CULTURALES

Silvio, Rey Guerra, los textos y las cuerdas

Antología mínima


Jorge Ignacio Perez

¿Sería contable, fácilmente, el cancionero de Silvio Rodríguez, ese trovador que además de fértil ha sido uno de los poetas cubanos más reproducidos verbalmente en los últimos veinte años? Varias generaciones -la suya misma, y hasta las más recientes, las que crecieron cuando ya estaba hecho el grueso de tal repertorio- lo siguen en busca de una canción.

Quizá porque el autor esté consciente de la influencia de sus contenidos, de la entrega que existe en ellos, pida desde hace mucho tiempo un máximo posible de comprensión, digamos, a su estilo. Su giro es el de un comunicador, convencido de las magníficas posibilidades de la guitarra para lograr un clima de intimidad aparente, un tránsito seguro, como los antiguos rapsodas: ¿cuántas personas lo escucharon en directo este último viernes? Cerca de 5 mil. Allí mismo, en el teatro Karl Marx, lo dijo sin querer: "sospecho que hoy empiezo a ser canción".

Es por ello que el hecho comunicativo, cuando se trata de una vasta obra, presenta a veces las ventajas del asombro ante lo nuevo, o mejor dicho, ante la confusión entre lo nuevo y lo viejo renovado. Silvio sabe -tiene de dónde escoger- armar un programa embarazoso para los que gustan de identificar títulos y sus contextos epocales: esta vez se paseó, grosso modo, entre la vieja trova (Quien tiene viejo el corazón y Tu sonrisa ha cambiado) un Sueño valseado, una farsa en cuatro actos (Los cazabrujas deudores), un tema mítico en las peñas, Mariposa y un clásico Ojalá que siempre suscita el coro. El trovador también allí lo dijo: "Hay locuras...".

A tono con cierta usanza de esta época que regresa, por cansancio de lo otro, al sonido acústico, Silvio se hizo acompañar de una segunda guitarra. Su elección -él sabe escoger- recayó en Rey Guerra, virtuoso instrumentista que ganara el segundo premio del Concurso Internacional de Guitarra de La Habana en 1982. Se dio el caso, nuevos arreglos mediante, de un doble protagonismo: el de los textos y el de las cuerdas.

Sí, como se anunció previamente, el pretexto del concierto fue "calentar el brazo" con vistas a una serie de presentaciones que el trovador ofrecerá en México, enhorabuena. Los asistentes, y el tiempo en su rol de la buena memoria, salieron ganando.


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