DEPORTES

Para ganar ¡dos medallas de oro!


OSCAR SANCHEZ

EL RESULTADO deportivo depende tanto del desarrollo de las capacidades motrices como del intelecto del atleta. Cada vez es más decisivo el mundo cognoscitivo del que pretende ser campeón.

Por ese universo transita el trabajo educativo y el político-ideológico, a veces con tendencia al rechazo por falta de iniciativas, o lo que es aún peor, por carencia de explicaciones.

El joven, sea o no deportista, demanda información y requiere de fundamentaciones. En el deporte a nivel mundial, se vive una época en la que nada parece posible sin los vocablos profesionalismo y comercialización exagerada.

Tenemos escuelas deportivas en todos los niveles, desde la enseñanza primaria hasta la superior. Ese es un "privilegio" en este final de siglo, pero sería saco roto si no se incentiva el mundo interior del deportista. Entre otras cosas, porque se ha llegado a un punto tal de desarrollo en el que se hace vital la interpretación de lo que se aprende. Las grandes actuaciones comienzan a exigir proporcionalidad entre el nivel intelectual y el deportivo, y en la medida que esa proporción sea más directa, las posibilidades humanas seguirán batiendo marcas insospechadas.

Desde una clase de matemáticas, física, ciencias biológicas o de idiomas, el que aspira a ser un buen atleta debe recibir accesorios imprescindibles para su carrera. El que ofrece el magisterio entonces, tiene que ser capaz de ilustrarle la importancia de lo que imparte.

Todavía más lamentable es "herir" la historia, que como dijera el Barón Pierre de Coubertín, restaurador de los Juegos Olímpicos en la era moderna, "sin ella nada es comparable ni explicable". Y es justamente en ella donde debe descansar la formación de valores de nuestros deportistas, además de convertirla en puerta del universo de conocimientos... Preñada está de hazañas la historia del movimiento deportivo cubano.

Es penoso que los talentos se queden sin respuestas ante preguntas como ¿en qué año Juantorena ganó dos medallas de oro olímpicas?

Sin embargo, ahí están Juantorena y otros héroes. ¿Cuándo han sido invitados a algunas de las asambleas mensuales educativas? Que él narre sus vivencias de aquel julio de 1976, o que el judoca Héctor Rodríguez (en ese mismo año) cuente su triunfo con dos costillas rotas, o que María C. Colón relate cómo se hizo campeona en Moscú-80, sin apenas poder caminar el día antes. Tales hechos motivarían ese espacio con una forma amena de educar y de afianzar e ilustrar ideas, y al mismo tiempo el formato iría perdiendo la rigidez que suele tener en algunos recintos escolares-deportivos.

El problema, desde luego, no puede reducirse al aula, tiene que abarcar toda la vida del deportista. Por ejemplo, de muy sugerente se presenta la opción de visitar el recién inaugurado centro de INDERED, una red automatizada en la cual de manera amena el ciberespacio muestra el amplio mundo del deporte.

Pero hay figuras insustituibles, por demás responsables de ese desarrollo: el entrenador, los profesores docentes y la familia, deben trasmitir no solo el ánimo para alcanzar un récord, sino también la necesidad del conocimiento.

No se puede olvidar que el deportista es un hombre que se está formando, y necesita herramientas. Mientras más uso haga de ellas sus resultados se multiplicarán y, al propio tiempo, la sociedad también ganará no solo medallas, sino un joven o un hombre más preparado para la vida.


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