| NACIONALES |
ABRECARTAS
A cargo de GUILLERMO CABRERA ALVAREZ
Soy impedida física con un defecto tan visible que no pasa inadvertido para nadie. Soy inválida de un brazo, con una inflamación tan exagerada del brazo y de la mano que no hay forma de ocultarla.
Por razones personales tengo que viajar todos los días. No sé si por mala suerte, pero rara vez no confronto problemas con algún pasajero por el asiento de impedido físico, así como con algunos conductores que no quieren entender que no puedo pasar a la parte trasera del ómnibus.
En una 160, la conductora fue tan impertinente que, para no seguir discutiendo, decidí pasar para atrás. Como era de suponer mi brazo se trabó en el torniquete ante mi imposibilidad de levantarlo. Para destrabarlo tuve que golpear con la otra mano el hierro. Esa conductora jamás supo las consecuencias de su falta de comprensión.
En días pasados, en una ruta 87, tuve la misma mala experiencia. El asiento de impedidos estaba ocupado por un anciano al cual no quise molestar por su avanzada edad. La conductora decidió que debía pasar atrás y ante mis negativas y después de algunas palabras, me dijo que la próxima vez, cuando el asiento estuviera ocupado, no me dejaría subir.
Estas palabras me preocupan. Es la tercera ocasión que oigo lo mismo. Las dos anteriores fueron en la ruta 13 y por conductores distintos. Si cumplen esta amenaza arbitraria seríamos perjudicados, porque ese asiento siempre viene ocupado y no precisamente por uno de nosotros.
Como miembro de la ACLIFIM pienso que este tema debe ser discutido con los trabajadores de las distintas terminales, sensibilizarlos. En transporte existen muy buenos compañeros, pero también un grupo sobre los que no habría nada bueno que decir. Los impedidos no necesitamos de la lástima ni de la compasión de nadie, sencillamente, exigimos respeto y consideración como seres humanos que somos. (Gladys Ramírez Gómez, Los Pinos, Ciudad de La Habana)
Se hace imprescindible que usted nos aporte más datos para localizar a estas personas que varían el precepto griego: "mente enferma en cuerpo sano". Soy partidario de publicar sus nombres y apellidos para que sus familiares y amigos conozcan cómo actúan.
Nuestra sociedad -como suele decirse- se ocupa y preocupa de todos sus ciudadanos y no por lástima ni compasión, sino como un deber social ineludible. Vemos cada día cómo se eliminan las barreras arquitectónicas, con pequeñas rampas en las aceras, o en las escaleras de acceso a los consultorios del médico de familia y otros lugares públicos; la habilitación de asientos en los ómnibus para nuestros compatriotas con dificultades o mujeres embarazadas; las facilidades en las colas y otras pequeñas cosas que les alivian en algo sus limitaciones físicas.
He visto también excelentes spot televisivos que nos sensibilizan y alertan sobre la necesaria y elemental solidaridad hacia ustedes.
Pienso que debemos sumar a esta campaña (no me gusta el vocablo porque me evoca algo pasajero y esta acción debe ser constante), el trabajo con las "barreras humanas", que estos conductores no son otra cosa que eso.
Luchemos pues por erradicar las barreras arquitectónicas y las barreras humanas, porque estas últimas obstaculizan más que las primeras.
Escríbanos:
Sección Abrecartas
Periódico Granma
CP 10688 Habana 6