ratificara su denuncia en el crucero Cuba, lo que representaba una obvia amenaza. Pues a la nave de guerra fue a ratificar la denuncia -afirman los viejos portuarios-, y metió su escándalo y todo.

EL CRIMEN

El año de 1948 empezó con malos augurios: en su primer mes, habían asesinado por la espalda a Jesús Menéndez; luego también caerían otros líderes obreros: Héctor Cabrera, tranviario; Miguel Fernández Roig, tabacalero. En abril, matones del Gobierno habían asaltado los locales sindicales del puerto.

El 10 de octubre de ese año ascendía al poder el recién electo presidente Carlos Prío, quien enarbolaba demagógicamente la bandera de la "cordialidad" entre cubanos. "Si es verdad lo que dice, que se propone respetar y cumplir la Constitución y las leyes, va a tener que demostrarlo sin evasivas", dijo Aracelio.

El estrenado presidente Prío anunció que su Ministro del Trabajo se entrevistaría con los obreros. "Vamos a explicarle al Ministro las arbitrariedades cometidas, al imponernos dirigentes oficiales en las organizaciones marítimas y portuarias, al atropellar las disposiciones legales", declaró el líder sindical.

A la semana justa de instaurarse el priato, Aracelio se encontraba en el sindicato de estibadores y braceros. Sentado de espaldas a la puerta, charlaba con unos obreros. Cuatro matones del gobierno, pistola en mano, entraron silenciosos al local...

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