NACIONALES

Reclutas de 1964

Abrazo después
de 30 años


LAZARO MUJICA GARCIA

LA VOZ del teniente Isaac retumbó con fuerza y jovialidad del otro lado del teléfono.

Hacía 30 años no la escuchaba, pero me resultó familiar, conocida desde el primer instante. Era, además, portadora de una singular orden militar: me convocaba a una reunión de reencuentro entre los reclutas que, como parte del primer llamado del Servicio Militar General, integramos la Unidad Militar 3370, en 1964.

La Unidad 3370 era la que garantizaba, en aquella época, las comunicaciones de retaguardia de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Por lo temprano de la fecha, nos tocaron tareas muy duras en el Servicio Militar, y también, jefes severos, muchos de ellos oficiales del Ejército Rebelde para quienes no había misión difícil. Tenían cercanas, además, las luchas de la Sierra, de Girón y de la Crisis de Octubre, y querían hacer de aquellos "pepillos de ciudad", veteranos combatientes.

Después de los detalles organizativos llegó la fecha. Un grupo de hombres, ya con "la media rueda", nos saludamos con euforia. Quizás por esa costumbre de los seres humanos de mirarnos todos los días en el espejo, no vemos lo implacable del paso de los años. Entonces, hay que recurrir a la mentira piadosa de: "Estás igualito". Ese fue el primer saludo, junto al abrazo múltiple.

Las primeras palabras estuvieron a cargo de nuestro entrañable jefe. El recio oficial es hoy un hombre de la tercera edad que conserva, a los 72 años, la energía de quien prestó importantes servicios a la Patria en la lucha revolucionaria y las Fuerzas Armadas. No pudo terminar su intervención, las lágrimas y la emoción se lo impidieron.

Para mí resultó suficiente. Creo fue igual para todos. Al cabo de 30 años de terminado nuestro compromiso, el hombre nos agradecía que estuviéramos allí, que fuéramos patriotas, revolucionarios, gente de bien, trabajadores. El había estudiado la composición del grupo, qué hacía cada uno. Nos tenía "tarjeteados", como se dice en buen cubano.

El "pase de lista" nos conmovió. Era natural, ningún revolucionario se da cuenta de la obra con la que contribuyó, hasta que un día el tiempo la pone delante de los ojos de un solo golpe.

Allí había dirigentes del Partido, cuadros de las FAR, artistas, macheteros, combatientes internacionalistas, eminentes técnicos, obreros destacados, profesionales y hasta un Héroe del Trabajo de la República de Cuba.

Los periodistas casi siempre preferimos escribir antes que hablar. Por eso utilizo este espacio para hacer mi propia reflexión. Somos nosotros los que debemos agradecer a la Revolución que nos ha dado todas las oportunidades, a las Fuerzas Armadas, convertidas en fragua de hombres desde aquel primer llamado, hasta hoy. Y a jefes como Radamés Reyes Romero, Héctor Almanza y otros oficiales, quienes nos curtieron e inculcaron desde muchachos el sentido de la responsabilidad, el valor del sacrificio y el deber ante la Patria.

A nosotros nos tocó construir unidades, crear condiciones y asegurar la base material. Fue una tarea dura, pero en todas las caras de aquellos cincuentones percibí el orgullo cuando decían: fuimos de los primeros.


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