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Sudcorea
Difícil encrucijada
ARNALDO MUSA
AUN DESDE antes de asumir oficialmente la presidencia, Kim Dae Jung ha buscado insistentemente el apoyo de los círculos políticos y económicos que lo llevaron al poder, a fin de que continúen ayudándole a enfrentar la crítica situación monetaria y financiera que envuelve a Corea del Sur.
A diferencia de otros países de la región perjudicados por la crisis, en el caso sudcoreano, las dificultades presentes asumen un carácter más estructural, como resultado de los problemas acumulados en el pasado.
En una primera etapa de desarrollo allí hubo resultados con la política de sustitución de importaciones. Luego, en 1971, Park Chung Hee llegó al poder mediante un golpe de Estado, en los momentos en que EE.UU. "recomendaba" eliminar tal política, a fin de aprovechar los elementos de bajo costo productivo como mano de obra, instalaciones, agua, electricidad.
El modelo sudcoreano resultó ser muy selectivo desde el punto de vista del desarrollo industrial y aplicó un alto grado de planificación, aprovechando factores como el nacionalismo y la ayuda norteamericana. Profundizó el despegue industrial, sin abandonar el sector agrícola.
En una posterior etapa tiende a fortalecer la industria pesada y la química, y aunque estos sectores no crecieron a los niveles esperados, se logró crear las bases para el salto de los 80, en el que surgen las grandes corporaciones industriales o chaebols (cheból), que fueron alguna vez pequeñas, pero recibieron grandes beneficios de los políticos.
Uno de los elementos más sensibles en el caso sudcoreano, es la vulnerabilidad a los préstamos de Estados Unidos y Japón y que el ahorro interno tiene un papel secundario. En este sentido, acumuló una deuda externa que en su momento (1979) fue la cuarta en el mundo, de 40 000 millones de dólares, y ahora se eleva a 160 000 millones.
Esta dependencia generó un segundo problema serio: los industriales sudcoreanos no invirtieron lo necesario en el desarrollo tecnológico durante mucho tiempo, porque tenían condiciones relativamente favorables en cuanto a la entrada de tecnología, que aplicaban a su economía sin elevados costos.
Con el tiempo, los costos de producción aumentaron, se encareció el nivel de vida; los salarios también aumentaron, fundamentalmente porque la mano de obra se especializó.
Ante esa situación, las empresas sudcoreanas invirtieron en otros países del sudeste asiático, pero esta salida no implicó un desarrollo tecnológico, por lo cual no podía competir con otras economías más avanzadas en varios aspectos, no sólo con EE.UU., y Japón, sino también con China y Malasia.
Hay que señalar otro ejemplo: la caída de los precios de los semiconductores ("chips") golpeó fuertemente a Sudcorea, que no pudo abaratar su producción. La pérdida de competitividad en este importantísimo renglón de exportación contribuyó en buena medida al estallido de la crisis en 1995.
Con Kim Yong Sam, el primer presidente no militar que asumió el poder, pareció que se iba a desregular la economía, ponerle coto al crecimiento de los chaebols y estimular a las pequeñas y medianas empresas y las inversiones extranjeras, que eran, y son, mínimas. Pero no lo hizo, al tiempo que la corrupción bajo su mandato hizo historia.
Ante la situación actual, los empresarios sudcoreanos reclaman un "ajuste" de las condiciones económicas, que implican imprevisibles consecuencias sociales y políticas.
Cierto que a Estados Unidos le preocupa la inestabilidad, porque, además de las razones económicas, tiene allí una fuerza militar de 40 000 hombres. Sin embargo, se sabe que las medidas del Fondo Monetario Internacional no se apartarán de sus exigencias habituales: disminución de los gastos y del personal del Estado; contabilidad fiable, mayor desregulación de la economía, que implica mayores inversiones extranjeras en las empresas (hasta aquí dominio tradicional de los capitales sudcoreanos); condiciones de facilidad a esos inversionistas, quitar amarres a las tasas de interés (se moverían de acuerdo a la oferta y la demanda), eliminar los límites a las inversiones extranjeras en los valores coreanos a partir de abril.
O sea, sólo cumpliendo con los anteriores parámetros, es que Corea del Sur podría acceder al financiamiento de 58 600 millones de dólares acordado bajo los auspicios del FMI.
Algunos especialistas señalan que Sudcorea podría salir de la crisis financiera -que tuvo su momento más duro el 2 de noviembre último, con la debacle monetaria y la caída de la Bolsa-, pero los recortes financieros (sin préstamos a las empresas no pueden exportar o importar o pagar sus deudas) avizoran despidos y cierre de inmuebles, lo cual afectará al sector productivo.
Los elementos más negativos en el plano social se revelan en la posibilidad de que se elimine la más importante conquista obrera, que es el llamado empleo vitalicio.
Mientras tanto, prevalece la incógnita sobre la posición que asumirá el poderoso sector castrense, caracterizado hasta ahora por su vocación represiva y de poder, al que Kim Dae Jung trata constantemente de cortejar y tranquilizar.