Día Internacional de la Alimentación

800 millones quedaron fuera
de la celebración

ARSENIO RODRÍGUEZ

La cifra seguramente es mayor, pero si nos atenemos a la que oficialmente está reconocida, 800 millones de personas quedaron excluidas de la conmemoración ayer, Día Internacional de la Alimentación, por la sencilla razón de estar considerados entre los hambrientos del planeta.

Sin embargo, tal y como lo plantea el Informe sobre Desarrollo Humano 1998, preparado por encargo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), "el consumo mundial de bienes y servicios superará la suma de 34 billones de dólares este año".

¿Cómo explicar entonces que existan tantos hambrientos? La respuesta está dada en que 86 % del consumo mundial actual corresponde únicamente al 20 % de los habitantes del planeta.

En la presentación del Informe citado, no sólo se habla de las diferencias existentes entre ricos y pobres, sino que la tendencia es a incrementarse.

Para agregar que, según los expertos, continúa "la grosera desigualdad de oportunidades de consumo, excluyendo a más de mil millones de personas que no logran satisfacer ni siquiera sus necesidades básicas de consumo".

A pesar de los esfuerzos de las agencias especializadas de las Naciones Unidas por sensibilizar sobre el asunto a gobiernos e instituciones internacionales, el problema no solo existe, sino que se agrava cada vez más.

De los 4 400 millones de habitantes de países en desarrollo, se precisa que casi tres quintos viven en comunidades sin saneamiento básico, casi un tercio carece de agua potable limpia, un cuarto no tiene vivienda adecuada y un quinto vive fuera del alcance de los servicios de salud.

Pero sucede que, además de hambrientos, esos 800 millones de personas seguramente ni siquiera se enteraron de la fecha, o porque no saben leer, o por no poseer ni siquiera un simple radio, en un planeta donde el mundo conoce cada día nuevos y más sofisticados sistemas de comunicación.

Pero para "tranquilidad" de pobres y hambrientos, incluso aquellos que residen en países ricos, ayer mismo se reunieron en Washington personalidades del mundo entero para conmemorar el día, y en el documento final precisan "que en el umbral del nuevo milenio, soñamos con un mañana sin hambre".

Soñar es válido, pero no mitiga la hambruna y de no encontrarse soluciones efectivas para éste y otros males, la existencia de millones de personas, a pesar de las buenas intenciones, seguirá siendo una pesadilla.